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Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego, Romanos 1:16.

INTRODUCCIÓN

Existe una lucha despiadada  en contra de la verdad, de la Palabra de Dios, de los hijos de Dios y de la Iglesia. Una lucha liderada por uno, a quien Jesucristo no dudó en calificar como homicida.  Su nombre es Satanás. Y el utilizará todas las armas a su disposición para emprender sus malignos propósitos.
Si hay algo que estimula las perversas motivaciones de Satanás es su profundo deseo de opacar, desmentir, cuestionar y poner en duda la Palabra de Dios. Desde los mismos inicios de la humanidad ha utilizado todo tipo de estrategias, con el fin de oscurecer la Palabra de Dios.
En 2° Corintios 4:3-4 Pablo nos muestra ese patrón satánico cuando escribe: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo”.
Hoy vamos a examinar tres estrategias que él utiliza para oscurecer el poder de la Palabra de Dios.

LA ESTRATEGIA DE LA BURLA Y LA RIDICULIZACIÓN

En 1° Corintios 1:23 dice: “pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura”.
Los gentiles se reían de los cristianos. Los paganos de Roma y Corinto se burlaban de los cristianos. Y ya usted sabe, el mundo se ríe de nosotros, se burla de nosotros.
En algún momento alrededor del año 178, Celso escribió un duro ataque contra el cristianismo. Él escribió: "No permitamos que las personas incultas se nos acerquen. Ninguno que no sea sabio, sensible, por todo aquello que consideramos malo. Pero si alguno es ignorante, está carente de sentido común y cultura, si alguien es un insensato, dejémosle que con audacia se haga cristiano. Los vemos en sus propias casas, con vestiduras de lana, toscos, son los peores, los vulgares, los más incultos. Son como un enjambre de murciélagos o de hormigas que salen de sus nidos, o ranas celebrando un simposio alrededor de un pantano, o lombrices reuniéndose en el fango.
Buen tipo, este Celso. Y entonces dijo: "Los cristianos adoran a un hombre muerto". Satanás busca opacar la Palabra de Dios por medio de la burla y la ridiculización, de manera que usted se avergüence y mantenga la boca cerrada. Pero la Palabra de Dios nos recuerda: "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios".

LA ESTRATEGIA DEL AUTORITARISMO RELIGIOSO

La reforma protestante, fue un movimiento religioso cristiano, iniciado en Alemania en el siglo XVI por Martín Lutero, producto de numerosas acusaciones de corrupción eclesiástica y falta de piedad religiosa que condujeron a una gran crisis a la Iglesia católica.
Lutero atacaba la doctrina de salvación por las obras, el sistema de indulgencias para financiar la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma, lo que realmente dio inicio a la Reforma protestante.
También afirmaba que, de acuerdo a la Biblia, todos los cristianos eran sacerdotes sin necesidad de ninguna ordenación especial y negaba la autoridad suprema del Papa sobre la cristiandad universal. Criticaba los sacramentos de la Iglesia católica, reduciéndolos a solo dos, los cuales pensaba eran los bíblicamente establecidos.
No cabe duda que la Reforma Protestante es merecidamente considerada como el más grande avivamiento en los últimos mil años de historia de la iglesia, un movimiento tan masivo que alteró de forma radical el curso de la civilización occidental. Nombres como Martín Lutero, Juan Calvino y John Knox todavía son bien conocidos hoy, cinco siglos después de que vivieran. Y a través de sus escritos y sermones, estos reformadores valientes, y otros como ellos, dejaron un legado perdurable para las generaciones de creyentes que les han seguido.
Sin embargo, el verdadero poder detrás de la Reforma no fluyó de un solo hombre o un grupo de hombres. Sin duda, los reformadores dieron pasos audaces y se ofrecieron como sacrificio por la causa del evangelio, pero aun así, el triunfo arrollador del avivamiento del siglo XVI no puede ser acreditado a los actos de valor o las brillantes obras de enseñanza de estos hombres. No, la Reforma solo puede explicarse por algo mucho más profundo: fue una fuerza infinitamente más poderosa que cualquiera que los simples mortales pudieran producir por sí mismos.
La Reforma fue la consecuencia inevitable y explosiva de la Palabra de Dios chocando como un tsunami contra las fortalezas de la tradición humana y la religión hipócrita. Cuando la gente común de Europa tuvo acceso a las Escrituras en su propio idioma, el Espíritu de Dios usó esa verdad eterna para traer convicción a sus corazones y convertir sus almas. El resultado fue totalmente transformador, no solo para la vida de los pecadores en una región, sino para todo el continente.
Isaías 55:10-11, «Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié».
El principio de “solo las Escrituras” implantado por los reformadores es la manera en que hoy día podemos reconocer que la Palabra de Dios y el Espíritu Santo, era el poder imparable detrás del avance explosivo de la reforma.
 Martín Lutero dijo: «Todo lo que he hecho es exponer, predicar y escribir la Palabra de Dios, y aparte de esto no he hecho nada […]. Es la Palabra la que ha hecho grandes cosas […]. No he hecho nada, la Palabra ha hecho y conseguido todo».
Satanás busca opacar la Palabra de Dios por medio del autoritarismo religioso. Pero la Biblia es la única palabra revelada de Dios y por lo tanto la verdadera autoridad del creyente para la sana doctrina y una vida recta. La Palabra de Dios es poderosa, transformadora y totalmente suficiente «para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra», 2 Timoteo 3:16–17. La Palabra de Dios es el fundamento autoritativo de la fe cristiana, es inerrante, es infalible y es históricamente precisa.

LA ESTRATEGIA DEL FALSO EVANGELIO

Doscientos veintidós años después de la muerte de Martín Lutero, en el mismo lugar de nacimiento del más grande avivamiento de la historia, por el año de 1768, nacía otro influyente teólogo alemán llamado Friedrich Schleiermacher. Pero a diferencia de Lutero, Schleiermacher dejó que las dudas abrumaran su alma y en consecuencia rechazó la verdad del evangelio que sus padres luteranos le habían enseñado.
La crisis de fe de Schleiermacher lo sumergió en las profundidades de la incredulidad; y mientras se hundía, arrastró a otros con él, creando una marea de incredulidad que pronto contradijo los fundamentos del cristianismo bíblico. En realidad, muchos se sumergieron en esta educación teológica y ahogó a las denominaciones con mentiras acerca de la Biblia. Con el tiempo esta doctrina dio lugar al falso evangelio del liberalismo teológico.
Mientras estudiaba en la Universidad, Schleiermacher se expuso a los ataques antibíblicos de los pensadores de la Ilustración, de los incrédulos escépticos que negaban la veracidad histórica de la Biblia y de filósofos seculares que exaltaban la razón humana por encima de la revelación divina. Este asalto de ideas fue demasiado influyente y sus dudas pronto dieron paso a la negación pura y simple del evangelio.
En una carta a su padre, le dijo: «Si la fe es potestad de la Deidad, dice usted. ¡Ay! Querido padre, si cree que sin esta fe nadie puede alcanzar la salvación en el otro mundo, ni la tranquilidad en este, y tal se, es su creencia, ¡ah!, entonces ore a Dios para que me la conceda, porque yo la he perdido. No puedo creer que el que se llamaba a sí mismo el Hijo del Hombre sea el Dios verdadero y eterno, no puedo creer que su muerte fue una expiación vicaria».
Como un Judas Iscariote del siglo dieciocho, Schleiermacher traicionó su legado de fe, abandonó los fundamentos de verdad de las Escrituras y rechazó el evangelio, negando tanto la deidad de Cristo como su obra vicaria en la cruz.
Pero, Schleiermacher no deseaba abandonar la religión por completo. En su lugar, buscó una nueva autoridad en la cual basar su propio «cristianismo». Si las Escrituras no eran más su fundamento, Schleiermacher tendría que encontrar un nuevo fundamento. Lo halló en el Romanticismo.
El Romanticismo — fundamentado en la belleza, la emoción y la experiencia— fue la respuesta filosófica al enfoque racionalista que lo había conducido a dudar de su fe cristiana. Y, en un esfuerzo por restaurar una apariencia de cristianismo, se entregó a los principios filosóficos del Romanticismo.
En sus obras escritas, Schleiermacher trató de defender su doctrina argumentando que la base para creer en Dios no se encuentra en las verdades objetivas de las Escrituras, sino más bien en los sentimientos personales de la conciencia religiosa.
Schleiermacher buscó reemplazar el fundamento bíblico del cristianismo, intercambiando las verdades objetivas de las Escrituras por las experiencias espirituales subjetivas. La siembra de esa teología transgénica condujo a consecuencias desastrosas; en el caso de Schleiermacher, llevó a la cosecha mortal del liberalismo teológico, una forma de religión que se llamaba a sí misma «cristiana» pero al mismo tiempo  negaba la veracidad, la exactitud, la autoridad y el carácter sobrenatural de la Biblia.
Al igual que todas las formas de religión falsa, el liberalismo teológico comenzó con el abandono de la autoridad de la Palabra de Dios. Al apartarse de la sola autoridad de las Escrituras, el liberalismo teológico se convirtió en enemigo del verdadero cristianismo, una versión fraudulenta de aquello que decían representar.
Su pariente cercano, el carismatismo, ha seguido por ese mismo camino, basando su sistema de creencias en algo que no es la sola autoridad de las Escrituras y envenenando a la iglesia con una idea retorcida de la fe, enturbiando la clara enseñanza de las Escrituras y oscureciendo el verdadero evangelio, y elevando los sentimientos y las experiencias personales por encima de las Escrituras.
Aunque muchos carismáticos afirman de labios la superioridad de las Escrituras, en la práctica niegan tanto su autoridad como su suficiencia. Están más preocupados por los encuentros místicos y los éxtasis emocionales, buscan continuamente revelaciones del cielo, lo que significa que para ellos la Biblia por sí sola no es suficiente. Dentro de un modelo carismático, la revelación bíblica debe complementarse con «palabras de Dios» personales, supuestas sacudidas del Espíritu Santo y otras experiencias religiosas subjetivas. Ese tipo de pensamiento es un rechazo a la autoridad y la suficiencia de las Escrituras.
Satanás desea opacar la Palabra de Dios añadiendo falsos elementos, pero nosotros respondemos: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación”.

CONCLUSIÓN

Cualquier movimiento que no honra la Palabra de Dios no puede legítimamente pretender honrar a Dios. Si vamos a reverenciar al Soberano omnipotente del universo, debemos someternos por completo a lo que él ha hablado, Hebreos 1:1–2. Cualquier otra cosa es tratarlo con desprecio y revelarse contra su señorío. No hay nada más ofensivo para el Autor de las Escrituras que tener en poco, negar o distorsionar la verdad que ha revelado (Apocalipsis 22:18–19). Manipular la Palabra de Dios significa tergiversar lo que él escribió. Rechazar sus exigencias es llamarlo mentiroso. Ignorar su mensaje es hacerle un desaire al Espíritu Santo que lo inspiró.
Al ser la perfecta revelación de Dios, la Biblia refleja el glorioso carácter de su Autor.

  • Debido a que él es el Dios de la verdad, su Palabra es infalible.
  • Debido a que él no puede mentir, su Palabra es inerrante.
  • Debido a que él es el Rey de reyes, su Palabra es absoluta y suprema. 

Los que desean agradarlo deben obedecer su Palabra. Por el contrario, los que dejan de darle honor a las Escrituras sobre cualquier otra cosa que reclame ser verdad, deshonran a Dios mismo.
Él mismo ha exaltado su Palabra el lugar más alto. David puso de manifiesto esto en el Salmo 138:2. Hablándole a Dios, dijo: «Me postraré hacia tu santo templo, Y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas».
Del mismo modo, los creyentes hoy están llamados a defender la verdad contra todos los que buscan socavar la autoridad de las Escrituras. Como escribió Pablo: «Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo», 2 Corintios 10:4–5.
Por medio del Espíritu Santo, Dios reveló la fe cristiana a los apóstoles en el primer siglo (cf. Romanos 16:25-26; 2 Timoteo 3:16). Sus enseñanzas, junto con las escrituras del Antiguo Testamento, constituyen el «conocimiento verdadero» de Jesucristo, y es todo lo que necesitan los creyentes para la vida y la santidad, 2 Pedro 1:3; cf. 2 Timoteo 3:16–17.

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¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle,  sois esclavos de aquel a quien obedecéis,  sea del pecado para muerte,  o sea de la obediencia para justicia?
Pero gracias a Dios,  que aunque erais esclavos del pecado,  habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;  y libertados del pecado,  vinisteis a ser siervos de la justicia.
Hablo como humano,  por vuestra humana debilidad;  que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad,  así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia. Romanos 6:16-19.

INTRODUCCIÓN

Los movimientos carismáticos y pentecostalistas se atribuyen el  privilegio  al  título  de «cristianos llenos del Espíritu Santo». Ellos  definen la llenura del Espíritu  en  términos  de  experiencias  de manifestaciones  externas.  Una  descripción, muy  común  en los círculos de  los movimientos  pentecostales,  es la siguiente:  «Cuando  estamos  llenos  del Espíritu,  la  manifestación  externa  de  ese  don  es  hablar  en  lenguas».

Por supuesto, el hablar en lenguas no es la única señal evidenciada de la llenura del Espíritu  dentro  de ese  modelo  carismático,  tampoco es el  más  calamitoso.  Aún  más impresionante es el fenómeno del «descanso en el Espíritu» o «ser muerto en el Espíritu». Aquellos  que  son derribados  muestran  un  comportamiento  de  trance,  por  lo general  cayendo  de  espaldas  al  suelo  como  una  persona  muerta.  En  otras ocasiones, estos «muertos por el Espíritu» responden con una risa incontrolable, ladridos diversos, espasmos erráticos y síntomas extraños de intoxicación.

Y si usted piensa que hemos alcanzado el tope, permítame decirles que al igual que las bacterias, estos fenómenos mutan y se extienden. En  algunas  iglesias  carismáticas, las  personas  toman  el escenario y se lanzan «pelotas de fuego de unción»  imaginarias unas a otras,  y  luego  caen  al suelo  fingiendo estar muertas por las pelotas de poder divino. Predicadores animan a la congregación a inyectarse con agujas imaginarias cuando llegan al altar, para que puedan «elevarse en Jesús». En realidad están comparando la llenura del Espíritu con el  consumo  de  cocaína.  Como si todo esto no fuera suficiente, impulsan a sus seguidores a colocarse en  las  bocas  una  figurita  de plástico  de  un  pesebre  y  alientan  a  las  personas  a  que  «fumen  al niño Jesús» para que puedan experimentar «Jehová-guana», una referencia a la  mariguana.  Esto  es  más  grave  que  rebajar  las  cosas  de  Dios.  Es tomar el nombre del Señor en vano.

Caer de espaldas al suelo,  reír sin control,  balbucear frases sin sentido y actuar  como  un  borracho  es  lo  que  parece  ser  un  cristiano  lleno  del Espíritu Santo. Estos comportamientos no son considerados demasiado extraños si pueden ser acreditados al poder del Espíritu Santo. Convencidos  de  que  se  trata  del  resultado  de  ser  llenos  del  Espíritu,  los carismáticos  apoyan  con  entusiasmo  todas estas prácticas.

Las versiones carismáticas modernas de la profecía, las lenguas y la sanidad son todas formas falsas de los verdaderos dones bíblicos. Ahora bien, ser  «derribado  o  muerto  en  el  Espíritu» es  una invención carismática moderna. Esta práctica no se menciona en ninguna parte de la Biblia, lo que hace que no tenga respaldo bíblico en absoluto. El fenómeno moderno se ha  convertido  en  un  espectáculo  tan  común  y  popular,  que  el  carismático promedio da hoy por sentado que esta práctica debe tener algún tipo de origen bíblico  o  histórico.

Aunque  los  carismáticos  asocian  todos estos  tipos  de comportamiento con el Espíritu Santo, la verdad es que no tiene nada que ver con Él. Las Escrituras están llenas de advertencias acerca de las señales y prodigios falsos.

Jesús dijo: «Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los  escogidos.  Ya  os  lo  he  dicho  antes»,  Mateo  24:24–25.  El Señor Jesús claramente espera que  tomemos  en  serio  estas  advertencias  y  nos  protejamos  contra  el tipo  de credulidad bonachona que estos milagreros carismáticos fomentan de manera deliberada.

Siendo  que  estos  tipos  de  engaños  extravagantes  son  una  burla  al verdadero poder y llenura del Espíritu Santo, cabe preguntarse: ¿Qué es lo que realmente significa ser lleno del Espíritu? ¿Cuáles son las características que distinguen una vida cristiana llena del Espíritu Santo? Vamos a considerar la respuesta a esta pregunta  al  examinar  la  obra  del  Espíritu  en  la  santificación  del creyente.

SER LLENO DEL ESPÍRITU

Como ya hemos visto, todos los creyentes son:
  • Convencidos por el Espíritu Santo, Juan 16:7-11.
  • Regenerados y renovados, Juan 16:7-11.
  • Conducidos al arrepentimiento, Hechos 11:15–18.
  • Hechos participes de la comunión con Dios, Romanos 8:14–17. 
  • Hechos morada del Espíritu Santo, Romanos 8:9.
  • Sellados para eterna salvación, Juan 10:27–29.
Estas cualidades se producen  una  sola  vez; pero luego los  creyentes  deben  ser saturados de poder, de modo que todo lo que piensen, todo lo que hablen y todo lo que hagan sea el reflejo de la vida de Cristo. Esto puede ser alcanzado solo a través de la llenura del Espíritu Santo.

El  pasaje  específico  que nos habla acerca de la  llenura  del  Espíritu  está en Efesios 5:18, dice así: «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu». El apóstol Pablo hace una comparación entre el efecto que produce el alcohol y el efecto del Espíritu Santo. Una persona que se embriaga, estará controlada en varias áreas de su vida por el alcohol. La persona se desinhibe y el alcohol toma control de sus acciones.

En contraste, aquella persona que se está llenando del Espíritu Santo es aquella que se está llenando del conocimiento de la Palabra de Dios, y su vida está siendo controlada por el Espíritu Santo. A diferencia de los resultados que produce el alcohol, el creyente que es lleno del Espíritu será un creyente victorioso, santo y servirá de edificación a la obra de la iglesia.

Cabe  destacar  que  la  orden  «sed  llenos»  está  en  tiempo  presente,  lo  que indica que debe ser una experiencia continua en la vida de cada cristiano. En otras palabras, los cristianos llenos del Espíritu Santo exhiben el fruto del Espíritu que Pablo identifica como «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22–23).  Ellos  son  «guiados  por  el  Espíritu»  (Romanos  8:14),  es  decir,  su comportamiento  no  está  dirigido  por  sus  deseos  carnales,  sino  por  el  poder santificador del Espíritu Santo. Como Pablo explica en Romanos 8:5–9:
Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
El tema del apóstol es que los que están llenos del Espíritu Santo buscan agradar a Dios a través de la aplicación práctica de la santidad. El dominio del Espíritu Santo sobre nuestras  vidas  nos  permite relacionarnos correctamente con Dios y los demás.

Tenemos dos pasajes paralelos que nos muestran esta correcta relación; Colosenses  3:16—4:1, Efesios  5:18—6:9. En estos pasajes el apóstol Pablo explica que en los creyentes debe residir la palabra de Cristo en abundancia, entonces al estar reunidos van a tener temas de qué hablar, porque estarán enseñándose unos a otros, y estarán cantando himnos y canticos espirituales.  Harán todo en el nombre del Señor Jesús,  «dando gracias a Dios Padre por medio de él». Las esposas estarán sujetas a sus maridos y los maridos, a su vez, amarán a sus esposas. Los hijos obedecerán a sus padres y los padres no exasperarán a sus hijos. Los siervos trabajarán diligentemente para sus amos y los amos responderán tratando a sus trabajadores con justicia.

Por lo tanto, podemos ver que obedecer el mandamiento de ser llenos del Espíritu no implica manifestaciones emocionales de éxtasis o encuentros místicos. Es el resultado de la lectura,  la meditación y la sumisión a la Palabra de Cristo,  permitiendo que las Escrituras  se implanten en nuestros  corazones  y  mentes.  Dicho  de  otra  manera, estamos llenos del Espíritu Santo cuando estamos llenos de la Palabra de Dios, la cual el Espíritu Santo inspiró y a la que le dio poder. Cuando ordenamos nuestros pensamientos según la enseñanza Bíblica, y aplicamos su verdad a nuestra vida cotidiana, nos ponemos cada vez más bajo el control del Espíritu.

ANDAR EN EL ESPÍRITU

El  Nuevo  Testamento  describe  la  vida  llena  del  Espíritu  Santo  mediante  la analogía de caminar en el Espíritu. Pablo lo expresó de esta manera en Gálatas 5:25: «Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu». Así como caminar requiere dar un paso a la vez, ser llenos del Espíritu consiste en vivir bajo el control del Espíritu pensamiento a pensamiento, decisión a decisión. Los que están verdaderamente llenos del Espíritu, cada paso que dan por la senda verdadera, lo dan con el Espíritu.

En Romanos 6:4 el apóstol señala que como creyentes,  se  nos ordena a caminar en novedad de vida, esto quiere decir: en pureza, en contentamiento, en fe, en buenas obras, en  amor,  en sabiduría,  en la verdad. Ahora bien, para alcanzar estas cualidades que caracterizan la forma de caminar del creyente, primero tenemos que andar en el Espíritu. Él es el que produce los frutos de justicia en nosotros y a través de nosotros.

Tal como Pablo explicó: «Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis» (Gálatas 5:16–17). El concepto de andar se refiere al modo normal de conducirnos por la vida.  Aquellos  cuyas  vidas  se  caracterizan  por andar  en  la  carne demuestran en su conducta y en su hablar las obras de la carne. Por el contrario, los que andan en el Espíritu dan evidencia de que se asemejan a Cristo.

Pedro reafirmó esta verdad con las siguientes palabras: «Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo»  (1 Pedro 1:15–16; cp.  Hebreos 12:14).  De manera que será de profunda consideración para cada creyente, que mediante el poder del Espíritu Santo, «renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente» (Tito 2:12).

Por supuesto, esto no significa que los cristianos ya no lucharán más contra el pecado y la tentación. Todos los creyentes todavía batallamos contra la carne. La carne es el enemigo interno, el remanente del viejo hombre que pelea contra los deseos piadosos y justos (Romanos 7:23).

Pero, si el creyente aspira obtener la victoria sobre los deseos de su carne y crecer en santidad, deberá actuar en el poder del Espíritu. Como Pablo explica en Romanos 8:13–14: «Si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque  todos  los  que  son  guiados  por  el Espíritu  de  Dios,  éstos  son  hijos  de Dios».

SER SEMEJANTES A LA IMAGEN DE CRISTO

Si queremos saber cómo es una vida llena del Espíritu, no necesitamos mirar más allá  de  nuestro  Señor  Jesucristo.  Él se  destaca  como  el principal ejemplo  de alguien que actuó plena y perfectamente bajo el control del Espíritu. Durante el ministerio  terrenal de  Jesús,  el Espíritu  fue  su  compañero  inseparable.  En  su encarnación, el Hijo de Dios se despojó voluntariamente, poniendo a un lado el uso independiente de sus atributos divinos (Filipenses 2:7–8). Él se hizo carne y se sometió por completo a la voluntad de su Padre y al poder del Espíritu Santo (cp. Juan 4:34).

En todo momento, desde su nacimiento hasta su muerte, la vida de nuestro Señor estuvo bajo el poder del Espíritu Santo.  Jesucristo fue perfectamente lleno del Espíritu Santo,  actuando siempre bajo  el  control  total  del  Espíritu.  Su  vida  de  obediencia  absoluta  y  perfecta correspondencia a la voluntad del Padre, es un testimonio del hecho de que nunca hubo un tiempo en que no anduviera bajo el control del Espíritu. Por lo tanto, el Señor Jesús es el prototipo perfecto de lo que significa vivir una vida llena del Espíritu: en plena obediencia y en conformidad completa a la voluntad de Dios.

No debe sorprendernos entonces, que el Espíritu Santo trabaje activamente en los corazones de sus santos para hacerlos semejantes a la imagen de Jesucristo. Para el Espíritu es un gran deleite dar testimonio del Hijo de Dios (Juan 15:26).  El Espíritu  glorifica  a  Cristo,  guiando  a  las  personas  hacia  él  (Juan  16:14)  y estimulándola a someterse gozosamente a su señorío (1 Corintios 12:3).
Esto es lo que le interesa al Santo Espíritu, no golpear a las personas, lanzándolas por el suelo,  haciendo cosas sin sentido y provocándoles una agitación emocional.  El circo carismático de confusión no conforma a nadie a la imagen de Cristo, quien refleja a la perfección la imagen de su Padre, Colosenses 1:15. Por lo tanto, este es un modelo totalmente falso de la santificación.

Pablo profundizó  sobre  este  aspecto  del ministerio  del Espíritu  orientado a Cristo en 2 Corintios 3:18. Allí escribió: «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria  en  gloria  en  la  misma  imagen,  como  por  el  Espíritu  del  Señor».

Cuando usted se mira en el espejo de la Palabra de Dios ¿Qué observa? ¿Observa la gloria de Cristo reflejada en usted?

CONCLUSIÓN

La santificación es la obra del Espíritu mediante la cual nos muestra a Cristo, por medio de su Palabra, y luego progresivamente nos moldea según esa misma imagen. De modo que, mediante el poder del Espíritu, contemplamos la gloria del Salvador y nos volvemos más y más como él. El Espíritu Santo no solo le presenta al Señor Jesucristo a los creyentes en el momento de su salvación, energizando su fe en el evangelio, sino que continúa revelándoles la gloria de Cristo al iluminar la Palabra de Dios en sus corazones. De este modo, hace que ellos crezcan progresivamente en la semejanza de Cristo durante toda la vida.

En la Biblia queda claro que ser un cristiano «lleno del Espíritu» no tiene nada que ver con hablar galimatías sin sentido, caerse al suelo en un trance hipnótico,  o cualquier otro encuentro místico de supuesto poder extático.  Más bien, se relaciona con la sumisión de nuestros corazones y mentes a la Palabra de Cristo, andando en el Espíritu y creciendo día a día en amor por el Señor Jesús y en el servicio de todo su cuerpo, que es la iglesia.

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Sin embargo, Jerusalén será un refugio para los que escapen;
    será un lugar santo.
Y el pueblo de Israel regresará
    para reclamar su herencia.
El pueblo de Israel será un fuego violento
    y Edom un campo de hierba seca.
Los descendientes de José serán una llama que rugirá a través del campo,
    devorándolo todo.
No quedará nadie con vida en Edom.
    ¡Yo, el Señor, he hablado!
»Entonces mi pueblo que vive en el Neguev
    ocupará las montañas de Edom.
Los que viven en las colinas de Judá
    poseerán las llanuras de los filisteos
    y se apoderarán de los campos de Efraín y de Samaria,
y el pueblo de Benjamín
    ocupará la tierra de Galaad.
Los desterrados de Israel volverán a su tierra
    y ocuparán la costa de Fenicia hasta Sarepta, al norte.
Los cautivos de Jerusalén desterrados en el norte
    volverán a casa y repoblarán los pueblos del Neguev.
Los que hayan sido rescatados subirán al monte Sión en Jerusalén
    para gobernar sobre las montañas de Edom.
¡Y el Señor mismo será rey!».

Introducción

Con la exposición de hoy, completamos nuestro estudio sobre el libro de Abdías. Vamos a exponer los versículos finales de esta palabra profética. El texto es: Abdías 1:17-21 y, en estos versículos encontraremos el mensaje final del profeta, que incluye no sólo el castigo de Edom y de otras naciones, sino también la restauración, la salvación y la renovación del pueblo de Dios.

Antes de considerar cada aspecto en particular, vale la pena recordar toda la idea que se percibe en esta profecía de Abdías.

Cuando abrimos los periódicos o vemos los noticieros televisivos, lo que más nos llama la atención es que siempre encontramos algo acerca de la disputa entre los árabes, los musulmanes y los israelíes. Estas personas realmente conforman los titulares de los principales noticieros del mundo. Escuchamos y leemos noticias de ataques de ambos lados, el uno culpando al otro por haber iniciado el conflicto y el otro diciendo que debido a que fue atacado respondió con objetividad.

Tristemente observamos cómo los líderes de ambos países están contentos cuando el ataque realizado contra el enemigo golpea efectivamente los blancos y coloca al otro en la defensiva. Por desgracia, lo que vemos es la realización del viejo dicho: "La desgracia de uno es la felicidad del otro". Esta es la historia de la lucha cruel y sangrienta que ha diezmado vidas durante tantos siglos, como hemos visto. Esto es así porque desde el Antiguo Testamento conforme al relato Bíblico, hemos visto esta misma historia repetirse. La profecía de Abdías, que estudiamos hoy en su parte final está incorporada en esta situación secular.

El imperio de Babilonia se había fortalecido y comenzó a someter a las naciones a su alrededor, e Israel/Judá fue una de ellas. Y de la misma manera como se había alegrado con otras derrotas de Israel, Edom, en esta ocasión, demostró su verdadera conexión con el pueblo de Dios. Edom apoyó a los babilonios en el saqueo y la destrucción de Jerusalén y la opresión del pueblo elegido.

Edom sería juzgado, así como las demás naciones también enfrentarían la justicia de Dios, y parte de ese juicio del día del Señor. Además de castigar a los enemigos de su pueblo, también se constituía en la salvación, la renovación y la restauración del pueblo de Dios. Implícito en el día del Señor estaba el cambio del destino del pueblo de Dios. A través de un remanente resurgiría con vigor el pueblo de Dios.

Como hemos venido observando cosechamos lo que sembramos. Edom siempre traicionó a sus aliados y estos harían lo mismo con ellos. Edom robó y saqueó al pueblo de Dios. Lo mismo les sucedería a ellos más tarde. Edom actuó con violencia contra los hijos de Dios y los mismos israelitas, judíos, los tratarían con violencia. Edom quería la aniquilación de los Judíos, pero ellos no sabían que pronto, Babilonia con quienes se habían aliado, los traicionarían y destruirían. Siendo que Dios tiene el control de todas las naciones, Proverbios 21:1, después de esta destrucción, el mismo pueblo de Israel sería utilizado como instrumento divino para castigar al orgulloso pueblo Edomita.

Porque Dios ama a su pueblo, su pueblo elegido, Dios usó a Abdías para enviar su mensaje específicamente a Edom, pero ese mensaje sirve también de advertencia para todos nosotros. Es en este contexto que el profeta Abdías describe la reacción de Dios de cara a la calamidad que Israel sufría.

Abdías se destaca entre todos los profetas mayores y menores, y es considerado el mejor expositor del gran sueño profético de Israel, expresado en la declaración final del libro: y el reino será de Jehová (cf. vs. 21 RV60).

Como ya hemos visto, Abdías denunció la autosuficiencia y el orgullo de Edom y su actitud sarcástica de alegría frente al sufrimiento de Israel/Judá. Además de traer el mensaje de condenación a Edom, Abdías también trajo un mensaje de esperanza y consuelo para el pueblo de Dios. Abdías inicialmente destacó la inminente destrucción de los edomitas, descendientes de Esaú que por habitar en las montañas pensaban que eran fuertes, poderosos e inexpugnables. Después que Abdías describe el pecado de Edom, Abdías revela la palabra de Dios para Israel/Judá. Esta palabra es una palabra de esperanza, de aliento, una palabra de ánimo. Cuando Dios revela su justo juicio Él también revela su gran misericordia con la cual Él nos trata a todos. ¿Será que hemos aprovechado esa maravillosa misericordia?

El principio de estos versículos finales de Abdías nos trae el siguiente mensaje: La liberación del pueblo de Dios es siempre una demostración del justo juicio y la misericordia divina.

En este texto encontramos tres resultados de la salvación del pueblo de Dios:

El propio pueblo será el instrumento de castigo divino, vs. 17-18

Sin embargo, Jerusalén será un refugio para los que escapen; será un lugar santo. Y el pueblo de Israel regresará para reclamar su herencia. El pueblo de Israel será un fuego violento y Edom un campo de hierba seca. Los descendientes de José serán una llama que rugirá a través del campo, devorándolo todo. No quedará nadie con vida en Edom. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado! NTV.

En el versículo 17 encontramos el mensaje para aquellos que escaparían del juicio de Dios; puesto que Él también castiga a su pueblo, y porque es justo y no hace acepción de personas, entonces, esos que escapen formarían un remanente santo que capacitaría a la "casa de Jacob", a retomar sus posesiones perdidas. El remanente de Israel se establecerá sobre el monte Sion, que la visión mesiánica la presenta como inviolable y casa santa de Dios (cf. Joel 3:17).

En el versículo 18, es evidente que la casa de Jacob que es el reino del sur, o el reino de Judá y la casa de José, que es el reino del norte o el reino de Israel será fuego que consumirá la casa de Esaú, que es, la nación de Edom que se convertirá en  rastrojo, que será aniquilada. Pero en este versículo 18 vemos que nadie va a quedar de la casa de Esaú, o no quedará ningún remanente que escape. Esto significa que el profeta Abdías está contrastando el monte de Sion como casa de Dios con el monte de Seir como la casa de Esaú, la casa de perdición. Abdías confronta el remanente de Israel que será salvo con ningún remanente de Esaú, porque todo será desolado. Abdías hace esas comparaciones mostrando cuan cierto es el principio de retribución mencionado anteriormente, en el versículo 15.

Debemos hacer hincapié en dos puntos aquí:
  1. La diferenciación que Abdías hace de la "casa de Jacob" con la "casa de José" es hecha para marcar el concepto del Israel afirmado en las tribus de Efraín y Manasés, mostrando que Abdías separa el reino del norte del reino del sur, haciendo referencia a Judá y a las tribus de Benjamín, y por asociación a la tribu de Simeón.
  2. Cuando Abdías combina las dos "casas" demuestra que este es un hecho que vamos a ver en la era mesiánica, cuando los dos reinos de nuevo serán tratados juntos (cf. Ezequiel 37:16-22; Oseas 1:11).

El propio pueblo reconquistará lo que le pertenecía, vs. 19-20

Entonces mi pueblo que vive en el Neguev ocupará las montañas de Edom. Los que viven en las colinas de Judá poseerán las llanuras de los filisteos y se apoderarán de los campos de Efraín y de Samaria, y el pueblo de Benjamín ocupará la tierra de Galaad. Los desterrados de Israel volverán a su tierra y ocuparán la costa de Fenicia hasta el norte de Sarepta. Los cautivos de Jerusalén desterrados en el norte volverán a casa y repoblarán los pueblos del Neguev. NTV.

En estos versículos Abdías nos muestra la consecuencia de la caída de Edom, nos muestra cómo será el día del Señor, cuando él use a su pueblo como un instrumento de justicia.

Estos versículos contienen información y tratan acerca de la restauración de Israel y Judá como instrumentos en la derrota de Edom. Estos versículos explican que la recomposición de las posesiones geográficas proporcionará beneficios a los hijos de Israel y la restauración de Judá incluirá una expansión de sus antiguos territorios.

El versículo 19 establece que los israelitas del Neguev heredarán la tierra de Edom, es decir, las montañas de Seir, las montañas de Esaú. El Neguev es la región del desierto del sur de Judá, que era a menudo el lugar de los ataques y abusos de los edomitas. También en el verso 19 leemos que los israelitas al pie de las montañas (Sefela) ocuparán la costa conocida como la tierra de los filisteos. Sefela es la región montañosa al suroeste de Judá. Además, tenemos la declaración de que el Neguev y Sefela también poseerían el antiguo territorio del Reino del Norte (Efraín y Samaria) así como el Neguev y Sefela eran parte del reino de Judá.

El versículo 19 nos dice también: y el pueblo de Benjamín ocupará la tierra de Galaad. Esta frase es una referencia al territorio al oeste del río Jordán que fue asignada a la media tribu de Manasés, y para las tribus de Rubén y Gad (cf. Números 32; Deuteronomio 3:8-22 y Josué 13:8-32). Benjamín estaba lejos de Galaad y tendría que viajar a través de Samaria y Efraín para llegar a aquella región, y eso nos recuerda que había una relación especial con el rey Saúl, que era Benjamita. Esta relación fue con Jabes Galaad (cf. 1 Samuel 11:1-11) Y en este sentido, es interesante observar que existe una clara identificación de Judá y Benjamín, y las tribus que sobrevivieron a la deportación del reino del norte por Asiria, constituyéndose así, más adelante, en el remanente de Israel (cf. 1 Crónicas y 2 Crónicas). Y esta declaración refleja la perspectiva del período tardío o posterior al exilio, lo que significa que ambos, Judá y Benjamín, verían la restauración de todo Israel en la tierra, en aquella que fuera la tierra de la promesa.

El versículo 20 declara que los exiliados del pueblo de Israel que estaban entre los cananeos hasta Sarepta y los exiliados de Jerusalén que estaban en Sefarad, retomarían la posesión de las ciudades del Neguev. Eso quiere decir que los del reino del norte que viviera en los territorios fenicios y cananeos hasta Sarepta unirían a los exiliados de Judá. Incluso en la literatura rabínica utilizar Sefarad se refiere a España, en el hebreo Bíblico puede referirse a Sardis, la capital del antiguo reino Lidio al centro oriente de Turquía, que aparentemente era la morada de algunos Judíos exiliados.

También podría ser identificado con la ciudad al oriente de Asiria. De cualquier manera, este versículo destaca como los exiliados del pueblo de Israel y Jerusalén, o los que escaparan, podrían habitar nuevamente en estas regiones. Lo notable es que las escenas colocadas en estos versículos implican directamente una acción divina en la cual la tierra misma viene a ser un agente que vencerá a los enemigos del pueblo de Dios.

El propio pueblo será gobernado por Dios, vs. 21

Los que hayan sido rescatados* subirán al* monte Sión en Jerusalén para gobernar sobre las montañas de Edom. ¡Y el SEÑOR mismo será rey!

En este versículo nos encontramos con esta expresión: Rescatadores. Este es un término que se utiliza en el libro de Jueces para nombrar a los jueces que liberaron a Israel de la opresión extranjera (cf. Jueces 2:16; Isaías 19:20). Estos subirían a, o desde el monte de Sion, símbolo del reino de Dios, para juzgar la región montañosa de Esaú, para administrar, establecer la justicia que en el Antiguo Testamento llevaba consigo la idea de gobernar. Resumiendo el mensaje de su profecía, Abdías destacó que el juicio sobre Edom, se llevaría a cabo por estos Rescatadores, que estaban en Jerusalén.

Es de notar que Joel dice algo similar en relación con otras naciones (cf. Joel 3:12).

Conclusión

Este versículo 21 es visto también como una conclusión de este libro. Él concluye con una profecía y termina el libro con el mismo principio teológico con que inició  el libro. Jehová el Señor es soberano sobre todas las naciones.

La expresión "¡Y el Señor mismo será rey!" (cf. vs. 21b) nos muestra la realidad del reino anunciado, pero no establecido, convirtiéndose así en un mensaje profético. Aquí tenemos un significado especial: todas las expectativas son superadas por la esperanza de que el reino será del Señor, porque Él es el gobernante de la historia de las naciones y el universo (cf. Sofonías 3:15; Zacarías 14:9). Para Abdías sólo con la destrucción de Edom, símbolo de las fuerzas humanas que se levantan contra Dios, podría la restauración, la liberación ser completada y ser inaugurado el reino escatológico de Dios, toda vez que en un gobierno soberano, Dios está por encima de todos los poderes humanos.

Esta es la esperanza segura de la verdad cristiana. Usted sabe que el reino es de Dios.

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Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.  2 Corintios 3:17-18.

INTRODUCCIÓN

Desde la invención de las monedas griegas alrededor del 600 A.C. hasta la introducción del papel moneda en la China del siglo XIII, la falsificación siempre ha sido considerada un delito grave. Históricamente, a menudo se castigaba con la muerte. Ese nivel de sanción puede parecer duro a nuestros oídos modernos, pero el delito de falsificación era severamente castigado por dos razones principales.
  1. La ley lo consideraba una amenaza a la estabilidad económica del estado y al bienestar de los ciudadanos.
  2.  En algunos países la emisión de moneda se consideraba un derecho que solo pertenecía al rey.
Por lo tanto, la falsificación no era simplemente un pequeño robo en contra de la persona engañada que tomaba la moneda falsa, sino que se consideraba algo mucho más grave, un peligro para la sociedad en general y una conspiración contra la autoridad real.

Sin embargo, ¿qué sucede con los que falsifican la obra de Dios? La tercera persona de la Trinidad ha sido completamente tergiversada, insultada y agraviada por falsos movimientos que se propagan en su nombre. Operando bajo falsos argumentos y maniobrando mediante falsas profecías, los movimientos carismáticos y pentecostalistas inundan  más y más los círculos cristianos, dejando una estela de error doctrinal y ruina espiritual a su paso.

El delito de falsificación de dinero es una pequeñez en comparación con el acto traicionero de la falsificación del ministerio del Espíritu Santo. Si la impresión de moneda falsa es una  amenaza  para la  sociedad y los gobiernos,  la predicación de un evangelio falso, la  promoción  de  experiencias religiosas fraudulentas, representa un peligro mucho mayor, un delito mucho más grave contra el mismísimo Rey de reyes.

Teniendo en cuenta la gravedad de esos delitos, los creyentes deben estar preparados para identificar, advertir y diferenciar lo santo de lo profano. Y la única manera de estar preparados para identificar y refutar el error es conocer la verdad, es estar íntimamente familiarizado con lo que es auténtico y genuino, en comparación con los falsos avivamientos y las imitaciones espirituales.

La correcta comprensión acerca del Trino Dios es fundamental para consolidar lo que creemos acerca del Espíritu Santo. Pensar correctamente sobre la persona del Espíritu Santo y su obra es esencial para la adoración, para la doctrina y para la correcta aplicación de la teología en la conducta diaria.

¿Qué es lo que el Espíritu Santo está haciendo en el mundo hoy día? Hay una tarea que la iglesia de Cristo necesita emprender con urgencia y es volver a descubrir a la persona y la obra del Espíritu Santo. Estudiemos más sobre en el auténtico ministerio del Espíritu Santo.

Hoy vamos a considerar solo seis aspectos de la obra del Espíritu en la salvación, desde su obra de convicción al llamar a los pecadores para ser salvos hasta su obra de sellado al asegurar a los creyentes para la gloria eterna.

1° EL ESPÍRITU SANTO CONVENCE DE PECADO A LOS INCONVERSOS

Juan 16:7-11: «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado».

Cuando se anuncia el mensaje del evangelio mediante la predicación, los inconversos en el mundo se enfrentan a la realidad de su pecado y las consecuencias de su incredulidad.

Para los que rechazan el evangelio, la obra del Espíritu Santo podría compararse con la actividad de un fiscal. Él los condena en el sentido de que son declarados culpables ante Dios. “…pero el que no cree,  ya ha sido condenado,  porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”, Juan 3:18. La obra de convicción del Espíritu no consiste en hacer que los incrédulos contumaces pecadores se sientan mal, sino en pronunciar un veredicto legal en contra de ellos.

Sin embargo, para aquellos a quienes el Espíritu atrae al Salvador, su obra de convicción es absoluta; el Espíritu Santo estimula sus conciencias y penetra hasta lo más íntimo. Por lo tanto, para los elegidos, esta obra de convicción es el principio de la salvación de Dios, lo que conocemos como el llamamiento eficaz.

Según las palabras de nuestro Señor, el ministerio de convicción del Espíritu Santo abarca tres áreas.

En primer lugar, convence a los no redimidos de sus pecados. El Espíritu Santo, les muestra la realidad de su miserable condición delante de Dios; persuade a los pecadores de su falta de fe en el evangelio. La respuesta natural de los hombres y mujeres caídos es rechazar a la persona y la obra del Señor Jesucristo. Sin embargo, el Espíritu enfrenta la incredulidad del corazón duro del mundo.

En segundo lugar, convence a los incrédulos de justicia. El Espíritu Santo los confronta con la verdad de la perfecta justicia de Jesucristo. El hombre a sí mismo se exhibe como justo e ignora  cualquier evidencia de culpa. El Espíritu Santo derriba la fachada de justicia propia, y lo conduce a considerar la justicia infalible de Jesucristo, el Cordero de Dios sin mancha.

En tercer lugar, convence a los pecadores del justo juicio divino. Así como Satanás está condenado a la ruina eterna después de haber sido derrotado en la cruz, del mismo modo también todos los que forman parte del dominio de Satanás están bajo el juicio de Dios. La persona que pisotea la sangre de Cristo haciendo caso omiso a la oferta del evangelio, «afrenta al Espíritu de gracia», y le aguarda un implacable castigo (cp. Hebreos 10:29-31).

Nadie será atraído nunca a la salvación en Cristo con la mera predicación; primero el Espíritu tiene que obrar de manera sobrenatural a fin de abrir el corazón del pecador para recibir el mensaje. Al proclamar la verdad de las Escrituras, el Espíritu de Dios la usa para penetrar los corazones de los no redimidos, convenciéndolos de la verdad y convirtiéndolos de hijos de ira en hijos de Dios (Hebreos 4:12; 1 Juan 5:6).

2° EL ESPÍRITU SANTO REGENERA LOS CORAZONES PECAMINOSOS

Tito 3.4–7: «Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna».

El llamamiento eficaz de los elegidos comienza con la obra de convicción del Espíritu. Sin embargo, no se detiene allí. El corazón del no creyente debe tomar vida, ser transformado, purificado y renovado (Efesios 2:4). Y esta  es la obra del Espíritu Santo, él regenera a los pecadores de modo que los que antes eran miserables renazcan como nuevas criaturas en Cristo.

En Juan 3, el Señor Jesús explicó esta labor del Espíritu Santo a Nicodemo cuando le dijo que tenía que nacer de nuevo. Confundido por las complicidades de esa verdad, Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?» (v. 4). Jesús le respondió con estas palabras: «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu» (vv. 5–8).

Las palabras del Señor ponen de manifiesto que la obra de regeneración es potestad soberana del Espíritu Santo. En la esfera humana, los bebés no se conciben a sí mismos. Del mismo modo, en el ámbito espiritual, no es iniciativa de los pecadores nacer de nuevo, ni tampoco pueden lograrlo por ellos mismos. La regeneración es la obra completa del Espíritu.

3° EL ESPÍRITU SANTO CONDUCE A LOS PECADORES AL ARREPENTIMIENTO

Hechos 11:15–18: Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!

No puede haber arrepentimiento o fe hasta que el corazón haya sido renovado o regenerado. De manera que, en el momento de la regeneración, el Espíritu Santo imparte el don de la fe que produce arrepentimiento y da como resultado una conversión.

Pedro y los demás se dieron cuenta de que la prueba irrefutable de que Cornelio y su familia verdaderamente se habían arrepentido era que habían recibido el Espíritu Santo.  Ellos quedaron plenamente convencidos y exclamaron: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! (vs. 18).

4° EL ESPÍRITU SANTO PERMITE LA COMUNIÓN CON DIOS

En Romanos 8.14–17: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados».

Pablo usa la metáfora de la familia para una mayor comprensión; por medio del Espíritu de adopción, hemos recibido el inmenso privilegio de formar parte de la familia de Dios. Incluso podemos entrar sin temor en la presencia del Padre y hablar íntimamente con Él;  y es el Espíritu Santo quien capacita a los creyentes para disfrutar de esa íntima comunión.

El Espíritu produce una actitud de profundo amor a Dios en los corazones de aquellos que han nacido de nuevo. Ellos se sienten atraídos a Dios, no le temen. Anhelan tener una relación con él, meditar en su Palabra y tener comunión en oración.  Entregarle  con  toda  libertad  sus  preocupaciones,  confesarle francamente sus pecados sin temor, sabiendo que todo ha sido cubierto por su gracia mediante el sacrificio de Cristo.

5° EL ESPÍRITU SANTO MORA EN EL CREYENTE

Romanos 8.9: «Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él».

En la salvación, el Espíritu Santo no solo regenera al pecador y le imparte fe salvadora, sino que habita de forma permanente en la vida de ese nuevo creyente. De una forma maravillosa e incomprensible, el Espíritu de Dios hace su morada en la vida de cada hijo de Dios.

En 1 Corintios 6:19–20, Pablo les preguntó a los creyentes de Corinto: « ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios».

Es importante destacar que no existe tal cosa como un creyente genuino que no posea el Espíritu Santo. Es un terrible error doctrinal, promocionado por muchos en el pentecostalismo, afirmar que una persona pudiera ser salva y no recibir el Espíritu Santo. La declaración de Pablo en Romanos 8:9 reafirma: «Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él».

Los creyentes genuinos, en quienes el Espíritu Santo mora, piensan, hablan y actúan de manera distinta. Ya no aman al mundo, sino que aman las cosas de Dios.

6° EL ESPÍRITU SANTO SELLA LA SALVACIÓN PARA SIEMPRE

Juan 10:27–29: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre».

Este pasaje así como otros en la Biblia establecen claramente que los redimidos no pueden perder su salvación. El apóstol Pablo reafirma esta verdad al final de Romanos 8:38–39 donde escribió: «Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro».

Ninguna persona o fuerza, terrestre o extraterrestre, podrá romper alguna vez el vínculo de comunión entre Dios y los que le pertenecen. El mismo Espíritu Santo garantiza personalmente este hecho. Como escribió Pablo en Efesios 1:13–14: «En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria».

Los creyentes son sellados por el Espíritu Santo hasta el día de la redención. Él les asegura la gloria eterna.

Por desgracia, muchos grupos pentecostales y carismáticos pasan por alto completamente este verdadero ministerio del Espíritu Santo. En lugar de descansar en la seguridad del Espíritu, enseñan que los creyentes pueden perder su salvación. Como resultado, sus seguidores viven con el constante temor de un futuro incierto y no le dan honor al Espíritu Santo, que mantiene a los creyentes seguros.

CONCLUSIÓN

El Espíritu Santo está involucrado en todos los aspectos de la salvación; la Biblia destaca la obra del Espíritu de convencer, regenerar, convertir, adoptar, morar en nosotros y darnos seguridad. En un modo general podemos decir que el Espíritu Santo abarca la justificación, la santificación y la glorificación del creyente.

De manera que, ahora que hemos sido redimidos, nuestra respuesta al milagro de la salvación debe ser una asombrosa adoración, alabando a cada miembro de la Trinidad por su parte en la gloriosa manifestación de la redención.

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¡Se acerca el día cuando yo, el Señor,
    juzgaré a todas las naciones paganas!
Como le hiciste a Israel,
    así se hará contigo.
Todas tus malas acciones
    recaerán sobre tu cabeza.
Así como te tragaste a mi pueblo
    en mi monte santo,
así tú y las naciones vecinas
    se tragarán el castigo que derramaré sobre ti.
Sí, todas las naciones beberán, se tambalearán
    y desaparecerán de la historia. Abdías 15-16 NTV.

Introducción 

Nuestro objetivo hoy es estudiar el penúltimo verso del profeta Abdías. Vamos a estudiar hoy Abdías 15-16. En este texto vamos a encontrar otra profecía condenatoria para Edom. Así como ellos habían maltratado al pueblo de Israel, el Señor, soberano y controlador de todo el universo y, por lo tanto, de todas las naciones, iba a retribuir sus malas acciones.

Esta retribución de nuestros actos pecaminosos nos debería recordar dos textos importantes. El primero está en el Antiguo Testamento en el libro de Proverbios: “Aunque su odio se cubra con disimulo, Su maldad será descubierta en la congregación. El que cava foso caerá en él; Y al que revuelve la piedra, sobre él le volverá”, Proverbios 26:26-27; y nos muestra que nuestras malas acciones, tienen consecuencias en contra de nosotros mismos. El segundo texto está en el Nuevo Testamento, escrito en la carta de Pablo a los Gálatas: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”, Gálatas 6:7-8.

Ahora bien, ante estas verdades, ciertamente es posible entender claramente el mensaje de estos dos versículos. Siendo nuestro Dios, un Dios creador, soberano, omnisciente, omnipotente y omnipresente, sin duda no dejará pasar impunes nuestras actitudes carnales, que revelan todo lo que hay de malo en nuestro interior. Dios quien es soberano, juzgará a todos los impíos de acuerdo con su justo juicio. Este juicio es universal y ningún reino, nación, gente, familia, individuo será libre de este encuentro con el Señor.

Porque Dios es soberano, desde el Antiguo Testamento leemos acerca del reino de Dios, y sobre la posibilidad de pertenecer a ese reino, pero es necesario someternos a él y a sus leyes, que revelan su carácter santo y justo. El gobierno, el dominio soberano de Dios es universal, absoluto e inmutable (inalterable). Y esta verdad puede ser comprobada a través de las siguientes afirmaciones:


  1. La soberanía de Dios es universal. Ella se extiende sobre toda su creación; animada e inanimada. En el reino de los seres vivos, Dios ejerce dominio sobre los ángeles, la humanidad y los animales inferiores. Ni siquiera un pájaro cae sin la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos (Mateo 10:29-31 cf. Lucas 21:18). Asimismo, ya anteriormente el salmista había proclamado: “Jehová estableció en los cielos su trono, Y su reino domina sobre todos”, Salmos 103:19. 
  2. La soberanía de Dios es absoluta. La autoridad de Dios es perfecta en su administración; ella es ejercida a través de la infinita sabiduría de Dios, y es potente en la extensión de su poder, gloria y dominio. No hay, ni habrá quien ponga límites, en el lugar de autoridad, ni al poder del Dios soberano. En el desarrollo de sus propósitos y planes eternos, el Señor actúa según su voluntad en los habitantes del cielo y en los habitantes de la tierra. Nada en toda la creación es capaz de resistir la voluntad de Dios, o frustrar sus propósitos, ya sea por medio de hombres, superhombres, ángeles caídos, espíritus malignos, o cualquier otra cosa. Isaías declaró esta gran verdad cuando, inspirado por el mismo Dios escribió: “Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado”, Isaías 14:24.
  3. La soberanía de Dios es inmutable. Se mantiene inalterable en el tiempo y bajo cualquier circunstancia. El gobierno y dominio soberano de Dios no pueden ser ignorados; no pueden ser rechazados y no pueden ser frustrados o impedidos por la humanidad o cualquier otra cosa en la creación. El poder y dominio soberano de Dios sujeta a todas las criaturas tan completamente como las leyes físicas sujetan el universo material. Lo que Dios ha decretado o preordenado acontece inevitablemente. Así dice la Escritura: “Jehová hace nulo el consejo de las naciones, Y frustra las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones”, Salmo 33:10-11.


El dominio universal de Dios en los cielos y la tierra es eterno y universal, y se basa en su papel como creador y sustentador. Y porque Él es santo y justo, podemos confiar que en Dios no hay acepción de personas. Pedro entendió este situación cuando predicó por primera vez a los gentiles (Hechos 10:34). Por lo tanto, esa misma verdad es reafirmada en toda la Escritura cuando nos muestra la necesidad de que todos se inclinen ante él. Dios es un juez justo. Corresponde al hombre conformarse a la voluntad del Señor, porque todos serán juzgados. Por desgracia, al igual que Israel fracasó en ser la nación santa que Dios deseaba, también fracasaron otras naciones en gobernar con justicia y equidad. Frente a esta evidencia todos se enfrentan al juicio del Señor.

Aunque hemos dado estas referencias tan claras, tenemos que reconocer que uno de los problemas del hombre es negarse a aceptar la soberanía de Dios en su vida. Esto sucede porque el hombre no entiende el derecho absoluto de Dios para gobernar su vida. Dios tiene este derecho inherente, porque Él es el Creador. Tenemos que entender que nada acontece en la tierra sin la autorización o aprobación de Él. Hago esta precisión porque Él permite que ciertas cosas sucedan aun cuando están en contra de su voluntad, pero eso no quiere decir que él las apruebe. De alguna manera el hombre tiene elecciones que debe hacer. Incluso, que Dios permita el ejercicio de esa libertad, no significa que Él apruebe las escogencias del hombre que sean contrarias a su santa voluntad. Mientras tanto, la soberanía de Dios no se ve disminuida por el ejercicio de la voluntad del hombre, y por eso, todos seremos juzgados.

Dios hizo del Mesías un rey: “Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte”, Salmo 2:6. Cristo fue el gobernador elegido por Dios: “de ti me saldrá el que será Señor en Israel”, Miqueas 5:2. Y debido a que el Mesías será el rey, Él gobernará por el Padre (cf. Abdías 1:21).

El Juez estará sentado. Millones y millones de personas estarán delante de Él, esperando la sentencia. A la orden del Juez, toda la multitud comienza a moverse. Serán separados de acuerdo a su carácter y colocados a la derecha y a la izquierda. Millones de personas que alguna vez estuvieron entre los santos y fueron estimados por otros debido a su piedad, ahora se encuentran aislados de aquellos y situados entre los malvados, a la izquierda. Por otro lado, un número de almas desdichadas, pero de corazón sincero e impotentes, que a juicio de otros eran considerados como los insensibles de entre la izquierda, pero ahora, con gozo inefable, se encuentran situados de entre los de la derecha del juez, que los contempla con amor y bondad.

El juicio se inicia. Dios juzgará los secretos de los hombres por medio de Jesucristo. Todas las obras de todos los hijos de los hombres serán juzgados. ¿Qué extrañas revelaciones manifestará este juicio? Serán juzgadas las obras, las creencias, la fe, serán evaluadas en Dios, el Mesías, el Rey, el Juez, el Señor Jesucristo.

Los salvos, justificados, regenerados, redimidos, oirán de Jesús las palabras más hermosas de toda su vida: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”, Mateo 25:34. Pero, por desgracia, los perdidos, los que no fueron justificados, los que se mantuvieron rebeldes contra el Hijo y el Padre van a escuchar del Supremo Juez las palabras que serán llevadas por toda la eternidad: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”, Mateo 25:41.

Así como seamos, todos daremos cuenta a nuestro Dios y Juez Supremo, individuos, familias, pueblos, naciones estarán en ese tribunal. Edom y muchas otras naciones serán juzgadas. Entonces estos versículos nos advierten que: Todos los soberbios que actúan impíamente enfrentarán el juicio universal divino.

En este texto encontramos tres declaraciones sobre el juicio universal divino.

1° El juicio divino universal, llegará a todas las naciones, v. 15 

“Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones”.

El Día del Señor sobre Edom y otras naciones se presenta claramente en estos versículos. En la primera parte de este versículo, el día del Señor que está por venir, es un tiempo de juicio espantoso. Se está aproximando, está cada vez más cerca y se aplica a Edom y todas las naciones, incluyendo a aquellos que fueron llamados para levantarse contra Edom (cf. vs. 1). Abdías, siguiendo la tradición de Isaías 34 adjudica el "día del Señor" a Edom y a las demás naciones, estableciendo de esta manera la soberanía y el poder del Señor sobre todos.

2° El juicio divino universal es la recompensa por el daño causado, v. 15 

“como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza”.

En la segunda parte del versículo 15, Abdías toma un principio del antiguo Israel y el sistema de justicia judío. "Cualquiera que haga sufrir a otro, el mismo sufrimiento se le causará", o en otras palabras: “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie”, Éxodo 21:24. En este pasaje se apoya el profeta; además de este, en textos como Levítico 24:16-22, Deuteronomio 19:21 y ahora aplicados a Edom y las demás naciones.

Esta enseñanza proverbial sirve de discernimiento y sirve también como la base para el juicio de Dios contra Edom. Así como Edom participó activamente cuando las naciones de Judá e Israel estaban siendo devastadas, así también Edom sería devastada en el futuro. En cierto modo, esta segunda parte del versículo quince es un complemento, una conclusión de lo que hemos visto hasta ahora, es decir, todo el contenido del versículo uno al catorce.

3° El juicio universal divino reducirá  a nada a los poderosos, v. 16

“De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, beberán continuamente todas las naciones; beberán, y engullirán, y serán como si no hubieran sido”.

El versículo 16, que trata sobre el juicio de Dios sobre todas las naciones, también se puede dividir en dos partes:

  1. Comer y beber eran parte importante de la ceremonia cuando se establecían  los pactos, los acuerdos. La frase: De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte... se refiere a esta etapa del establecimiento de pactos realizados entre las naciones antiguas. Abdías probablemente se refiere a la traición de Edom contra Israel y Judá, después de haber hecho un pacto con Israel en el Monte Sion, sellándolo con la bebida y comida durante los siglos X y IX antes de Cristo (cf. 2 Samuel 8:13-14; 1 Reyes 11:14-22; 2 Reyes 3:9-27) y Judá en el siglo VI antes de Cristo (cf. Jeremías 27:2-3). Y además de esa referencia directa a la traición de Edom, Abdías extiende su proclama contra otras naciones que también estaban aliados a Israel y Judá durante su tiempo de angustia.

    Siguiendo la metáfora frecuente de los otros profetas que beben la ira de Jehová, la copa (cf. Isaías 51:17-23; Jeremías 25:15-16; Lamentaciones 4:21; Habacuc 2:16), Abdías se refiere probablemente a la destrucción de Jerusalén como parte del juicio de Dios sobre su pueblo a
    causa de sus pecados.

    Tenemos que entender claramente: el hecho de que Israel y Judá hayan bebido la copa de la ira de Jehová y hayan sido disciplinados con la justa justicia divina, no impediría a Dios dar a beber de la misma copa de su ira, disciplinando, castigando y destruyendo a Edom y las demás naciones que también eran pecadoras y, específicamente, habían traicionado a Israel y Judá cuando estas estaban siendo disciplinadas por el Señor. Nadie que anduvo contrariamente a los principios éticos y espirituales del Señor estuvo, está o estará exento de enfrentar al Señor.
  2. La segunda parte del versículo 16 muestra, entonces, que esta sentencia incluye todas las naciones. Todos bebieron la copa de la ira del Señor. Por lo tanto el versículo 16 está mostrando claramente que el juicio divino sobre los edomitas es uno de los aspectos del día del Señor, que había llegado a su pueblo y que llegaría a todas las naciones de la tierra, convirtiéndose así estas palabras, en palabras profética del juicio universal.

    Y, como veremos en el último párrafo que examinaremos en el próximo estudio, esos versículos amplían esta profecía de condenación de Edom y la salvación del remanente de Judá a través de conceptos teológicos opuestos, al contrastar: "el monte de Sion con el monte de Esaú" y "el remanente con ningún remanente".

Conclusión

¿Qué lecciones o castigo Edom nos ofrece?

  1. Nadie que pretenda perjudicar al pueblo de Dios quedará impune por el Señor. 
  2. Los que están del lado de Dios están protegidos y esperan mejores días. 
  3. Aunque parezca lo contrario, Dios tiene en sus manos el curso de la historia y ejerce de acuerdo a su soberanía. 
  4. La historia de la salvación es lineal y no cíclica, y se mueve objetivamente hacia el final que Dios ha preparado para ella. 
  5. Es conveniente para todo hombre sabio, ser parte del pueblo de Dios, que es la iglesia, para que pueda obtener ventaja de las futuras bendiciones que Él tiene reservada para los suyos. 


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Existe un problema el cual debemos siempre tener presente, y es que los protestantes y el resto de las religiones no creemos las mismas cosas acerca de los aspectos más fundamentales del Evangelio Cristiano. Esto significa que no sólo somos otros cristianos de otra denominación. Cuando dos personas están en desacuerdo sobre temas tan fundamentales como la base e instrumento de salvación (es decir, que la sola justicia de Cristo es imputada a través de la sola fe, frente a, la justicia de Cristo impartida a través de la fe y nuestras obras) y si las buenas obras son parte de el fundamento de nuestra justificación o simplemente las evidencias - uno de ellos es un cristiano y el otro no lo es.

Vemos esto claramente demostrado por la forma en que el Apóstol Pablo habló acerca de los judaizantes. Los judaizantes profesando ser cristianos "enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos", Hechos 15:1. En otras palabras, se les enseña que la justicia de Cristo recibida por la sola fe no es suficiente para asegurar salvación. Para estar seguros, es necesario tener fe en Jesús; ellos no niegan que la fe en Cristo es necesaria para la salvación. Ellos solamente dicen que eso no era insuficiente; en su lugar, debe "completar" su justificación mediante la realización de ciertas buenas acciones. En otras palabras, los judaizantes trataron de añadir obras personales de justicia a los fundamentos de su justificación. Ellos eran la contraparte Católico Romana del primer siglo, que enseña que: "Si alguien dice que la [justificación] recibida no asegura y ... es aumentada delante de Dios a través de buenas obras, sino que esas obras simplemente son los frutos y las señales de la justificación obtenidos, pero no la causa del aumento, sea anatema"(Concilio de Trento, sesión 6, Canon 24). Para los judaizantes, esas obras eran la circuncisión y las otras ceremonias mosaicas. Para los católicos, esas obras son el bautismo, la participación en la Eucaristía y los demás sacramentos.

Separados de Cristo

Pero note cómo Pablo habla de estos maestros en el Nuevo Testamento. Él solo los cuenta como "hermanos separados" en Cristo. Las iglesias de Galacia no habían llegado a ser propagadores de esta doctrina,  sin embargo, Pablo les escribe luego de haber sido tentados a creer en ellas. E incluso entonces Pablo les escribe y dice: "Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros", Gálatas 4:11. Es decir, él teme que ellos pudieran nunca  haber sido verdaderamente salvos cf. 1 Juan 2:19.

Él les va a decir que si reciben el mensaje de la circuncisión, es decir, si permiten incluso que el más pequeño de los rituales religiosos se convierta en parte del fundamento de su confianza para la salvación: "de nada os aprovechará Cristo", Gálatas 5:2. Note, que él no dice, "Cristo será de algún beneficio para usted, pero no tanto que lo contrario. Podrán diferir un poco doctrinalmente, pero aun así podrán regocijarse en nuestra unidad". No. Pablo dice que todos aquellos que reciben la circuncisión como fundamento de su justificación están obligados a cumplir toda la ley, Gálatas 5:3. En otras palabras, si usted quiere que su justificación esté basada incluso en parte de las obras, usted está obligado a ser justificado bajo todo el ámbito de la ley cf. Santiago 2:10. Y en ese caso, ya que entonces estarían buscando ser justificados por la ley, sería correcto decir que usted está "separado de Cristo, caído de la gracia..." Gálatas 5:4. Usted sería uno de aquellos a quienes el apóstol Juan dijo que "Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros", 1 Juan 2:19.

Finalmente, Pablo habla acerca de aquellos que predican un falso Evangelio tal que destruye el alma. Su conclusión con respecto a tales maestros es: "llevará el juicio" Gálatas 5:10. Una vez más, esto no es meramente un hermano distanciado. Él no es una de las ovejas de Cristo, es uno de otro rebaño. Él llevará el juicio. Se enfrentará a la condenación del Dios Todopoderoso la cual ningún verdadero creyente hará frente, cf. Romanos 8:1.

Cuidado con los perros

Pasando de Galacia a Filipos, Pablo advierte con la mayor severidad a los filipenses que eran vulnerables a esta enseñanza. Él no les dice, "Mi Filipenses, hay que tener cuidado de nuestros queridos hermanos equivocados". No, él les dice: "Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo", Filipenses 3:2. Pablo no estaba precisamente en el negocio de ayudar en el avance del movimiento ecuménico.

Cuidado con los perros. Ellos son perros. Y los judíos odiaban especialmente los perros. Porque estaban dispuestos a comer cualquier cosa, incluyendo la basura e incluso su propio vómito; los perros eran considerados animales impuros cf. Mateo 7:6; Lucas 16:21; Apocalipsis 22:15. En sarcástica ironía, Pablo utiliza el mismo término que los judaizantes habrían utilizado para los cristianos que no se sometían a la ley mosaica; el más despectivo término que significaba maldad, inmundicia, e impureza, Pablo lo utiliza para ellos.

Ellos son los malos obreros. En muchos casos en el Nuevo Testamento, "obreros" hace referencia a servidores de Cristo que comparten el ministerio cristiano Romanos 16:3; Filipenses 4:3; Filemón 1:24. Y los judaizantes eran obreros también. Como los fariseos, recorrían mar y tierra para ganar un prosélito, Mateo 23:15. Pero cuando lo logran, lo hacen dos veces más hijo del infierno que ellos mismos, porque su doctrina de realización humana minaba el Evangelio de la obra suficiente de Cristo y de la libre gracia de Dios. Eran obreros, pero eran malos obreros. Tal vez incluso con buenas intenciones, al tratar de ayudar a la Iglesia, no hacen más que arruinar y destruir, porque alejan la atención de Cristo y la suficiencia de su redención llevada a cabo, y dan su gloria a una ley que nunca fue capaz de impartir vida al hombre y su propia dignidad y fuerza de voluntad, cf. Gálatas 3:21. Y así, todos sus trabajos son trabajos malignos.

Y esto se aplica, de la misma manera, para todas las otras religiones quienes te persuaden a confiar incluso en porciones de tus propios méritos para ser justificados ante Dios. No importa cuánto beneficio práctico pueda tener. Ellos podrán alimentar a los hambrientos, podrán proteger a las personas sin hogar, podrán cuidar a los huérfanos, podrán preservar el medio ambiente, y podrán dedicar toda su vida a hacer de este mundo un lugar mejor. Pero si confían en sus buenas obras para satisfacer la ira de Dios contra ellos, y si enseñan a otros a descansar sobre sus propios logros morales,  admitirlos en la presencia de un Dios santo, ellos son malos obreros. Debido a que ellos opacan los sentidos de los hombres de su necesidad de gracia divina, y los conducen a creer que pueden salvarse a sí mismos, cuando en realidad no pueden hacer tal cosa, ellos son obreros desaprobados.

No sólo son perros. No sólo son malos obreros. Con el sarcasmo más dentado, Pablo les llama "mutiladores". Esto no es más que un juego de palabras increíble. La palabra griega para "circuncisión" es peritome, y la palabra para "mutilación" es katatome (palabra usada aquí). En efecto, Pablo está diciendo: "Estos falsos maestros piensan que son del partido de la circuncisión. Pero debido a que socavan la gracia de Dios en el Evangelio al mezclar las obras humanas con la justicia de Cristo, su sacramentalismo no es más que katatome, el tipo de mutilación ritual pagano. Se hacen llamar la circuncisión, pero no son mejores que los paganos".

Debido a que los judaizantes confiaron en su circuncisión y añadieron las obras a la obra de Cristo en el Evangelio, aquello que habría sido la señal más segura que eran el pueblo de Dios se convirtió en el signo más seguro de que fueron separados de Él.

“¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo,
    como está escrito:
        He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída;
        Y el que creyere en él, no será avergonzado.

Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree”, Romanos 9:30-10:4.

"Ser más como Jesús"

Cuántos cristianos profesantes se darían  a la tarea de corregir el lenguaje de Pablo: "Pablo, ¡santo cielos! ¿Los llamaste perros? ¿Malos obreros? ¿Mutiladores? Pablo ¡Tómalo con calma! ¡Estas personas creen en la infalibilidad de las Escrituras! ¡Antiguo y Nuevo Testamento! ¡Ellos creen en Cristo, que Él era Dios y hombre, que era sin pecado, que murió por nuestros pecados y se levantó de la tumba, y que la salvación no se encuentra en ningún otro nombre! Ahora, seguramente ellos pueden tener algunos problemas doctrinales, pero, ¿cómo puede usted ser tan divisivo sobre un punto tan pequeño de la doctrina? !Pablo, tenemos que ser más como el Señor Jesús!".

De hecho, eso es exactamente lo que Pablo estaba haciendo. Estaba siguiendo los pasos de su Señor, quien llamó a los legalistas fariseos lobos rapaces Mateo 7:15, sepulcros blanqueado llenos de huesos de muertos y putrefactos, Mateo 23:27, ciegos guías de ciegos Mateo 15:14. El dulce, manso y humilde  Jesús, censuró a aquellos que ponían sobre los hombros de los hombres pesadas cargas y lo convertían en un hijo del infierno dos veces peor que ellos mismos, Mateo 23:15.

Cristo va a hacer todo, o no hará nada

¿Por qué nuestro Señor habló tan severamente? Porque el "evangelio de Cristo-plus plus", el evangelio de la fe en Cristo se había mezclado con el esfuerzo humano; y el mérito humano es una doctrina de demonios que destruye el alma, 1 Timoteo 4:1. Al igual que el desacuerdo entre Pablo y los judaizantes, el desacuerdo entre protestantes y las otras religiones no es un asunto doctrinal secundario; es la diferencia entre el cielo y el infierno. Estimados hermanos, lo nuestro es un Evangelio protestante guiado, guiado por el Espíritu Santo. Hablamos tan severamente debido a que es el mismo Evangelio lo que está en juego.

Esta es la diferencia entre una religión de méritos y una religión de gracia. Si Cristo ofrece sólo una parte de nuestra salvación, dejando  de proporcionarnos el resto, entonces todavía estamos sin esperanza y bajo la carga del pecado. No importa lo pequeño de la brecha que deba ser atravesada antes de la salvación, la conciencia vivificada ve claramente que nuestro miserable intento de piedad es insuficiente incluso para cerrar esa pequeña brecha. Tal intento de completar la obra de Cristo por medio de nuestros propios méritos, Pablo vio claramente, que era la esencia misma de la incredulidad. Cristo va a hacer todo o nada, y la única esperanza es sacar de nosotros mismos todo vestigio de falsa piedad y confiar en Él.

Cristo va a hacer todo, o no hará nada. ¿Por qué? Porque si la salvación es "por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra", Romanos 11:6. Introducir obras como cualquier parte de los fundamentos de nuestra justicia es corromper el Evangelio de la gracia, que es el único Evangelio que salva.

Me pregunto: ¿Podemos considerar estas cosas tan a la ligera cuando es tan evidente que el apóstol Pablo las tomó tan en serio? ¿Podemos desatender la diferencia entre (a) las buenas obras como la evidencia de la salvación y (b) las buenas obras como la base de la salvación, a una sutileza doctrinal pequeña entre las personas que son excesivamente académicos, cuando el Apóstol Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, podía censurar tan severamente?

Hermanos: palabras, ideas y doctrinas son la diferencia entre una eternidad en el cielo, con plenitud de gozo y delicias para siempre a la diestra de Dios, Salmo 16:11, y una eternidad en el infierno, lejos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, 2 Tesalonicenses 1: 9.

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Nehemías 8:1-8

Antes de iniciar esta amonestación me gustaría que primeramente leyeran el pasaje Bíblico arriba mencionado. Como podrá darse cuenta el pueblo se había reunido para recibir la instrucción. Aunque  muchos de ellos habían sido muy descuidados en la observancia de la ley, sentían el deseo de oírla porque deseaban alcanzar un nivel más elevado en su experiencia espiritual.  Habían venido entonces para oír la Palabra de Dios; esta fue la razón por la cual duraron 5 o 6 horas escuchando la instrucción de la palabra de Dios.  Dice el versículo número tres  que duraron desde el alba hasta el mediodía recibiendo las instrucciones de los levitas. El versículo seis por otro lado dice que el pueblo respondía amen, amen.

Deseo llamarles la atención al versículo ocho que tiene algunas variaciones en diferentes versiones de la Biblia. Tenemos entonces:

  • Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura, RV60.
  • Leían del libro de la ley de Dios y explicaban con claridad el significado de lo que se leía, así ayudaban al pueblo a comprender cada pasaje, NTV.
  • Y leyeron en el libro de la ley de Dios; y enseñaba Esdras, y explicó en ciencia del Señor; y entendió el pueblo en la lectura, LXX.

Quise hacer una comparación de estas versiones de manera que pudiesen observar que lo más importante de ese día fue que la gente comprendiera la palabra de Dios, y los que estaban enseñando estaban esforzándose en dar sentido y explicar la Palabra de Dios. Lo cierto de todo es que se tomó un buen espacio de tiempo para el estudio de la Palabra de Dios de manera que todos la comprendieran claramente.

Que gran mensaje nos brinda este capítulo de Nehemías; el pueblo vino para oír la Palabra de Dios, el pueblo vino para llenarse de la Palabra de Dios, para encontrar paz, para encontrar alegría, para encontrar fortaleza para su vida a través de la Palabra de Dios.

Bien, parece que hemos perdido la perspectiva de cuál es la razón por la que cada domingo nos reunimos en la iglesia.  Si preguntáramos esto mismo a algunos miembros de nuestra congregación, obtendríamos una inmediata respuesta como que: "Venimos a la iglesia a alabar y glorificar a Dios", y ciertamente esta idea está impregnada en la mente de los creyentes, casi como una frase estereotipada.

Hoy en el servicio dominical pude observar cuan desfigurada y descompuesta se encuentra esa expresión. Esta sería la tercera semana que la iglesia no recibe enseñanza de la escuela dominical; en su lugar se han realizado varios eventos. Pero este domingo en particular hemos recibido una sobredosis de canticos, lo que ocasionó escribiera este documento.

Increíblemente, hoy se dedicaron las tres cuartas partes del tiempo a los canticos y misceláneos; por supuesto la otra cuarta parte, es decir una miserable media hora, se la dedicaron a la predicación de la Palabra de Dios. Puedo imaginar que para algunos esto es demasiado tiempo.

Tristemente se ha distorsionado la razón de nuestras reuniones, y pienso que Satanás nos está ganando ventaja, y es que él sabe que mientras más tiempo pueda mantener a un creyente en la ignorancia de la Palabra, más espacio tiene para minar los corazones en la iglesia de toda clase de malignidad. Satanás es un experto opacando la predicación del evangelio, y la mente de los envanecidos olvida que el propósito de este perverso es intentar destruir la iglesia del Señor.

Hoy traigo a sus memorias las palabras de Oseas cuando dice: "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos", Oseas 4:6.

Un cristiano derrotado es un cristiano falto de conocimiento, desventurado, presa fácil  de las artimañas de Satanás, que bien dice la Biblia, anda como león rugiente buscando a quien devorar. Pero hay grandes beneficios para quienes se llenan del conocimiento de la Palabra de Dios:
"Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará", Salmo 1:1-3.

También hay un aspecto importante en el pasaje de Oseas arriba mencionado, y es que no solo la reprensión de Dios es hacia el pueblo sino que él también está hablando a los líderes de la iglesia, porque desechan el conocimiento, es decir desechan la Palabra de Dios.

Si en algo ha sido diligente la iglesia es imitar, pero imitar el error en lugar de imitar a Cristo. Pablo, quien sin duda alguna era imitador de Cristo, nos dejó claramente establecido que no existe sustituto para la enseñanza de la palabra de Dios: "Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito:   Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación".

Hay algo más que el apóstol Pablo hacía por las iglesias, y es que él oraba por las iglesias; y en sus oraciones el no pedía para que las iglesias tuvieran un buen coro, o mejores instrumentos musicales, tampoco oraba por un buen director de cantos, ni siquiera oraba para que tuvieran un buen himnario. Dice la Biblia: "nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios", Colosenses 1:9-10.

Pregúntese entonces: ¿Cómo y dónde tenemos la posibilidad de ser llenos del conocimiento de la voluntad de Dios? ¿Cuáles son los medios que Dios ha proporcionado a la iglesia para realizar esos objetivos? ¿Qué resultado, según el pasaje anterior, espera el Señor que alcancemos?

Estas preguntas llevan como única finalidad exhortarles a no dejarse fascinar por este tipo de filosofía que pretende hacernos creer que alabar, glorificar y alcanzar una mayor comunión con Dios se consigue removiendo la sensualidad con estos excesos de cánticos, sino más bien como dice la Biblia: "Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor", Efesios 5:15-17.

Y la voluntad de Dios será conocida solo a través del estudio de la Palabra de Dios.

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