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Los cristianos no están destinados a ser simplemente espectadores en el proceso de santificación. A los creyentes se les ordena luchar contra su carne por motivos de la santidad y el crecimiento espiritual. Al mismo tiempo, la verdadera rectitud solo es posible a través del poder de Dios. Como hemos visto en temas anteriores, la santificación bíblica es un trabajo cooperativo entre el Señor y su pueblo.

El apóstol Pablo explica la naturaleza paradójica de esa obra cooperativa en Filipenses 2:12-13.
Entonces, amado mío, así como siempre has obedecido, no solo como en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, calcula tu salvación con temor y temblor; porque es Dios quien está obrando en ti, tanto para querer como para trabajar por Su beneplácito.
La exhortación de Pablo a los filipenses, y a nosotros, sugiere cinco verdades vitales que conforman y estimulan el verdadero crecimiento espiritual. Ya hemos considerado cómo nuestra santificación está influenciada por la comprensión del amor de Cristo y el ejemplo para nosotros, la necesidad de obediencia y nuestra responsabilidad con el Señor. Hoy examinaremos la última de las verdades vitales de Pablo: la gravedad del pecado.

El temor del Señor

Aunque Dios es amoroso, misericordioso e indulgente, sin embargo, responsabiliza a los creyentes por la desobediencia. Como Juan, Pablo entendió bien que "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad". (1 Juan 1:8-9).

Sabiendo que él sirve a un Dios santo y justo, el creyente fiel siempre vivirá con "temor y temblor".

Una verdad importante impresa en el Antiguo Testamento es: "El temor de Jehová es el principio de la sabiduría" (Salmo 111:10, ver Proverbios 1:7, 9:10). No es el miedo a la condenación al tormento eterno, tampoco es el temor al juicio sin esperanza que lleva a la desesperación. En cambio, es un temor reverente, una preocupación santa para darle a Dios el honor que se merece y evitar la disciplina y/o azotes por Su descontento. Ese temor nos protege contra la tentación y el pecado y da motivación para una vida obediente y recta.

Tal temor implica auto desconfianza, una conciencia sensible y estar en guardia contra la tentación. El temor requiere que estemos constantemente opuestos al orgullo, y conscientes del engaño del corazón, así como de la sutileza y fuerza de la corrupción interna. Es un temor que busca evitar todo aquello que pueda ofender y deshonrar a Dios.

Los creyentes deben tener un  serio temor al pecado y un anhelo por lo que es correcto ante Dios. Conscientes de su debilidad y del poder de la tentación, deben temer caer en el pecado y, por lo tanto, afligirse ante el Señor. El temor de Dios los protege de influenciar erróneamente a otros creyentes, comprometer su ministerio y testimonio al mundo incrédulo, invitar al castigo del Señor y de sacrificar el gozo.

Comprender las consecuencias del pecado

Tener ese temor y temblor piadoso implica algo más que simplemente reconocer la pecaminosidad y la debilidad espiritual de uno. Es el temor solemne y reverencial que surge de la profunda adoración y amor. Reconoce que cada pecado es una ofensa contra un Dios santo y produce un deseo sincero de no ofenderlo y contristarlo, sino de obedecer, honrar, complacer y glorificarlo en todas las cosas.

Los que temen al Señor aceptan voluntariamente la corrección del Señor, sabiendo que Dios "nos disciplina para nuestro bien, para que podamos compartir su santidad" (Hebreos 12:10). Este temor y temblor hará que los creyentes oren fervientemente por la ayuda de Dios para evitar el pecado, ya que el Señor les enseñó: "No nos metas en tentación, mas líbranos del mal" (Mateo 6:13). Esa oración nuevamente refleja la tensión espiritual que existe entre el deber de los creyentes y el poder de Dios.

El verdadero creyente comprende las consecuencias de su pecado, que entristece profundamente al Señor e impide severamente su propio crecimiento. Esta verdad, combinada con el amor y el ejemplo de Cristo, la necesidad de obediencia y la responsabilidad que el cristiano tiene para con el Señor lo impulsa a "desempeñar" su salvación, así como el apóstol Pablo escribió.

Y ahí es donde partiremos en la próxima entrega.


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Filipenses 2:12-13

La santificación es trabajo. Trabajo duro. Pero, ¿de quién es el trabajo?

Para una respuesta bíblica a esa pregunta, hemos estado examinando las enseñanzas de Pablo en Filipenses 2:12-13, en las que se destaca la naturaleza cooperativa de la santificación.
Entonces, amado mío, así como siempre has obedecido, no solo como en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, calcula tu salvación con temor y temblor; porque es Dios quien está obrando en ti, tanto para querer como para trabajar por Su beneplácito.
Claramente, el creyente tiene la responsabilidad de su crecimiento espiritual. Pero ese trabajo es imposible hacerlo separados del poder de Dios. El argumento de Pablo es que se trata de un trabajo cooperativo, y destaca varias verdades vitales que sostienen a los creyentes mientras se "desempeñan en [su] salvación".

La última vez examinamos las dos primeras verdades que los creyentes en crecimiento deben comprender. Hoy consideraremos dos más.

Comprender la obediencia

El tercer elemento crucial del desempeño de los creyentes en su santificación es comprender la necesidad de obedecer al Señor. Pablo anima a los Filipenses a continuar en fiel sumisión a la voluntad de Dios. "Obedecer" viene de un verbo compuesto formado por la preposición "hupo" y el verbo "akouō", del cual obtenemos la palabra acústica. El verbo compuesto tiene el significado básico de ubicarse debajo de lo que se ha escuchado, someterse y obedecer. Es obvio que un creyente debe escuchar la Palabra de Dios y debe obedecerla; por lo que indirectamente este es un llamado para que los creyentes continúen estudiando y obedeciendo las Escrituras (véase Mateo 28:19-20).

El mandamiento de Dios a Pedro, Santiago y Juan en el monte de la transfiguración es su mandato para todos: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; ¡Escúchenlo!" (Mateo 17: 5). Predicar el evangelio es más que meramente compartir la fe y ofrecer una invitación; es llamar a los pecadores a obedecer a Dios, "para lograr la obediencia de la fe... por amor de su nombre". (Romanos 1:5). Ser salvo es "obedecer el evangelio de nuestro Señor Jesús" (2 Tesalonicenses 1:8), un punto enfatizado por la exhortación de Cristo en Juan 3:36: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él".

El consejo a los creyentes es: "tened cuidado cómo andáis; no como insensatos, sino como sabios" (Efesios 5:15). Pablo escribió a Tito:
"en cuanto a estas cosas quiero que hables con firmeza, para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles para los hombres". (Tito 3:8)
 El escritor de Hebreos acusa a sus hermanos creyentes: "Por tanto, esforcémonos por entrar en ese reposo, no sea que alguno caiga siguiendo el mismo ejemplo de desobediencia" (Hebreos 4:11). La Gran Comisión de Jesús incluye el mandato de enseñar a los conversos de "todas las naciones... enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado". (Mateo 28:19-20). La obediencia es esencial para la santificación. El verdadero crecimiento espiritual no puede tener lugar sin eso.

Comprender la responsabilidad

Además de comprender la necesidad de la obediencia, los creyentes también deben comprender ante Quien ellos son responsables.

Debido a que los creyentes son pecaminosos, están inclinados a autojustificarse, a culpar a las circunstancias o culpar a otras personas por sus problemas y/o fracasos. Pablo elogia a los filipenses por su fiel patrón de obediencia a Cristo mientras estuvieron en su presencia. Pero continúa diciéndoles que estaban obligados a obedecer durante su ausencia.

Los creyentes en Filipos disfrutaron el gran privilegio de conocer a Pablo íntimamente. Él fue quizás el mejor maestro de la Palabra de Dios que el mundo haya visto jamás, excepto, por supuesto, por el Señor mismo, pero Pablo también era amigo de ellos. Es seguro suponer que muchos de los filipenses desarrollaron una confianza excepcionalmente fuerte en él.

Pero en el momento de escribir esto, Pablo estaba a cientos de kilómetros de distancia, encarcelado en Roma. El único medio de contacto eran cartas (incluida la epístola que tenemos delante) e informes ocasionales de amigos comunes. Pero a pesar de lo decepcionante y desafiante que fue la situación, Pablo les recuerda que su responsabilidad espiritual no era para con él sino para con el Señor. Pablo esperaba que obedecieran a pesar de su ausencia. 

El apóstol repite una advertencia que hizo antes

"Solamente comportaos de una manera digna del evangelio de Cristo, de modo que ya sea que vaya a veros, o que permanezca ausente, pueda oír que vosotros estáis firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio". (Filipenses 1:27)
Su punto es que nunca hay un momento en que un verdadero creyente no sea responsable de obedecer al Señor. Los creyentes nunca deben depender principalmente de su pastor, maestro, compañerismo cristiano o cualquier otra persona para su fortaleza espiritual y crecimiento.

La dependencia de Dios es la esencia de la naturaleza cooperativa de la santificación. No podemos fabricar un verdadero crecimiento espiritual por nuestra cuenta. Solo a través de su poder podemos romper viejos hábitos pecaminosos y crecer en la semejanza de su Hijo. Y estas cinco verdades cruciales de la acusación de Pablo a los filipenses nos ayudan a sostenernos en ese trabajo autodisciplinario. En la próxima entrega, veremos la última verdad sustentadora.

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Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito. Filipenses 2:5-13 LBLA.
Existe un intenso debate sobre la santificación: de dónde viene, cuál es su naturaleza y cómo se logra. Algunas personas le dirán que el crecimiento espiritual es totalmente opcional: que un creyente puede vivir el estilo de vida que elija después de la confesión de fe. Otros te dirán que el crecimiento espiritual ocurre por propagación intrínseca, a medida que los creyentes reflexionan sobre la gracia de Dios en sus vidas y viven en consecuencia.

La verdad es que el crecimiento espiritual legítimo requiere trabajo. De hecho, las Escrituras enseñan que la verdadera santificación es el producto del poder habilitador de Dios y de la autodisciplina piadosa del creyente. Así es como el apóstol Pablo describió el trabajo cooperativo de crecimiento espiritual. 
Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito. Filipenses 2:12-13 (LBLA)
 Como vimos la última vez, la santificación es esencialmente el trabajo del creyente en extraer las riquezas espirituales que Dios colocó dentro de él al momento de la salvación. Es la búsqueda activa y agresiva de la obediencia.

En Filipenses 2:12, Pablo sugiere cinco verdades que los creyentes deben entender para consolidar tal búsqueda. Hoy examinaremos solo dos de ellas. 

El ejemplo de Cristo

La  primera verdad para el creyente que trabajan en su santificación es comprender el ejemplo de Cristo. La frase "entonces" es la traducción de la partícula griega hōste, que es utilizada para sacar la conclusión de una declaración anterior. Aquí se refiere al ejemplo de Jesucristo, cuyo modelo perfecto de humildad, sumisión y obediencia fue descrito anteriormente en la epístola (Filipenses 2:5-8).

En Su encarnación, Jesús no se aferró a Su paridad con Dios el Padre, sino que se despojó de Sus derechos y prerrogativas divinas. Tomando la forma de un humilde esclavo, fue obediente a su Padre celestial, hasta el punto de morir en la cruz como sacrificio por el pecado. También es cierto que el autovaciamiento del Hijo de Dios lo colocó en el papel de un servidor de la voluntad del Padre y del poder del Espíritu Santo. De hecho, una de las más grandes realidades de la encarnación fue que todo lo que hizo Jesús lo hizo en el poder del Espíritu (véase Lucas 4:1, 14, 18, 5:17, Hechos 10:38).

La vida de Cristo, entonces, es el ejemplo perfecto de cómo debemos vivir y crecer como creyentes. La esencia de vivir la vida cristiana es ser obedientes como Él: "El que dice que permanece en [Cristo], debe andar como El anduvo". (1 Juan 2:6 LBLA). 

El amor de Cristo

Las siguientes palabras de Pablo en Filipenses 2:12 sugieren una segunda verdad para los creyentes que trabajan en su santificación, entendiendo que son muy amados. "amados míos" fue sin lugar a dudas una palabra de consuelo y aliento. El apóstol sabía que los filipenses enfrentarían muchas desilusiones y fracasos mientras buscaban seguir el ejemplo del Señor viviendo para Él. El amor de Pablo por ellos era el reflejo del amor de Cristo por su iglesia (véase Filipenses 1:8).

Pablo era muy consciente de sus debilidades y defectos. Pero así como el Señor lo hizo con él y lo hace con todos Sus hijos, el apóstol tuvo en cuenta sus fallas. Ellos no servían a una deidad dura e inmisericorde, como lo hacían sus vecinos paganos. Sirvieron a un Señor misericordioso, indulgente y misericordioso, que siempre estuvo dispuesto a restaurarlos para tener comunión consigo mismo.

A pesar de sus imperfecciones, los creyentes filipenses eran los hermanos y hermanas "amados" de Pablo y del Señor, a quienes anhelaba "con el afecto de Cristo Jesús" (Filipenses 1:8). Pablo no solo los consideraba amados, sino que hablaba de ellos como su "alegría y corona", a quienes anhelaba ver y les suplicaba  "estad así firmes en el Señor" (Filipenses 4:1). Entendió que, así como él, ellos todavía no se habían "perfeccionado", que ellos también estaban esforzándose para "asirse de aquello por lo que [habían sido] asidos por Cristo Jesús", sin considerarse a sí mismos "como habiéndolo alcanzado todavía;...olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndose a lo que está adelante", persistían fielmente "hacia la meta, para recibir el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús". (Filipenses 3:12-14).

El encargo de Pablo de que se desempeñaran en su salvación no era una norma desinteresada. Fue más bien un llamado afectuoso a seguir el ejemplo de Cristo, en la confianza de su amor, al practicar las cosas que "aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis" en Pablo (Filipenses 4:9).

El amor de Dios reconoce y comprende las fragilidades de sus hijos. Es un amor indulgente que permite el fracaso, no por el pecado abierto e impenitente, sino por la lucha de romper viejos patrones pecaminosos y establecer nuevos piadosos.

Comprender el ejemplo de Cristo perfecciona en nuestra mente el objetivo y los medios del crecimiento espiritual. Y al comprender el amor de Dios, el amor paternal brinda aliento a través del proceso de crecimiento espiritual. Pablo todavía tiene tres verdades más vitales que sostienen y estimulan nuestra santificación. Y ahí es donde lo recogeremos la próxima vez.


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Filipenses 2:12

La vida cristiana es cualquier cosa menos una búsqueda pasiva. El Nuevo Testamento ordena a los creyentes "sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección de parte de Dios" (2 Pedro 1:10), llevar "todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo" (2 Corintios 10: 5), "esforzarse por entrar por la puerta estrecha" (Lucas 13:24), "correr" para que podamos obtener el premio (1 Corintios 9:24), y "ocupaos" en vuestra salvación (Filipenses 2:12). Nuestro crecimiento espiritual implica claramente el esfuerzo humano. Pero, ¿qué debemos hacer con la soberanía de Dios sobre nuestro crecimiento?

En los últimos años, esa pregunta ha alimentado un intenso debate teológico sobre la fuerza impulsora detrás de la santificación. ¿El crecimiento espiritual es producido por el creyente o Dios lo realiza soberanamente?

En Filipenses 2:12-13, Pablo lo presenta como una verdad contradictoria o paradójica: 
“Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito”. LBLA.
¿Quién es responsable de nuestra santificación? La respuesta es más compleja de lo que algunos creen.

Pablo ve la santificación como una moneda de dos caras. Él se enfoca primero en el papel del creyente en la santificación. Algunos expositores mal guiados interpretaron erróneamente esta exhortación como si dijera: "ocupaos por vuestra salvación", "trabajad por vuestra salvación". Pero tanto en el contexto inmediato de esta carta como en el contexto más amplio del Nuevo Testamento, ninguna de esas interpretaciones son correctas. Pablo no está hablando de alcanzar la salvación por el esfuerzo humano o por la bondad, sino vivir la nueva vida que Dios nos ha otorgado por gracia.

Viva por la Fe
A los Efesios, Pablo escribió: "Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe." (Efesios 2:8-9 LBLA).

La fe sola siempre ha sido el camino de la salvación. Noé fue un hombre justo por la fe (Génesis 6:9, Hebreos 11:7). Abraham fue salvado por la gracia de Dios obrando a través de su fe personal: "Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia" (Romanos 4:3). La ley mosaica no alteró el camino de la salvación. Fue solo por fe que Moisés y todos los santos del Antiguo Testamento fueron salvos (Hebreos 11:23-38). Todos esos hombres y mujeres creyentes "obtuvieron aprobación por medio de su fe" (Hebreos 11:39 LBLA), por lo cual Dios les concedió Su justicia-salvación por adelantado a cuenta de la futura muerte de Su Hijo.

Trabajando en lo que Dios trabajó
Entonces, la salvación proviene solo de Dios, sin embargo, en Filipenses 2:12, Pablo se enfoca en la responsabilidad de los creyentes de vivir vidas que sean consistentes con ese don divino.

Estrabón era un antiguo erudito romano que vivió unos sesenta años antes de Cristo. Él registró las cuentas sobre algunas minas de propiedad romana en España. En sus registros él utiliza el mismo verbo que Pablo utilizó en Filipenses 2:12, katergazomai, cuando se refiere al desempeño de los romanos que trabajaban en las minas. El punto de vista de Estrabón era que los romanos estaban extrayendo de las minas toda la riqueza y valor que estas contenían.

Esa es una expresión adecuada de lo que significa katergazomai (desempeñar) en Filipenses 2:12. Estoy extrayendo de mi vida, con gran desempeño, todo lo que Dios ha depositado abundantemente en la salvación. Debo producir valiosas pepitas de carácter piadoso que Él plantó cuando me salvó.

Trabajando por medio del Espíritu
Todo en la vida requiere energía. Se necesita energía para caminar y trabajar. Se necesita energía para pensar y meditar. Se necesita energía para obedecer y adorar a Dios. ¿De dónde obtiene el creyente la energía para crecer como cristiano, para vivir una vida santa, fructífera y agradable para el Señor? Filipenses 2:13 nos muestra que Dios es la fuente de esa energía santificadora que se nos manda utilizar. En palabras del apóstol Pablo en Gálatas 5:25, tenemos que si "vivimos en el Espíritu, andemos también por el Espíritu".

Entonces, ¿quién es responsable de tu crecimiento como cristiano? Dios es responsable de proporcionar todo lo que necesitas para la vida y la piedad, y tú eres responsable de utilizar activamente ese poder para crecer en la santificación para su gloria. La paradoja se encuentra en que el creyente es totalmente responsable y, sin embargo, totalmente dependiente de la provisión de Dios. Puede que no comprendamos por completo la paradoja, pero podemos ejercer fe en que quede resuelta por medio de la sabiduría infinita de Dios y responder en obediencia a sus mandamientos.

Las palabras de Pablo sugieren cinco verdades que los creyentes deben entender para mantenerse en la búsqueda del desempeño en la salvación. Si Dios así lo permite estaré abordando cada una de ellas en los próximos días.


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2 Corintios 7:1; Filipenses 2:12-13; Santiago 2:17

¿Cómo vence usted al pecado y vive la vida cristiana? ¿Derrotar al pecado es algo que Dios hace en usted, o usted lo derrotará a través de la obediencia a la Palabra de Dios? En otras palabras, ¿es la vida cristiana un ejercicio de confianza pasiva o  de obediencia activa? ¿Esto es toda una actividad de Dios, toda una actividad del creyente, o es una combinación de ambos? Estas preguntas son tan antiguas como la iglesia misma, y las variadas respuestas han dado lugar a movimientos y denominaciones. 

Este no es un problema poco común cuando se trata de la verdad espiritual. Muchas doctrinas implican aparentes contradicciones o paradojas. Por ejemplo, Jesucristo es completamente Dios y completamente hombre; y mientras la Biblia fue escrita por autores humanos, Dios escribió cada palabra. El Evangelio se ofrece a todo el mundo, pero sólo se aplica a los elegidos. Dios asegura la salvación eterna de los creyentes, sin embargo, se les ordena perseverar.

Los cristianos que tratan de conciliar cada doctrina de una manera humanamente racional, inevitablemente, se sienten atraídos por los extremos. Tratando de eliminar todo el misterio y paradoja, hacen hincapié en una verdad o un aspecto de la Palabra de Dios a costas del otro, que parece contradecirla. Así es precisamente como muchos cristianos han manejado la doctrina de la santificación. Uno de los puntos de vista acerca de la santificación hace hincapié en el papel de Dios en la exclusión de los esfuerzos del creyente. A esto se le denomina quietismo. En tanto que al extremo opuesto se le llama el pietismo.

El quietismo ve a los creyentes como pasivos en la santificación. Una máxima común es, "déjalo ir y déjalo en manos de Dios" Otro es, "yo no puedo; Dios puede". El quietismo tiende a ser místico y subjetivo, centrándose en los sentimientos y experiencias personales. Una persona que está totalmente sometida y dependiente de Dios, dicen ellos, estará protegida divinamente del pecado y conducida a una vida fiel. Tratar de luchar contra el pecado o disciplinarse para producir buenas obras es considerado no sólo inútil, sino antiespiritual y contraproducente.

Una defensora de este punto de vista fue la devota Hannah Whitall Smith, cuyo libro El secreto cristiano de una vida feliz ha sido leído por millones. En él, ella escribe:
¿Qué se puede decir acerca desde la parte del hombre en este gran trabajo, que debe rendirse continuamente y confiar continuamente? Pero cuando llegamos a la pregunta desde el lado de Dios, ¿Qué hay que no se pueda decir acerca de las múltiples formas en que Él realiza el trabajo que se le ha confiado? Es aquí donde entra el crecimiento. El trozo de arcilla nunca podría convertirse en una hermosa vasija si permanece en el pozo de arcilla durante miles de años; pero cuando es colocada en las manos de un alfarero hábil, crece rápidamente, bajo su hechura, en la vasija que pretende que sea. Y de la misma manera, el alma, dejada al trabajo del Alfarero celestial, se convierte en una vasija para honra, santificada y reunida para aprovechamiento del Maestro. (Westwood, N.J .: Revell, 1952, 32.)
Cómo un cristiano puede caer en el pecado es una pregunta difícil de responder para el quietista. Se ven obligados a argumentar que una persona así obviamente malinterpreta el asunto de la rendición completa, y se ha zafado de las manos del Alfarero celestial. Pero esa respuesta defectuosa pone en tela de juicio la soberanía de Dios: si el Señor tiene el control absoluto, ¿cómo puede un creyente zafarse de las manos de Dios?

Los pietistas, por otro lado, son típicamente agresivos en su búsqueda de la pureza doctrinal y moral. Históricamente, este movimiento se originó en la Alemania del siglo XVII como una reacción a la ortodoxia muerta de muchas iglesias protestantes. En su defensa, la mayoría de los pietistas ponen gran énfasis en el estudio de la Biblia, la vida santa, la autodisciplina y el cristianismo práctico. Ellos enfatizan pasajes tales como "Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios". (2 Corintios 7: 1) y "Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma"(Santiago 2:17).

Desafortunadamente, esta visión desequilibrada a menudo lleva a un énfasis excesivo en el auto-esfuerzo a la exclusión de la dependencia del poder divino. Como era de esperar, el pietismo con frecuencia conduce al legalismo, el moralismo, la justicia propia, un espíritu crítico, el orgullo y la hipocresía.
  • El quietista dice: "No hagas nada".
  • El pietista dice: "Haz todo". 
En Filipenses 2:12-13, Pablo presenta la resolución apropiada entre los dos. Él no hace ningún esfuerzo para armonizar racionalmente la parte del creyente y la parte de Dios en la santificación. Él está contento con la paradoja y simplemente declara ambas verdades, diciendo que por un lado, la santificación es de los creyentes (Filipenses 2:12), y por otro lado, es de Dios (Filipenses 2:13).

La verdad es que la santificación es la obra de Dios, pero Él la realiza a través de la autodisciplina diligente y las buenas obras de su pueblo, no a pesar de ellos. El trabajo soberano de Dios no absuelve a los creyentes de la necesidad de obediencia; significa que su obediencia es en sí misma una obra de Dios autorizada por el Espíritu.

Hoy en día hay un debate intenso dentro de la iglesia sobre este tema vital. Hay mucho en juego: su punto de vista de la santificación comunica  y controla cómo entiende su nueva naturaleza en Cristo, cómo evangeliza a los demás, cómo busca la piedad, cómo gobierna su corazón y mente, cómo cría y disciplina a sus hijos, y cómo comprende y sigue los mandamientos de Dios en las Escrituras. Para los pastores y los líderes de la iglesia, su posición sobre este tema determinará cómo predica y enseña, cómo aconseja a los corazones con problemas y cómo se involucra en la disciplina de la iglesia.

Ni el quietismo, ni el pietismo representan el camino bíblico hacia la santificación. Ambas son zanjas espirituales para evitarlas; impedirán su progreso espiritual y potencialmente lo obstruirán por completo.

En los días venideros, vamos a examinar el modelo de santificación que Pablo presenta en Filipenses 2, y explorar las realidades duales del trabajo soberano de Dios y la responsabilidad del hombre.

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Introducción
Cuando se trata del anuncio, proclamación y predicación del evangelio acerca de Cristo Jesús, evangelismo,  el empeño por comprender el contexto (creación, la rebelión, la redención, restauración) y el contenido  del Evangelio es para que podamos explicarlo con claridad, que puedan ver su necesidad de Cristo y ser atraídos al bien. La veracidad del evangelio se basa en la evidencia de muchos testigos oculares, incluyendo a Pablo mismo, y esta  gran verdad que se proclama es la base fundamental.

Ahora, amados hermanos, permítanme recordarles la Buena Noticia que ya les prediqué. En ese entonces, la recibieron con gusto y todavía permanecen firmes en ella. Esa es la Buena Noticia que los salva si ustedes siguen creyendo el mensaje que les prediqué, a menos que hayan creído algo que desde un principio nunca fue cierto.
Yo les transmití a ustedes lo más importante y lo que se me había transmitido a mí también. Cristo murió por nuestros pecados tal como dicen las Escrituras. Fue enterrado y al tercer día fue levantado de los muertos, tal como dicen las Escrituras. Lo vio Pedro y luego lo vieron los Doce. Más tarde, lo vieron más de quinientos de sus seguidores a la vez, la mayoría de los cuales todavía viven, aunque algunos ya han muerto. Luego lo vio Santiago, y después lo vieron todos los apóstoles. Por último, como si hubiera nacido en un tiempo que no me correspondía, también lo vi yo; 1 Corintios 15:1-5 NTV.

La persona viene a Cristo cuando el Espíritu Santo le abre los ojos para ver su necesidad de Él. Pero una vez que ven su necesidad de Cristo, deben hacer algo, deben responder. Considere esta indicación acerca de la naturaleza del ministerio de Jesús entre las personas que lo siguieron.
Examine los siguientes pasajes  Mateo 16; Marcos 8; Lucas 9. En la primera parte del ministerio de Jesús está preparando a las personas para que ellos sepan exactamente quién es Él. Jesús hace esto a través de sus enseñanzas y milagros, sus acciones y su ministerio. Durante este tiempo, Jesús les está mostrando quién es. Ahora, en la narrativa hay un punto de transición agudo para las personas que lo siguen. Observe que hay un "círculo exterior" de seguidores, buscadores, que están aprendiendo de Jesús y acerca de él. Pero en algún momento, Jesús pide una respuesta, él llama a creer. Es aquí donde Jesús les hace la pregunta fundamental: "¿Quién dices que soy?" Cuando alguien profesa fe, son introducidos en el "círculo interior" de los seguidores de Jesús, la Iglesia.

Observe que, al explicar el contexto y el contenido del Evangelio a alguien, usted le está explicando quién es Jesús. Esas verdades bíblicas, esas realidades, esos contextos que explican nuestra cosmovisión deben atraer a las personas a Jesús, la vida eterna. En este punto se requiere una respuesta. Una vez que esa persona se enfrenta a la persona de Jesucristo y su gracia amorosa, si Dios quiere, clamarán "¿qué debemos hacer para tener esta salvación?"

Según la Biblia, nuestra respuesta al evangelio implica volvernos a Cristo, lo cual implica apartarnos del pecado. ¡Si nos arrepentimos de nuestro pecado y ponemos la fe en Cristo, seremos salvos! Así que la fe y el arrepentimiento son la respuesta apropiada al evangelio. Escuche las primeras palabras de Jesús como se registran en el Evangelio de Marcos:
«¡Por fin ha llegado el tiempo prometido por Dios! —anunciaba—. ¡El reino de Dios está cerca! ¡Arrepiéntanse de sus pecados y crean la Buena Noticia!». Marcos 1:15.
Entendamos que al comienzo del ministerio de Jesús, Él proclamó que el tiempo del cumplimiento había llegado. Como ustedes saben, antes de Jesús, Juan el Bautista había estado predicando a Israel que su Mesías venía y que Israel se arrepentiría de su fracaso en guardar el pacto de Dios.

Al principio del ministerio de Jesús, la "buena noticia" era simplemente que el reino estaba cerca. Todavía no estaba claro cómo exactamente se establecería. Sin embargo, la buena noticia de que el reino estaba iniciando con el propio ministerio de Jesús era una promesa de que el reino se establecería. Y así fue. Jesús estableció Su reino a través de Su muerte por el pecado y Su resurrección. De la manera que proclamó en el Evangelio, la respuesta adecuada a la venida del reino fue el arrepentimiento y la fe en esta buena noticia. Esta respuesta es demostrada en el pueblo de Dios: fe y arrepentimiento mientras confiamos en él y en su palabra. Pero, ¿cómo se relacionan la fe y el arrepentimiento?

Fe y arrepentimiento son los "dos lados de una moneda"
Como lo expresa el pastor Derek Radney: "Los protestantes han afirmado durante mucho tiempo que sólo por la fe en el Evangelio somos salvos. El grito protestante 'Sola Fide' (solo la fe) resume nuestra comprensión de lo que la Biblia enseña acerca de cómo los beneficios del Evangelio vienen a nosotros personalmente. Esto se opone a cualquier doctrina, pero particularmente a la doctrina católica, la vual sostiene que la salvación viene a través de la fe en el Evangelio y nuestras obras de obediencia. Mientras que los católicos romanos creen que la fe más las obras dan lugar a la justificación ante Dios, los protestantes creemos que la fe da lugar a la justificación y las obras".

Con esto dicho, es fácil entender mal los pasajes discutidos arriba que todos llaman a la fe y al arrepentimiento. Como veremos más adelante, la fe y el arrepentimiento son distintos, pero son inseparables. Una persona no puede confiar en Jesús separadamente de apartarse de su pecado. Hay dos lados de la moneda en la conversión, dos aspectos distintos pero inseparables: la fe y el arrepentimiento. Como dijo el reformador Juan Calvino, "del árbol de la fe viene el fruto del arrepentimiento, las dos son respuestas interdependientes, la una está incompleta sin la otra." John Murray reconoce que: "es imposible separar la fe del arrepentimiento. La fe salvadora está impregnada de arrepentimiento y el arrepentimiento está impregnado de fe".

Fe
La fe es una palabra que a menudo ha sido mal utilizada, incluso en la literatura cristiana. Por ejemplo, si usted le preguntara a alguien en la calle lo que ellos creen que es "fe", podría recibir una respuesta similar a la que Greg Gilbert postula: "... mientras que usted puede que consiga algunas palabras que suenan respetuosas, el corazón de la materia muy probablemente sea que la fe es creencia en el ridículo contra toda evidencia." Una falsa comprensión de la fe "cree que la fe es la tenencia de una idea ridícula contra todas las pruebas". Muchos cristianos han sutilmente cometido este error y malinterpretado la idea bíblica de la fe por completo. Este malentendido conduce a dos errores graves.

  • Primero, creen erróneamente que confiar en Cristo es algún tipo de compromiso absurdo contra la razón, la evidencia histórica y hasta el sentido común. Muchos cristianos encuentran falsa seguridad en esta comprensión de la "fe" porque se sienten justificados en no tener que contender con ninguna discrepancia al cristianismo. Pero esto socava la misma naturaleza histórica del Evangelio.
  • En segundo lugar, lo que muchos cristianos no toman en cuenta es que pensar en la fe como "creer en contra de todas las pruebas" coloca el enfoque sobre sí mismos antes que en el objeto de su fe. Por lo tanto, uno comienza a enfocarse en el grado de confianza y compromiso que tienen con la fe en lugar de enfocarse en el objeto de esa fe, a saber, Cristo mismo. Esto es lo que lleva a tantos cristianos a luchar constantemente con la duda de su salvación. Cuando examinamos constantemente la fuerza de nuestra 'fe', sólo acabaremos desesperados al ver cuán pequeña es nuestra confianza.

Estos dos errores son incompatibles con la verdadera fe del evangelio. Profundizando estos dos errores observamos las mismas premisas en las que se construyen todas las falsas religiones. Cuando uno examina todas las falsas religiones y las enseñanzas de sus fundadores, se hace evidente que enseñan un camino hacia la salvación. Esta es la principal distinción entre la "falsa religión" y la religión basada en el evangelio de Jesucristo. La falsa religión es "salvación a través del esfuerzo humano", mientras que la verdadera religión basada en el Evangelio es la salvación a través de la gracia. En comparación con estas dos proposiciones, Jesús es el único que realmente afirmó ser "el camino de salvación mismo".  Esto es a lo que el Apóstol Pablo se refiere cuando proclama que somos justificados por la fe. Romanos 3:23, 5:1; Gálatas 2:16; Filipenses 3:9.

Otras religiones establecen algún tipo de ley o "camino" que debe ser mantenido como medio de salvación. El cristiano se da cuenta de que no pueden cumplir la ley perfecta de Dios, y debe entender que Cristo lo hizo. Cristo hizo lo que no pudimos hacer, y nos ofrece por pura gracia el perdón. La fe es el medio por el cual recibimos la salvación. Piénsalo, la salvación por la gracia quita todo jactancia en nosotros mismos. Permítame re-escribir lo que el teólogo británico Richard Hooker escribió en 1593:

"Dios salva al creyente, no por la dignidad de su fe, sino por la dignidad de Cristo, en quien cree."

La vida cristiana debe ser una vida de constante examen de la bondad de Dios revelada en el Evangelio de Jesucristo. Esta buena noticia nos obliga a confiar cada vez más en Dios porque vemos la suficiencia de Cristo en comparación con nuestra propia pecaminosidad. Por lo tanto, el conocimiento del evangelio de Jesucristo es esencial para la fe salvadora. Igualmente incluye el reconocimiento de las verdades contenidas en el evangelio.

Pero la fe permanece incompleta sin la confianza; necesitamos confiar a Jesús. Desde tan temprano como la Reforma, los teólogos vieron la fe salvadora como teniendo tres componentes: notitia (conocimiento), assenso (asentimiento) y fiducia (confianza). Tener fe en Cristo, que a través del Espíritu Santo sella nuestra unión con él, es el medio por el cual Dios considera la justicia de Cristo como la nuestra,  esto es "salvación por medio de la fe en Cristo". Romanos 3:21–26; 5:17–21; Gálatas 2:16; Efesios 2:8–9; Filipenses 3:9. Para demostrar esta verdad los redactores de la Escritura a menudo usan dos cosas para explicar lo que la fe es a modo de contraste.

  1. La fe se contrasta constantemente con las obras. Las Escrituras dicen que "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe." Efesios 2:8–9 También leemos que "Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley." 2 Timoteo 3:15. Tenga en cuenta que Pablo contrasta la fe y las obras en ambos pasajes. Somos salvos por la fe por la gracia de Dios y no por nuestras obras. Somos salvos, no como resultado de nuestras obras, sino por la fe en Jesucristo. De hecho, estamos justificados aparte de las obras de la ley.
  1. La fe se contrasta constantemente con la vista. De nuevo, leemos en la Biblia que "Pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos." Romanos 3:28. También sabemos que "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve." Hebreos 11:1. Pablo explica que la vida cristiana es una caminata de fe y no de vista. Él no quiere decir, como discutimos arriba, que ser cristiano significa creer sin evidencia de que Dios es real y Cristo realmente murió y resucitó de entre los muertos. Él quiere decir que confiamos en que Dios hará lo que prometió hacer. A lo largo de la historia, ha sido siempre la confianza en las promesas de Dios, la manera en que se han salvado las personas.

La fe es la confianza total en Jesucristo; una persona real. La fe como confianza debe ser entendida como "una confianza sólida, fundada en la verdad, basada en la promesa, en el Jesús resucitado para salvarte de tu pecado". Nótese que la fe está en Jesús y no en sí mismo.

Arrepentimiento
Al entrar al tema del arrepentimiento, recuerde que hay dos lados de la moneda en la "respuesta del evangelio", dos aspectos distintos pero inseparables, fe y arrepentimiento. A través de la Biblia, Dios llama a la gente a volverse/regresar a él para ser salvos de su propia destrucción y su propia ira.  Isaías 6:10; Jeremías 18:8. En las páginas del Nuevo Testamento vemos a Cristo predicar con el fin de que la gente se volviera a Dios en arrepentimiento, Mateo 3:2; 4:17; también vemos a Pablo resumir el objetivo de predicar de la siguiente manera:
"He tenido un solo mensaje para los judíos y los griegos por igual: la necesidad de arrepentirse del pecado, de volver a Dios y de tener fe en nuestro Señor Jesús…  ...Primero les prediqué a los de Damasco, luego en Jerusalén y por toda Judea, y también a los gentiles: que todos tienen que arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y demostrar que han cambiado, por medio de las cosas buenas que hacen." Hechos 20:21; 26:20
En el lenguaje bíblico "arrepentirse" implica un giro total, una alteración radical dentro del núcleo del ser. Y el giro que estamos llamados a hacer para ser salvos es fundamentalmente una vuelta a Cristo como nuestra única esperanza. Volverse a Cristo requiere un verdadero reconocimiento del pecado y una necesidad de salvación, es una cuestión de corazón. El arrepentimiento no sólo significa un cambio de conducta, sino que trata principalmente con el cimiento de nuestras acciones y con la fuente de nuestras motivaciones.

Convertirse a Dios implica necesariamente que nos alejemos del pecado. La Biblia entera enseña claramente que arrepentirse es "reconocer el nombre [de Dios] y apartarse de [nuestros] pecados". 1 Reyes 8:35; 2 Crónicas 7:14; Jeremías 36:3; Ezequiel 14:6; 18:30; Hechos 3:19; 8:22; 26:18; Apocalipsis 2:21–22; 9:20–21; 16:11. Es de vital importancia señalar que el arrepentimiento es una obra de Dios en nosotros. Dios permite a los humanos ver su pecado y arrepentirse. Cuando somos salvos por la gracia ya no somos esclavos del pecado. Aunque aún luchamos con él, Gálatas 5:17. Dios nos ha dado el don del arrepentimiento Hechos 11:18, y hemos sido liberados del poder dominador del pecado.

A muchos cristianos se les ha enseñado que el verdadero arrepentimiento es convertirse del pecado y nunca regresar. Por lo tanto, muchos cristianos terminan concluyendo que nunca realmente se han arrepentido sinceramente ya que continúan luchando en ciertas áreas. Otros concluyen, y esto es mucho más peligroso, que fueron sinceros y desde entonces no han pecado de manera seria. Esta noción de arrepentimiento es errónea porque comete el mismo error equivocado que muchas personas hacen con respecto al pecado. Una vez más, este entendimiento defectuoso pone el foco en el yo y en nuestra sinceridad. Debemos recordar que el verdadero arrepentimiento no da lugar a la perfección en esta vida. El verdadero arrepentimiento es estar de acuerdo con Dios en que somos pecadores y completamente indefensos, necesitados y dependientes de un salvador. Para el cristiano esto debe resultar en un odio por el pecado y también nos impide vivir en paz con nuestro pecado.

Fe y arrepentimiento a lo largo de la vida
Cuando Pablo le pidió a sus lectores que no se conformara al patrón del mundo, sino que se transformaran por la renovación de sus mentes, está presentando ante ellos un desafío de por vida. Romanos 12:2. Hay ciertamente una fe y arrepentimiento preliminar que inicia la peregrinación de un cristiano, pero estos elementos deberían también determinar todo el trayecto del recorrido. Nunca vamos más allá de creer y responder al Evangelio. El evangelio no es sólo para la conversión. La santificación es la aplicación continua del evangelio a cada área de nuestras vidas.

Es importante que los cristianos hagan una práctica de "fe y arrepentimiento" para evitar caer en las trampas vacías de religión e irreligión. La religión hace hincapié en la verdad sin la gracia; dice que debemos obedecer para ser salvos. Por otro lado, la irreligión hace hincapié en la gracia sin verdad, dice que todos somos aceptados por Dios y debemos decidir lo que es verdad para nosotros. Pero el evangelio de Jesucristo es totalmente diferente. En el evangelio somos libres para ver que somos más pecaminosos de lo que jamás nos atreveríamos a creer, mientras que al mismo tiempo somos más aceptados de lo que jamás nos habíamos atrevido a esperar.

Cuando observamos a Cristo como nuestra única esperanza, y su libre gracia permite nuestro perdón, somos impulsados a una vida de fe y arrepentimiento. Cuando pecamos, y todos nosotros lo haremos, no perdemos la esperanza como los religiosos porque nuestra esperanza está en Cristo. En contraste con los irreligiosos, no ignoramos nuestro pecado, sino que somos capaces de enfrentarlo abiertamente porque Cristo lo derrotó en la cruz. Este tipo de "mentalidad evangélica" debe atraer a la gente "al bien", a Cristo, porque resuena con la realidad del corazón humano.

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Miles de religiones existen en el mundo hoy día, pero ¿cuál es la verdadera religión? ¿Cómo puede alguien saber si alguna religión es mejor que otra o si alguna religión particular es  la verdadera? Saber cuál es la religión verdadera implica conocer la definición de la palabra misma; no obstante definir qué es religión ha sido y es motivo de controversia.

Por un lado hay quienes la definen como:

Las doctrinas constituidas por un conjunto de principios, creencias y prácticas en torno a cuestiones de tipo existencial, moral y sobrenatural, por lo general basadas en textos de carácter sagrado, que unen a sus seguidores en una misma comunidad moral.

Por otro lado lo definen como:

El vínculo de piedad por el que el hombre está religado a Dios, o la  sincera relación con Dios mediante el vínculo de la piedad. Religión sería la forma de religar al hombre con Dios y, por parte del hombre, de sentirse criatura dependiente del Dios Creador.

El pensamiento común es el de un sistema religioso centrado en un conjunto particular de creencias y prácticas requeridas dentro de la religión. Por ejemplo, el Islam tiene cinco pilares esenciales que debe ponerse en práctica entre todos los musulmanes. El budismo incluye las 4 verdades nobles y el camino óctuple. El judaísmo sigue la ley de Moisés escrita en la Torá. Esta forma de pensamiento tiene la dificultad de que no logra superar las exigencias de Dios, por lo que ningún nivel de obras puede hacer que una persona sea lo suficientemente buena como para alcanzar la eternidad con Dios en el cielo (Efesios 2:8-9). De hecho, la Escritura afirma que todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). El merecido castigo por el pecado humano es la separación eterna de Dios o la muerte eterna (Romanos 6:23).

Aún cuando el cristianismo tiene un sistema de creencias religiosas único no se fundamenta en rituales, prácticas sino más bien en una relación. En el cristianismo bíblico, la única solución al problema del pecado se encuentra en Jesucristo. Como Dios perfecto y hombre perfecto, vino a la tierra para ofrecer Su propia vida como un sustituto por nosotros, a causa de nuestro pecado. (Romanos 5:8). Es decir, Cristo tomó la iniciativa de venir al mundo en la forma del Hijo de Dios, Jesucristo, para pagar el precio por nuestros pecados. Jesucristo murió en nuestro lugar cuando Él fue crucificado en la cruz.  Cristo tomó el castigo en Sí mismo en nuestro lugar. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” (2 Corintios 5:21).

Como resultado de esa obra sustitutiva, si confesamos que Jesús es el Señor y creemos que Dios lo resucitó de entre los muertos, seremos salvos (Romanos 10:9). Por el don de la gracia de Dios somos salvos del pecado por medio de la fe en Jesús (Efesios 2:8). El resultado es el perdón del pecado (Hechos 10:43) y la vida eterna (Juan 3:16).

Sin una relación con Jesucristo por medio de la fe, la religión es insuficiente para hacernos justos ante Dios. En cambio, recibimos a Jesús por fe (Juan 1:14) y nos convertimos en hijos de Dios. Como resultado de nuestras vidas transformadas, le servimos a Él y a otros como un acto espiritual de adoración (Romanos 12: 1-2). La verdadera religión incluye la forma en que vivimos (Santiago 1:27), pero implica más de un conjunto de reglas o rituales.

¿Ha buscado conectarse con lo divino y sobrenatural, explicar el sentido de la vida, o satisfacción espiritual para superar el sufrimiento y alcanzar la felicidad, basado en la observancia escrupulosa del culto y las obras, en lugar de una relación con Jesús?  Si es así, has tomado el camino equivocado y vas directo hacia tu propia destrucción.

Hoy mismo te desafió a reconocer que eres un pecador, y que necesitas la ayuda y el perdón de Dios; por lo tanto  arrepiéntete de tus pecados y deposita tu confianza en el Señor Jesús. Te invito a entrar por el camino de una verdadera relación con Dios y tendrás vida eterna. "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado."  Juan 17:3.



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La definición tradicional de la palabra tolerancia y la manera en que la palabra se usa ahora son muy diferentes. Originalmente, la tolerancia significaba reconocer que los demás tienen creencias diferentes y aceptar que es su derecho a hacerlo. De esta manera, los cristianos deben ser absolutamente tolerantes. Recientemente, la tolerancia ha llegado a significar aceptar que esas otras creencias son ciertas, algo que los cristianos absolutamente no pueden hacer.

La Biblia es específica en cuanto a que debemos esperar que los demás tengan diferentes creencias acerca de Dios. Gálatas 4:8 dice que los que no conocen al Dios verdadero son esclavos de los que no son dioses. Romanos 1:18-25 explica que aunque Dios ha dado evidencia de Su naturaleza en la creación, muchos se negarán a creer lo que sus ojos les dicen. Y Lucas 10:21-22 dice que en ocasiones, es el propósito de Dios que la persona no lo vea; Dios a menudo cierra los ojos de aquellos que en su orgullo, confían en las capacidad propias para encontrar a Cristo, en lugar de buscarle en la humildad de sus corazones.

Los cristianos deben tolerar a otros cuando tienen diferentes creencias acerca de Dios. Pero, ¿debemos esperar tolerancia a cambio? Lucas 6:22 dice que esperamos bendecidos cuando otros nos rechazan porque seguimos a Cristo. Juan 15:18 dice que cuando el mundo nos odia, necesitamos recordar que lo hacen porque ellos odiaron a Cristo primero. Es una torpeza esperar la tolerancia de los demás hacia nuestras creencias cristianas, incluso si exigen tolerancia por las suyas. Dios nos ha dicho claramente: no lo conseguiremos.

Pero Dios también le ha dicho a los cristianos cuál debe ser nuestra respuesta cuando nos enfrentamos a la intolerancia. Mateo 5:43-48 dice que debemos amar a nuestros enemigos y orar por ellos. Romanos 12:20 dice que debemos solventar para ellos. No nos conducimos con las mismas reglas del mundo. No respondemos a la intolerancia con temor y odio. En su lugar, expresamos el amor de Cristo en nosotros.

Por desgracia, el mundo ya no define la "tolerancia" como el reconocimiento de que otros tienen una creencia diferente. Mas bien ha llegado a significar la plena aceptación o reconocimiento de esas creencias. Por supuesto, esta definición no tiene sentido razonable, porque abrazar este tipo de tolerancia obstaculiza cualquier opinión o creencia personal. Los cristianos no deben apoyar creencias religiosas que van en contra de lo que la Biblia enseña.

El problema con la tolerancia tal como se entiende ahora es aquella que rechaza la posibilidad de que exista la verdad objetiva o absoluta. La Biblia enseña que la verdad existe, que Dios es la verdad, y que debemos seguir en Su verdad. Juan 1:14 y 17 dice que Jesús, que vino del Padre, nos da la verdad. Juan 8:32 y Romanos 6:16-23 dice que la verdad nos libera del control del pecado.

La Biblia también es clara con respecto a los que ocultan o distorsionan la verdad en nombre de la tolerancia. Romanos 1:18 dice que quien obstaculizan la verdad recibirá la ira de Dios. En Mateo 28:19-20, Jesús dice que nuestra misión es enseñar a otros la verdad acerca de Él. 1 Corintios 13:6 (NTV) dice que el amor: "No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa". Juan 14:6 dice que Jesús es la verdad. Aunque los cristianos pueden reconocer el derecho de los demás a tener creencias diferentes, no podemos permitir que esas creencias no sean desafiadas, por una simple razón: es opuesto al amor, y Jesús nos llama al amor (Lucas 10:25-37).

Es inevitable que el mundo llame a los creyentes intolerantes, pero podemos mitigar el daño siendo intolerantes de la forma en que Dios nos enseña.
  • Primero, debemos conocer t capacitarnos en lo que creemos (1 Pedro 3:15).
  • Segundo, necesitamos saber cómo enseñar lo que creemos. 2 Timoteo 2: 23-26 NTV dice: Te repito: no te metas en discusiones necias y sin sentido que solo inician pleitos. Un siervo del Señor no debe andar peleando, sino que debe ser bondadoso con todos, capaz de enseñar y paciente con las personas difíciles. Instruye con ternura a los que se oponen a la verdad. Tal vez Dios les cambie el corazón, y aprendan la verdad. Entonces entrarán en razón y escaparán de la trampa del diablo. Pues él los ha tenido cautivos, para que hagan lo que él quiere.

En el calor del momento, ante el ataque y el rechazo personal, es fácil olvidar la razón por la cual manifestamos la verdad. No es para que seamos hallados justos y reivindicados, sino esperanzados de que la verdad liberará a otros.


¿Debería un cristiano ser tolerante con las creencias religiosas de los demás? Sí, en el sentido tradicional. La Biblia enseña que muchos rechazarán a Dios. Debemos estar preparados para aceptar eso, así como el hecho de que aquellos que rechazan a Dios rechazarán a Sus seguidores. Los cristianos no deben ser tolerantes en el sentido moderno. No debemos respaldar la creencia de que todas las religiones llevan a Dios, que la verdad es una realización personal, o que las creencias de todos son válidas. Jesús es la verdad. Los cristianos están llamados a tolerar, e incluso a amar, a estas personas sin aceptar sus falsas creencias.

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