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Gálatas  2:11-21

En este pasaje del texto Bíblico encontraremos a Pablo mostrando en la práctica como entendía y desarrollaba su vida cristiana basado en el mensaje del verdadero evangelio de Cristo. Este evangelio libera completamente al hombre de todo lo que lo controla y lo mantiene esclavizado. Conforme a lo dicho por Pablo a los Romanos, el verdadero evangelio libera al hombre de la carne, de la ley, del pecado, la ira de Dios y la muerte. Pero, sobre todo, el Evangelio también libera al cristiano de la hipocresía. Y específicamente en esta carta y en estos versículos encontramos esta verdad ilustrada y argumentada.

Hasta aquí hemos aprendido dos cosas importantes.
  • Primero nos enteramos de que el verdadero evangelio proclamado por Pablo, no depende de ninguna aprobación por parte de Pedro y los otros líderes de la iglesia de Jerusalén. Pablo estaba convencido de que el evangelio que estaba proclamando, era el verdadero evangelio que había recibido del Señor por medio de la revelación.
  • En segundo lugar, hemos aprendido que Pablo no era inferior a Pedro o cualquier otro apóstol. Lo que había de diferente era el enfoque de su misión, pero la misión era la misma: proclamar la salvación por medio de Jesucristo. Tenía la misma misión de proclamar la justificación por la fe basada en la gracia de Jesucristo, pero el enfoque era diferente: mientras que algunos irían a los judíos, Pablo y sus ayudantes darían prioridad a la evangelización de los gentiles.
Pero en este texto, nos encontraremos con otra lección importante. Incluso habiendo unidad de propósito, puede haber diferencias en las formas de proceder. Y cuando esto sucede, todo cristiano maduro tiene el derecho y el deber de advertir a su hermano de la necesidad de coherencia entre la predicación y el desarrollo de la vida cristiana. Y esto fue lo que sucedió en ocasión de la visita de Pedro a Antioquía, la tercera ciudad más grande del imperio, en lo que en la actualidad se conoce como Turquía.

Usted recordará que esta comunidad se menciona en el libro de los Hechos. Sabiendo que el Evangelio había llegado hasta allí por medio de los cristianos que se encontraban esparcidos cuando la muerte de Esteban, Hechos 11:19-20, los apóstoles que estaban en Jerusalén enviaron a Bernabé para averiguar cómo iban esos nuevos conversos, Hechos 11:22. Frente a la gracia de Dios obrando en aquellos nuevos hermanos, a través del ministerio de Bernabé junto con Pablo, aquella iglesia había crecido; ciertamente maduró y se fortaleció lo suficiente como para enviarlos más tarde en la primera jornada misionera, Hechos 13:14. Bueno, esta iglesia probablemente formada por mayoría gentil, en otra ocasión, recibió la visita de Pedro. Allí practicaban lo que Pablo había enseñado en esta carta en 3:28 cuando dijo que ya no había diferencia entre el judío y el griego, el esclavo y el hombre libre, entre varón y mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús. Y como resultado de esta nueva manera de vivir había comunión perfecta entre gentiles y judíos.

También vimos anteriormente cómo los judaizantes querían que los nuevos gentiles convertidos se sometieran a la práctica de ciertos requisitos de la ley mosaica, como la circuncisión y la separación entre las cosas puras e impuras. En Antioquía todo esto había desaparecido y no había ninguna distinción entre los dos grupos; y la señal de esta nueva realidad de la vida eran comidas en común, y ciertamente, la celebración de la cena conmemorativa todos, judíos y gentiles, la compartían con alegría. Cuando Pedro visitó la comunidad cristiana de Antioquía, participó en esta comunión tan especial con desenvoltura; porque después de todo, había sido a través de él oficialmente que el evangelio había llegado a los gentiles, durante su visita, predicación y ministerio en la casa de Cornelio, Hechos 10
. Ciertamente, los hermanos de Antioquía estaban satisfechos con su visita y él podía contarles hechos y detalles sobre el Señor Jesucristo cuando estuvo encarnado entre nosotros.

Pero en la misma ocasión llegaron a esta ciudad y a la comunidad cristiana algunos judíos procedentes de Jerusalén, que estaban vinculados al liderazgo de Santiago. Estos visitantes no entendían esa libertad que el evangelio proporciona y probablemente no entendían esa comunión tan íntima entre los judíos y gentiles. Pedro, por miedo a ser criticado por estos cristianos judíos tuvo un cambio de actitud, apartándose de los cristianos gentiles. Pedro vaciló; esto no fue correcto, y no fue coherente. Y frente a esto Pablo lo reprendió públicamente. Pablo mostró que esta actitud hipócrita no es coherente con el verdadero evangelio. El verdadero evangelio no permite este tipo de actitud inconsistente. Y así que, para desarrollarnos adecuadamente en nuestra vida cristiana, debemos ser conscientes de las exigencias de la verdad del evangelio. Como principio aplicable a nuestros días, este texto presenta la siguiente proposición: Cada cristiano debe proceder de manera coherente con el mensaje del verdadero evangelio que proclama.

En este texto encontramos cinco requisitos que nos ayudan a mantener la coherencia entre la vida y la predicación del verdadero evangelio.

I. El mensaje del verdadero evangelio requiere del cristiano un comportamiento intachable vs. 11-13

"Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos".

Pedro tuvo una gran experiencia al predicar el evangelio en la casa de Cornelio. Allí había declarado: "De éste dan testimonio todos los profetas,  que todos los que en él creyeren,  recibirán perdón de pecados por su nombre", Hechos 10:43. Pedro bien sabía la verdad, cuando usó de la palabra allá en el gran Concilio de Jerusalén, Hechos 15. Entonces, después de predicar y enseñar la verdad a muchos, ahora, con su actitud incoherente en Antioquía estaba negando todo lo que había experimentado.

Pedro comía con los gentiles y disfrutaba de la comunión con ellos. Entonces, un día, mientras comía con los gentiles entraron algunos miembros de la comunidad de Jerusalén. Estos, de parte de Santiago, en opinión de Pedro, irían a contar lo que habían visto a los "judaizantes". Pedro inmediatamente se alejó de los gentiles. Los de la "circuncisión" eran el partido de la circuncisión, es decir, eran "judaizantes". Pedro, al retirarse de esa manera, de los creyentes gentiles, sólo estaba tratando de evitar la crítica de los judaizantes, pero en realidad, Pedro estaba actuando de tal manera que dio la impresión de que la posición doctrinal de los "judaizantes" era correcta. Sin embargo, tal conducta no concordaba con la verdad del Evangelio; por el contrario, era una contradicción con el verdadero Evangelio. Fue un acto cobarde y reprobable de parte de Pedro.

A través de esta actitud, los creyentes judíos, e incluso el propio Bernabé dieron a entender que la verdad era aquella que proclamaban los judaizantes. Por lo tanto, haciendo esto, Pedro y los otros creyentes judíos ocultaron sus verdaderas convicciones y se cubrían con máscaras de hipocresía; con sus acciones aprobaban las doctrinas de los legalistas-judaizantes. Esa vergonzosa actitud tuvo su reflejo sobre la verdad del Evangelio. Los hermanos de Antioquía, sin duda se confundieron con esa actitud y los Gálatas vacilaron en su fe. Dada su posición y ministerio entre los judíos, Pedro actuó incorrectamente y por lo tanto merece ser reprendido. Cuando no actuamos correctamente nos volvemos reprensibles y Dios espera un comportamiento coherente e impecable.

II. El mensaje del verdadero evangelio requiere del cristiano una lucha continua por la coherencia, vs. 14

"Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio,  dije a Pedro delante de todos:  Si tú,  siendo judío,  vives como los gentiles y no como judío,  ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?".

Pablo se quedó perplejo por la actitud de su colega Pedro, y allí reprendió a su colega, ya que no debió haber puesto de manifiesto tanta incoherencia en su comportamiento. Pablo llegó a decir que si hizo todo para ganar a todos, eso no quería decir que el apóstol había practicado todo lo que las religiones enseñan o practican, sino que el procedió así con el fin de evangelizar. Había de parte de Pablo una cierta tolerancia, una determinada estrategia con el fin de alcanzar a las personas para Cristo. Él quería presentar el evangelio de Cristo en los corazones de las personas. Pero no admitió el procedimiento de Pedro.

Pedro no estaba tratando de evangelizar a los judaizantes. Pedro tenía miedo de lo que ellos pudieran hablar de él, de la forma que estaba confraternizando con los gentiles. Pablo le dijo a Pedro que él no entendía su comportamiento. Pablo se dirigió a Pedro preguntando: Si tú, que eres judío de nacimiento, dejaste a un lado las leyes judías y vives como un gentil, ¿por qué ahora tratas de obligar a estos gentiles a seguir las tradiciones judías? Pablo no entendía este proceder de Pedro. Las experiencias que Pedro tuviera anteriormente, llevando el evangelio a Cornelio y defendiendo la libertad cristiana en el Concilio de Jerusalén no eran compatibles con su posición actual. Por eso Pablo luchó con insistencia para que hubiese coherencia en el procedimiento apostólico.

III. El mensaje del verdadero evangelio requiere del cristiano que su justificación este basada en la fe vs. 15-16

"Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado".

Motivados por la actitud de Pedro, en estos versículos Pablo continuó discutiendo sobre la cuestión de la justificación. La pregunta es: ¿Cómo el hombre es justificado delante de Dios? En el versículo 15, el apóstol Pablo usó una expresión bien judía, pues los judíos entendían que los gentiles eran pecadores desterrados de la presencia de Dios. Los gentiles no tenían derecho incluso entrar en el templo de los judíos. Había un patio separado, una zona aislada del templo para atender a los gentiles. Los judíos se hallaban muy bien, mientras que los otros pueblos que eran gentiles eran pecadores separados de Dios.

Este pensamiento mostró el prejuicio que estaba profundamente arraigado en el corazón y la naturaleza de los judíos. Por eso algunos judíos que se habían convertido entendían que todos los gentiles estaban definitivamente condenados por Dios, a menos que se convirtieran en judíos prosélitos. Ellos no aceptaban que el evangelio era tanto para judíos como para gentiles.

Pero Pablo resistió bien en esta materia. Incluso usando la terminología de esa manera, su posición era muy claro sobre el mensaje cristiano. La Iglesia existe para alcanzar a los pecadores, ya sean judíos o gentiles, porque todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, Romanos 3:23. Las mayores dificultades espirituales del cristiano, es cuando se considera tan especial que no puede ni siquiera hablar con los pecadores acerca de Cristo y de la verdad bíblica.

En el versículo 16, que es uno de los versículos claves de esta carta, Pablo repite tres veces que nadie es justificado por las obras de la ley, y tres veces él reafirma el requisito esencial de la fe en el Señor Jesucristo. Pablo, como judío no estaba menospreciando o despreciando la ley. Como dijo en Romanos 7:12, la ley de Dios es santa, justa y buena, pero dejó en claro a Pedro y para todos los que lo oyeron en aquel momento, que no es correcto usar la ley de forma indebida. Los judíos entendían que en el cumplimiento de los requisitos de la ley, cualquier persona sería aceptada ante Dios, pero Pablo rechazó totalmente esta idea. Para él y para el cristianismo, sólo podemos ser aceptos y justificados ante Dios por la fe en el Señor Jesucristo. Ahora bien, es importante definir exactamente lo que entendemos por ley. Estamos señalando y afirmando que cualquier tipo de ley, sistema religioso, creado o establecido por los hombres, no puede salvar al hombre, no puede justificar al hombre ante Dios.

Por supuesto, no queremos decir que la ley de Moisés, se deba comparar con la ley de los hombres, con las religiones de los hombres. No hay paralelo. La ley de Moisés es la ley divina. Creada por Dios. Moisés fue inspirado por Dios para crear el sistema mosaico, que tuvo su gran importancia en su tiempo, en su dispensación. Pero debemos tener bien claro en nuestras mentes que Dios no creó este sistema mosaico con el fin de salvar a los hombres. Por supuesto que no. Dios siempre salvó a los hombres, en todo momento, a través de la fe en la persona de Cristo. Ahora usted puede preguntarse: Pero ¿si Cristo vino hace sólo veinte siglos, cómo los hombres que vivieron antes de Cristo podían salvarse mediante la fe en él? El sistema de salvación siempre ha sido el mismo. Hoy somos salvos mirando hacia atrás, a Cristo en la cruz. Antes de eso, los hombres que vivieron antes de Jesús, desde Adán hasta los días de Juan el Bautista también fueron salvos por la fe en Cristo, pero mirando hacia adelante,  contemplando y creyendo en la promesa de la venida del Mesías. Así que Pablo dejó en claro que la verdad del evangelio nos obliga a basar nuestra justificación por la fe que depositamos en la persona de Jesucristo.

IV. El mensaje del verdadero evangelio requiere del cristiano la completa independencia de la ley, vs 17-19

"Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios".

En el versículo 17 Pablo está diciendo a los Gálatas que fueron influenciados por los legalistas, que no debían retirarse, dejando el evangelio para volver a la ley y sus preceptos. Pablo entendía que regresar al legalismo judío, era un retroceso peligroso, era regresar al pecado, a la incredulidad. En otras palabras, Pablo dijo que si alguien recibió a Jesús como su Salvador personal, y todavía cree estar en estado de perdición (sólo porque no cumple con la ley, como los judaizantes querían), entonces solo hay una alternativa: Jesús era un engañador y Él mismo era un esclavo de las palabras y de los actos pecaminosos. Pero, inmediatamente Pablo declara: ¡Por supuesto que no! ¡De ninguna manera! ¡Esta forma de pensar no es la correcta! Lo correcto es saber que el acto de recibir, por la fe, a Jesús como Señor y Salvador de nuestras vidas, sea quien sea que lo acepte (judío o gentil), le proporciona al que cree la justificación más completa y total.

Y en el versículo 18 Pablo condena la actitud de los cristianos que estaban saliendo del evangelio de la gracia, para vivir de nuevo bajo la ley. Eso es transgredir lo más puro del evangelio de Cristo. Si el evangelio nos libera ¿cómo es que el creyente deja de vivir en la libertad del Espíritu, para vivir de nuevo en la esclavitud, el sometimiento al imperio de la ley? Si esto ocurre él se convierte en un transgresor del mensaje, de la verdad del evangelio que proclama la gracia y la libertad en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Y Pablo concluye su argumento mostrando que el verdadero cristiano se considera muerto a la ley. Es decir, ella no tiene ningún efecto sobre la existencia de quien ha muerto. Las palabras de este versículo son importantes: "Porque yo por la ley soy muerto para la ley,  a fin de vivir para Dios".

Aquí tenemos la clave del Evangelio. Pero, ¿cómo fue que morí para la ley? Fue a través de Cristo. Nosotros morimos en Cristo. Pablo estaba explicando que los verdaderos creyentes están muertos a la ley. Y eso debe ser bien comprendido por todos nosotros: la ley acusaba al hombre de ser un transgresor; pronunciaba contra él la pena, es decir, la muerte; pero además la ley ejecutaba al transgresor (el alma que pecare, esa morirá, conf. Ezequiel 18:20). Sin embargo, el golpe mortal merecido contra el hombre, contra cada uno de nosotros, no nos alcanzó. Este golpe mortal alcanzó a nuestro Sustituto, el Señor Jesucristo. A los ojos de Dios, el viejo Pablo estaba muerto, muerto a la ley por la muerte de Cristo (Romanos 7:4). A los ojos de Dios, el viejo hombre, la vieja mujer están muertos, porque todos los que creemos en el Sustituto, creemos que hemos muerto con Él en la cruz del Calvario. Esa es la gran bendición de la justificación. Sólo en Jesús podemos ser justificados porque Él murió en nuestro lugar para que vivamos para Dios. Nuestro grito de independencia de la ley fue dado por Jesucristo, nuestro Sustituto

V. El mensaje del verdadero evangelio requiere del cristiano valorizar  la gracia viviendo por la fe, vs. 19-21

"... a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo".

La última frase del versículo 19 con el versículo 20 son vitales para nuestra vida cristiana: Cuando Dios nos mira, nos ve crucificados con Cristo, pero también nos ve resucitados con Cristo. Sólo cuando morimos para nuestra vida podemos experimentar la vida de Cristo en nosotros para vivir para Dios. Es interesante notar que Pablo dice que hemos muerto a la ley, a fin de vivir para Dios. Así que desde luego entendemos que los que aún viven en la ley, están muertos para Dios. Y Pablo pasó a explicar: "y ya no vivo yo,  mas vive Cristo en mí;  y lo que ahora vivo en la carne,  lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí". Este versículo es muy querido. Él nos habla sobre el hecho de que no vivimos más de acuerdo a nuestro querer, no vivimos de acuerdo a nuestra propia voluntad, pues es Cristo quien vive en nosotros, y no más nuestro ego. La vida que vivimos en este mundo como creyentes, es la vida por la fe en el Hijo de Dios.

Cuando Jesús nos invita a ser discípulos, Él dice que debemos negarnos a nosotros mismos. Y exactamente eso es lo que Pablo expone en estas palabras. No estamos más sujetos a la vieja naturaleza en que vivíamos, sino que ahora vive en nosotros la nueva naturaleza; el Señor Jesús es quien vive en nosotros, por el Espíritu Santo. Y Pablo enfatiza mucho el hecho de que el mismo Cristo se ha entregado por nosotros en la cruz. Esto le da todo el derecho de vivir en nuestro lugar. Usted debe recordar el capítulo 1, versículo 4. Allí Pablo dijo: "el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo,  conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre". Ahora, Pablo dice que Jesucristo dio su vida por nosotros. Él no dice que fue forzado por sus enemigos. Pablo dice que Cristo mismo se entregó espontánea y voluntariamente por nosotros de acuerdo a la voluntad de nuestro Dios y Padre. De manera que Cristo tiene todo el derecho de hacernos vivir de acuerdo a Su voluntad. Nuestro vivir no es más de acuerdo con nuestra voluntad, sino de acuerdo a la voluntad de Él. Esta es la gran maravilla del evangelio.

Y en el versículo 21, Pablo dejó en claro que el creyente solo puede vivir sobre la base de la gracia, porque vivir por la ley, o sobre la base de las obras de la ley, sea la ley de Moisés, o la ley de nuestra religión, o de nuestras comunidades, significa anular la gracia de Cristo, la gracia de Dios; pues entonces Cristo habría muerto en vano. La ley o la gracia. ¿Qué es lo que vas a escoger? ¿Está usted bajo la ley, o bajo la gracia?

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Gálatas 2:1-10

En este texto seguimos considerando los aspectos biográficos que mencionó Pablo cuando escribió a los Gálatas, con el fin de devolverlos a una fe genuina y pura del verdadero evangelio que él les proclamó. Y como vimos en el estudio anterior, Pablo inmediatamente después de su conversión y su llamado ministerial fue a Arabia y allí tuvo momentos especiales con el Señor Jesús; sin duda, recibió por revelación el evangelio que ahora predicaba con toda confianza. Pero también vimos que después de este tiempo, Pablo visitó Jerusalén y tuvo contacto con Pedro y Santiago; dos de los principales apóstoles y líderes de la iglesia. Esta reunión fue importante porque demostró la comunión y la unidad que había en el liderazgo de la iglesia primitiva.

Se podría llegar a deducir que el evangelio recibido por el Apóstol Pablo en la región árabe, no era exactamente el mismo evangelio que los apóstoles recibieron personalmente de los labios de Jesús. Pero ¡Sí!, era el mismo evangelio, porque hay sólo un evangelio verdadero. Es el evangelio de Cristo, el poder de Dios que transforma la vida de cualquier ser humano que lo reciba. Vamos entonces a constatar en este capítulo 2 que había una armonía perfecta entre el evangelio que Pablo recibió por revelación de Cristo y el Evangelio que los apóstoles recibieron directamente de Jesús. Cuando ellos se reunieron en Jerusalén, Pablo y los apóstoles demostraron que el evangelio predicado por ellos era el mismo, y la iglesia en Jerusalén recibió con plena aprobación el evangelio proclamado por Pablo.

Después del primer viaje y antes de iniciar el segundo, en el que él fundaría otras comunidades cristianas en la región de Galacia, como vimos anteriormente, Pablo visitó Jerusalén con Bernabé y Tito para participar en el Concilio de Jerusalén (Hechos 15, Gálatas 2:1); una importante reunión de la iglesia en la que se definió que el verdadero evangelio debe ser recibido solamente por fe, basado en la gracia de Dios. También vimos que Pablo no estaba allí para pedir autorización para el ministerio o para someter su contenido a los líderes de Jerusalén. Tanto el llamado como su predicación habían sido dadas directamente por el Señor Jesús. Su predicación era clara: Cristo nos libró para que seamos completamente libres (5:1). Pero Pablo, que siempre trató de obedecer a su Señor, fue a Jerusalén en obediencia a una revelación (2:2) y en esta ocasión, acompañado por Tito, que era gentil, quien fuese su discípulo y fiel ayudante, no fue obligado a circuncidarse. Si observamos el texto con objetividad, se podrá entender por qué Pablo relata estos eventos.

Pablo da detalles de su biografía, porque quería mostrar en todas las maneras posibles a los gálatas la insensatez de la actitud que ellos estaban tomando, dejándose engañar por falsos maestros que proponían un mensaje diferente al que él les había anunciado. Si bien para Dios, en Cristo, no hay mayor o menor, pues todos somos siervos del mismo Señor, Pablo incluso mencionó que se encontró con Santiago, Pedro y Juan, que eran líderes respetables y notables en la iglesia cristiana, y ellos le extendieron su mano derecha él y a Bernabé, mostrando que había unidad en la predicación; sólo que habría objetivos diferentes a alcanzar. Mientras ellos se ocuparían de la evangelización de los judíos, él, Pablo, se centraría más en su ministerio de evangelización a los gentiles.

Ciertamente, dirigido por el Señor, Pablo tomó estas actitudes, dio estos pasos para probar la unidad del mensaje del evangelio. Llevando consigo a Tito, un creyente gentil, Pablo ciertamente hizo que la iglesia de Jerusalén y sobre todo los líderes apostólicos tomaran una decisión. ¿Rechazarían a Tito o lo recibirían como a un hermano de la misma familia de la fe? Esa decisión mostraría y mostró que la hipocresía debería ser dejada de lado y que la fe genuina en el verdadero evangelio era el camino correcto a seguir. Así que, como resumen de este texto podemos tener como principio rector para nuestras vidas la frase siguiente: Cada cristiano debe desarrollar su ministerio de forma genuina a fin de proclamar la verdad del evangelio.

En este texto encontramos cinco aspectos de un genuino ministerio que proclama la verdad del evangelio:

I. Actúa en obediencia al Señor, vs. 1-2

Atienda bien a estos versos: "Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles".

El relato de Pablo es muy objetivo. Él dice que fue a Jerusalén acompañado de un joven trabajador, su discípulo, llamado Tito, que era griego, por lo que era gentil. El apóstol Pablo también fue acompañado por Bernabé. La gran pregunta llevada a discusión en aquel concilio, que fue el primer concilio de la iglesia cristiana, fue la siguiente: ¿Para que el hombre fuese salvo, era necesario o no cumplir la ley? O más bien, ¿El hombre es salvo por gracia o por la gracia más la obediencia a la ley? Pablo tenía consigo a este joven discípulo Tito, que no habían sido circuncidados de acuerdo a la ley. Tito estaba presente. ¿Se vería obligado a ser circuncidado? Era un tema muy importante. Y esta pregunta sería contestada aquí, en este concilio.

La iglesia recién formada de Cristo tuvo que definir su doctrina. El fundador de nuestra iglesia es Cristo. Y sobre la piedra que era él mismo, él edificaría su iglesia. Bueno, allí en ese concilio estaba Pablo. Allí estaban los otros apóstoles. ¿Cuál es la posición del verdadero cristiano ante la ley? Esta era la pregunta que el concilio de Jerusalén tendría que responder. Los judaizantes que aparecieron en Galacia predicaban que los creyentes debían vivir todavía bajo el régimen de la ley. Decían que los creyentes de Jerusalén seguían viviendo de acuerdo a la ley. Muchos iban al templo de Jerusalén para adorar. De hecho, el templo era aún un lugar donde se reunían muchos creyentes, y no había nada malo en ello. Pero esto no significaba que los primeros cristianos estuviesen cumpliendo con la ley de Moisés, puesto que ya eran cristianos y ya no estaban bajo la ley, sino bajo la gracia.

Entonces, llegaron Pablo, Bernabé y Tito a Jerusalén, a fin de decidir definitivamente la cuestión. Pero es bueno tener en cuenta que el apóstol Pablo fue a Jerusalén, no por cuenta propia, no por una decisión personal, sino que él estaba obedeciendo la revelación que recibió del cielo para encaminarse hacia Jerusalén con ese fin, para ese propósito. Pablo fue a Jerusalén con gran humildad. Quería resolver estas disputas que eran muy graves. Quería mantener la unidad de la vida de la iglesia y la predicación que ella proclamaba. Esto fue de gran interés para el apóstol. Si Pablo hubiese estado predicando un evangelio diferente al de los apóstoles, entonces algo no iba bien. Pablo estaba admitiendo que si no había consenso en la predicación su trabajo estaba siendo inútil, sin valor. Él no quería estar corriendo en vano. Respetando a los que eran líderes de la iglesia cristiana en Jerusalén, Pablo fue obediente a la revelación del Señor que él había recibido y por lo tanto quiso definir este tema tan importante, para que continuase en pie y fructífero en su ministerio. Espero que estas también sean sus preocupaciones en el ministerio que realiza en su comunidad: unidad de visión y eficiencia en la fructificación.

II. Mantiene la proclamación de la libertad, vs. 3-4

Observemos estos versículos: "Mas ni aun Tito,  que estaba conmigo,  con todo y ser griego,  fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas,  que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús,  para reducirnos a esclavitud".

Usted debe recordar que algunos judíos fueron a la iglesia de Galacia, donde Pablo había predicado, y allá ellos presentaron las doctrinas del judaísmo. Ahora estaban aquí como instrumentos del mal, aprovechando la libertad que los cristianos disfrutan en Cristo para espiarlos, para ver cómo vivían en comunidad. Y aquí ellos vieron que Pablo no había obligado a Tito, su joven discípulo, a circuncidarse. Estos falsos hermanos, los judaizantes, a partir de ahí empezaron a predicar y proclamar la necesidad del cumplimiento de la ley mosaica a los gentiles para ser salvos. Bueno, Pablo y Tito estaban ahora juntos en Jerusalén con Bernabé, todos esperaban el resultado y el posicionamiento que el concilio tomaría con respecto a esta importante cuestión.

III. Anuncia el verdadero mensaje vs. 5

Ahora el versículo 5 dice: "a los cuales ni por un momento accedimos a someternos,  para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros".

Las palabras del versículo cinco son inconfundibles. Pablo declaró que por ninguna razón volvería a someterse al yugo y la esclavitud de la ley. Los judaizantes querían que Tito se circuncidara, de lo contrario no podía ser salvo y no podía asistir a las reuniones de la iglesia (Hechos 15:1-5). Pablo rechazó tal postura y dijo que no era necesario circuncidar a Tito. Tito era tan fiel como cualquier creyente presente allí. Era un verdadero cristiano. Era salvo por la fe, sin importar la ley o la circuncisión. Él no tenía que participar en ningún sistema legalista para ser salvo. Este mensaje es muy importante para nuestros días, porque todavía encontramos muchos por ahí que exigen de los cristianos el cumplimiento y obediencia a un conjunto de reglas y costumbres que fueron abolidas en Cristo.

IV. Reconoce que el Señor es el que establece sus ministros, vs. 6-8

"Pero de los que tenían reputación de ser algo  (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa;  Dios no hace acepción de personas),  a mí,  pues,  los de reputación nada nuevo me comunicaron. Antes por el contrario,  como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión,  como a Pedro el de la circuncisión (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión,  actuó también en mí para con los gentiles)".

Usted debe recordar que en el versículo 2 Pablo presentó ante el concilio el evangelio que predicaba. Y, en particular, lo presentó a los que parecían más influyentes. Y aquí, en el versículo 6, repitió, tal vez con un toque de humor sarcástico que lo presentó a los que parecían ser de mayor influencia; dijo esto porque él sabía que delante del Señor todos eran iguales. Pablo, Bernabé y Tito, dijeron a los apóstoles y a los otros cristianos de Jerusalén que estaban predicando el evangelio de la gracia. Y este era el mismo evangelio que había sido dado por Cristo a los apóstoles en el principio.

Ese concilio en Jerusalén fue un evento muy importante, y podemos darnos cuenta que había entre todos pleno acuerdo, plena armonía. Todos ellos predicaban el mismo evangelio. ¡Fue algo maravilloso! No hubo necesidad de cambiar nada, ni de dar prioridad de la predicación a los Judíos, ni que Pablo y su equipo diera prioridad a la predicación a los gentiles. Por el contrario, como vieron que el evangelio era el mismo sólo dividieron los énfasis ministeriales. Entre estos dos hombres de Dios había armonía, no había ningún malentendido. El evangelio a la circuncisión era de Pedro, y el evangelio de la incircuncisión era de Pablo. Esto fue lo que se decidió entre los dos. Por cierto, esto fue una determinación divina. Y el versículo 8 confirma esta decisión: "(pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión,  actuó también en mí para con los gentiles)". Sin embargo, la mayor prueba de que estaban en lo correcto en su decisión fueron los resultados. Dios obró de manera efectiva tanto en un caso como en el otro. Cuando Pedro predicaba el evangelio, el pueblo se convertía. Cuando Pablo predicaba el evangelio, el pueblo se convertía. Cada uno en su área, en su campo. La verdadera prueba del trabajo es el resultado. Querido amigo, si no hay resultados en nuestro trabajo, no estamos siendo bendecidos.

La iglesia predica un mensaje con objetivos y propósitos  eternos. Naturalmente, el mensaje del evangelio tiene consecuencias maravillosas en nuestras vidas, y las vidas de las personas; pero ella debe tener efectos duraderos y eternos. Mi oración es que la predicación del evangelio vivo, lleno de poder y de gracia transformadora, pueda producir frutos eternos.

V. Reconocer la gracia y aceptar a otros a la comunión, vs 9-10

"y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer".

Estos versículos muestran el final de esa decisión. Esos siervos del Señor tomarían caminos diferentes en la obra que Dios había designado para cada uno. Pablo y Bernabé fueron llamados por Dios para desarrollar el trabajo de la evangelización entre los gentiles, mientras que Pedro y los demás se encargaron de llevar el mensaje a los judíos. Cuando todos reconocieron que estaban unidos en la proclamación del mismo mensaje y cuando definieron sus áreas, sus campos de actuación, hubo gran comunión entre todos ellos. Y en el versículo 10 agrega que se recomendó que la predicación del evangelio de la gracia no excluyera el mensaje de la responsabilidad que todos tenemos para con nuestros hermanos y para con los necesitados.

En la segunda carta de Pablo a los Corintios tenemos una referencia a la ofrenda que el apóstol Pablo estaba levantando en varias iglesias para los creyentes de la iglesia de Jerusalén, que fueron víctimas de una severa persecución y de la sequía que afectó a Palestina. Pablo, cuando todavía no era cristiano participó de esa persecución. Y tal vez esa era una razón por la cual él se sentía en el deber de levantar ofrendas de todo el mundo para los hermanos pobres. Este era un servicio social. Si hay un área de la iglesia donde nos sentimos culpables, esta zona se llama la acción social. Santiago fue muy práctico en ese sentido. Santiago dijo: "Y si un hermano o una hermana están desnudos,  y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz,  calentaos y saciaos,  pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?" (Santiago 2:15-16).

Tenemos que hacer mucho más por los necesitados. Estamos haciendo algo, pero tenemos que hacer más, podemos hacer mucho más. Hay pocas personas hoy en día que creen que hacer esto es un deber cristiano, y un deber bíblico. Pablo dijo aquí en este texto que esta debe ser nuestra práctica. En el versículo 10 leemos: "Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres;  lo cual también procuré con diligencia hacer". Es cierto que el mensaje del evangelio enfatiza y resalta la gracia divina, pero no hay duda que tenemos que predicar todo el Evangelio a todo  el hombre. Y eso significa que el mensaje de la gracia en todas sus dimensiones, debe llegar a todas las partes del ser humano. Nunca piense que el creyente no puede tener obligaciones sociales que cumplir. Somos amonestados por la palabra de Dios a una vida de buenas obras, de cooperación, de acción, de amor. Sólo recuerde aquí la parábola del Buen Samaritano, en la que Jesús condena la indiferencia de los religiosos que pasaron por el moribundo, dejándolo al borde del camino, sin darle ninguna ayuda. Por otro lado, Jesús alabó y elogió la acción de un samaritano que pasando después del sacerdote y del levita por el mismo camino y en el mismo lugar, dio asistencia completa al pobre moribundo. Cuando terminó de contar la parábola, Jesús nos mandó a hacer lo mismo que hizo aquel bondadoso samaritano. Jesús fue enfático usando estas palabras: "Ve y haz tú lo mismo".

Conclusión

¿Estamos dispuestos a vivir y proclamar el Evangelio? Recuerde que cada cristiano debe desarrollar su ministerio de forma genuina a fin de proclamar la verdad del evangelio.

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Gálatas 1:10-24

Gracias a Dios que me permite agregar otro estudio de la serie "Carta a los Gálatas". Estos artículos tienen como único objetivo profundizar en la Palabra de Dios. Pienso que existe la necesidad cada vez más urgente de volver a la sencillez y profundidad de las enseñanzas bíblicas. En días como estos que a través de los periódicos, radio, televisión e incluso desde los púlpitos de las iglesias son proclamadas las más diversas y absurdas interpretaciones de la Palabra de Dios, debemos sentirnos llamados por Dios a exponer los genuinos principios eternos que nos hagan vivir conforme a la voluntad de Dios. Apreciaría mucho su buena voluntad de orar por estos estudios, pidiendo la bendición de Dios, para que a través de estos, otros puedan alcanzar el conocimiento de las Escrituras y sus vidas puedan ser cambiadas para la gloria de Dios.

Hoy tenemos el propósito de estudiar la parte final del primer capítulo de la carta de Pablo a los Gálatas. Vamos a estudiar Gálatas 1:10 al 24.

Después de saludar a las iglesias de Galacia (1:1-5) mostrando las características del verdadero evangelio y luego, su sorpresa ante el cambio tan rápido de los Gálatas (1:6-9) que abandonaron la fe verdadera para creer en un mensaje que en lugar de ser liberador trajo más obligaciones, más presiones sobre sus vidas, encontramos en este texto al apóstol Pablo testificando acerca de su comportamiento como ministro del verdadero evangelio. Refutando las acusaciones que contra él habían sido hechas; Pablo expone con gran claridad lo que lo caracterizaba como un ministro del evangelio de Dios.

Es importante entender que las informaciones biográficas sobre el apóstol Pablo, registradas aquí en esta carta no tenían el propósito de narrar los hechos y acontecimientos que demostraban su propia importancia dentro de la comunidad cristiana primitiva. Lejos de ello, Pablo estaba interesado en explicar su posición en relación con la ley y el evangelio.

Pablo quería mostrar a los cristianos de Galacia que su mensaje no era solo una actitud fingida que había adoptado debido a su deseo de formar parte importante de la iglesia cristiana. Pablo declaró que había sido llamado por Dios. Su llamado ministerial se había originado por la intervención divina. Algunos críticos acusaban a Pablo de enseñar un evangelio fácil, un evangelio agradable a los hombres para de esa manera  aumentar su popularidad. Estos críticos creían que la fe sin la práctica de la ley judía era un evangelio diluido y fácil de aceptar. Pero Pablo respondió diciendo que nadie gana a amigos advirtiéndoles acerca de la condenación eterna, y eso es lo que él hacían al advertirles aceptar una falsa y no una verdadera doctrina evangélica. Pablo no estaba interesado en ganar ningún concurso de popularidad, pero si estaba interesado por la pureza del mensaje, para que la fe de los Gálatas no estuviera fundada en la ley y las tradiciones de los hombres judíos.

La lucha que él desarrollaba en favor de la sana doctrina no era prejuiciada. Es importante tener en cuenta que su anatema, su maldición era en contra de aquellos que pervertían el mensaje del evangelio genuino. Y es tan cierto que él mismo se colocó estar bajo esa maldición, así como los ángeles del cielo, si llegaran a proclamar otro mensaje; si llegaran a alejarse de la verdad revelada, como vimos en el versículo 8. Pablo estaba totalmente convencido de la verdad absoluta del evangelio de Cristo. Él sabía que sólo a través de la fe en la persona del Señor Jesucristo es que alguien puede alcanzar la justificación. Por lo tanto, Pablo estaba dispuesto a defender la verdad del Evangelio en cualquier situación, fuese cual fuese el precio a pagar. Al exponer parte de su biografía Pablo estaba revelando algo de sí mismo.

Por eso considero que la siguiente frase se puede extraer del texto, como un principio desafiador para nosotros: El proclamador del verdadero evangelio debe caracterizarse de manera distinta en el desarrollo de su ministerio.

En este texto encontramos cinco características del proclamador del verdadero evangelio:

I. Tiene una relación directa con su Señor, vs. 10-12

Pues,  ¿busco ahora el favor de los hombres,  o el de Dios?  ¿O trato de agradar a los hombres?  Pues si todavía agradara a los hombres,  no sería siervo de Cristo. Mas os hago saber,  hermanos,  que el evangelio anunciado por mí,  no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno,  sino por revelación de Jesucristo.

Es interesante ver cómo Pablo coloca las dos preguntas del versículo 10. Primera pregunta " Pues, ¿Busco ahora el favor de los hombres,  o el de Dios?" Seguramente su respuesta es que él buscaba el favor de Dios, porque Dios lo había llamado. Segunda pregunta: "¿O trato de agradar a los hombres?" Seguramente su respuesta es que no buscaba agradar a los hombres. El anuncio básico de Pablo para todas las comunidades fundadas por él siempre fue la persona de Cristo y su obra vicaria realizada en favor nuestro. Y en la carta a los Gálatas, esa idea fue reforzada desde el principio. La proclamación de Pablo fue específica: al momento que Jesús dio su vida por nosotros, Él nos sacó de debajo de la esclavitud del pecado. La muerte, la resurrección y la glorificación de Jesús constituyen el punto de partida de nuestra liberación de todo lo que nos esclaviza y disminuye nuestra vida llena de libertad, por la gracia de Dios.

Los Gálatas conocían el carácter cristiano de Pablo, un carácter aprobado a través de las amargas experiencias ya vividas en favor del Evangelio, por lo tanto la acusación de los judaizantes no tenía ninguna base sólida. Los gálatas sabían que él no ministraba para agradar a los hombres, sino que era un esclavo de Cristo fiel y valiente. Estas fueron las credenciales de su apostolado. Según el versículo 10 Pablo era consciente de que si Dios nos llama, lo correcto es obedecerle y no dar ningún valor a la popularidad humana. En lugar de buscar el honor para sí mismo, él prefería honrar a Jesucristo su Señor. Es mejor ser fiel a Dios de ser popular entre los hombres.

En los versículos 11-12 Pablo declara que ni concibió, ni desarrolló su mensaje. Él lo recibió directamente de Dios. Este mensaje no llegó a él a través de la educación o del aprendizaje; el mensaje que él proclamaba llegó por revelación, es decir, vino directamente de Dios.

Cuando sentimos el llamado de Dios a predicar, normalmente buscamos la comunión con otros creyentes, recibiendo instrucciones bíblicas de los pastores, evangelistas y maestros de la Biblia. Generalmente ingresamos en una escuela bíblica, y nos sentamos delante de hombres que Dios ha llamado y equipado para este servicio, de manera que podamos aprender acerca de Dios y sus caminos. Estudiamos cuidadosamente nuestras Biblias, y nos preparamos a ejercer el ministerio para el cual Dios nos llamó. Así ha sucedido con cada generación y, sobre todo, creo que así debemos proceder. Pero con Pablo fue diferente. Era una época diferente, era el comienzo del evangelio y Dios procedió con Pablo de una manera específica. Pablo recibió esta revelación durante los tres años que pasó en las regiones de Arabia preparándose para su ministerio. Pablo en soledad, sin interferencia humana fue preparado por el Señor mismo. Su mensaje no fue aprendido de ningún hombre, sino que fue la revelación directa del Señor Jesucristo.

II.  Tiene su pasado completamente perdonado por el Señor vs. 13-14

Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo,  que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios,  y la asolaba; y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación,  siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres.

Pablo aquí, recordó su actitud, su conducta para con la iglesia cuando él estaba en el judaísmo. Fue el gran perseguidor del cristianismo. Fue un devastador de la iglesia. Pero ahora había cambiado, ahora en lugar de perseguir se convirtió en perseguido. Ahora era un defensor del cristianismo, lo que demuestra el poder del mensaje de la gracia y de la fe que él mismo predicaba. Por desgracia, en los días de Jesús y de Pablo un gran número de religiosos habían sustituido la Ley de Dios dada a Moisés por las tradiciones de los ancianos, como dijo el Señor Jesús en Mateo 15:2-3. La religión de los judíos de esos días era una religión hipócrita, y era a esa religión que Pablo servía. Trataba de ser celoso persiguiendo a la iglesia de Cristo.

El versículo 14 es una declaración importante. Pablo era un judío celoso de la religión, que se había convertido en una serie de preceptos que no provenían de Dios, sino que provenían de los propios hombres. Sin embargo, todo cambió para él y se convirtió en un creyente celoso, lleno de fervor y amor por su Señor y su pueblo. Un hombre celoso de las tradiciones de sus padres, o la religión de sus padres, se convirtió en un celoso del evangelio de Cristo. ¿Por qué habría de ser diferente? Debería haber mucho más amor por la causa de Cristo que por la fe que profesábamos antes. Cristo quiere que los cristianos estén comprometidos con él, y el Evangelio; dispuestos a dar sus propias vidas por Él. Recuerde las palabras de Jesús: "Si alguno quiere venir en pos de mí,  niéguese a sí mismo,  y tome su cruz,  y sígame", Mateo 16:24 ¿Usted que está leyendo, ya asumió ese compromiso con Jesús?

III. Tiene la convicción específica de su tarea ministerial, vs.  15-17

Pero cuando agradó a Dios,  que me apartó desde el vientre de mi madre,  y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí,  para que yo le predicase entre los gentiles,  no consulté en seguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo;  sino que fui a Arabia,  y volví de nuevo a Damasco.

Es correcto constatar la soberanía de Dios en las tres verdades que Pablo destaca: Dios fue soberano en el acontecimiento de su nacimiento físico, Dios fue soberano en su conversión y Dios fue soberano en su llamamiento ministerial. Pablo fue apartado por Dios para su ministerio desde el vientre. Antes de nacer ya había sido llamado por la gracia divina para el ministerio. Fue el propio Pablo, que dijo en Efesios 1:4 que Dios nos escogió, nos predestinó antes de la fundación del mundo. Pero él enfatizó que había sido llamado por la gracia de Dios. Querido amigo, es la gracia de Dios que llama al hombre a trabajar al ministerio cristiano. Antes de que Pablo revelara su celo en la práctica del judaísmo, antes que revelara cualquier virtud, cualquier obra, él ya había sido apartado por Dios, llamado por Dios, por la gracia divina para el gran servicio del apostolado cristiano.

Nada de lo que acontece en la vida del cristiano, sucede por casualidad. Dios está en total control de todos nuestros días. Entonces vemos que el apóstol fue llamado para revelar a Cristo, para revelar al Hijo de Dios entre los gentiles. Fue llamado y apartado por Dios para un ministerio y apostolado específico en la obra del Señor entre los gentiles. Los gentiles, como ustedes saben, son los que no pertenecen a la nación de Israel. Y tan pronto como Pablo escuchó el llamado del Señor no vaciló un instante, partió inmediatamente al campo, al trabajo. Vea que él testificó que con rapidez, es decir, sin ningún obstáculo delante de él, él no consultó con carne ni sangre. En efecto, después de escuchar el llamado, se fue a Arabia, sólo para prepararse para el gran apostolado cristiano. Él no buscó a los otros apóstoles. No buscó a ninguno de los doce. No fue a Jerusalén, la capital religiosa, la sede de la iglesia cristiana de la época. No buscó a los apóstoles como Pedro, Juan, Santiago, para consultar o preguntar lo que debía hacer. ¡No! él fue al desierto, fue a buscar la comunión con Dios. De inmediato se dedicó a escuchar las órdenes del maestro, a recibir su curso de teología con el mismo Cristo. Jesús fue su profesor, fue su maestro, quien le concedió la revelación, quien le concedió el mensaje al mundo de los gentiles, pues ese era su ministerio específico (Hechos 9:15-16).

Después de ese tiempo en Arabia, regresó a Damasco. Y fue allí en Damasco que Pablo "comenzó su carrera" de sufrimientos y persecución después de su conversión. Las propias autoridades de Damasco lo estaban buscando para matarlo. Él se escapó de la furia de los enemigos, bajando el muro de la ciudad en una canasta (Hechos 9:23-25). Así que después de tres años en el desierto de Arabia, regresó a Damasco; volvió con el mensaje del evangelio, el poder salvador de Dios para la transformación de quienes lo reciban. A su regreso a Damasco, él no iba a perseguir a los cristianos, sino que regresaba a predicar a Cristo. Pasó de perseguidor a perseguido, por causa del nombre de Jesús. Y Pablo se sentía honrado de sufrir por la causa de Cristo. ¿Será que usted tiene ese mismo compromiso con Cristo? Evalúese.

IV. Tiene una actitud de humildad para con los hermanos, vs. 18-20

Después,  pasados tres años,  subí a Jerusalén para ver a Pedro,  y permanecí con él quince días; pero no vi a ningún otro de los apóstoles,  sino a Jacobo el hermano del Señor. En esto que os escribo,  he aquí delante de Dios que no miento.

Es interesante observar que sólo después de haber pasado tres años en Arabia recibiendo directamente de Jesús el contenido de su fe y de su predicación, es que él buscó al apóstol Pedro, con quien pasó 15 días. Debe haber sido un período muy bueno, un encuentro muy agradable. Ciertamente tenían muchas experiencias para compartir. Es interesante notar que Pablo es quien fue a encontrarse con Pedro en Jerusalén, mostrando humildad y respeto con aquellos que habían estado físicamente con el Señor. Ciertamente, en esa reunión, que también involucró a la persona de Santiago, no el hermano de Juan, sino el medio hermano de Jesús, las conversaciones entre esos tres cristianos deben haber sido muy especiales. Seguramente hablaron sobre la infancia de Jesús, hablaron sobre el ministerio y los muchos milagros realizados por Jesús, pero sin duda hablaron del gran amor que lo llevó a entregarse por nosotros en la cruz del Calvario.

Estos versículos, dejan claro que él no dependió de los apóstoles para obtener el contenido de su mensaje; Pablo también quiso demostrar en ese relato biográfico que había la plena comunión entre él y Pedro y Santiago, quienes tenían ministerios específicos y bien definidos: Pedro y Santiago ministrarían dando prioridad a los Judíos y Pablo ministraría con énfasis a los gentiles. Y en relación con el versículo 20 Pablo lo confirma: "En esto que os escribo,  he aquí delante de Dios que no miento". Es importante darse cuenta que Pablo estaba testificando a algunos hermanos que se estaban desviando de la verdad, y tal vez se estaban inclinando a no creer en sus afirmaciones, en su testimonio, por lo que les dijo: "He aquí, delante de Dios, no miento". Así debe ser la vida de aquel que proclama el Evangelio verdadero. Un cristiano humilde y sincero.

V. Tiene un testimonio que glorifica a su Señor, vs. 21-24

Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia, y no era conocido de vista a las iglesias de Judea,  que eran en Cristo; solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía,  ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba. Y glorificaban a Dios en mí.

Aquí en estos versículos tenemos el testimonio viviente del poder del evangelio de Cristo. El perseguidor se convirtió en un testimonio vivo del poder de Dios. Ese es el evangelio de Cristo, que ha transformado muchos corazones. El Evangelio ha transformado a estas personas en criaturas maravillosas. Fue él mismo apóstol Pablo que dijo: "si alguno está en Cristo, nueva criatura es". Y él, personalmente, tenía esa maravillosa experiencia.

Aquí vemos al acosador siendo transformado en un testimonio vivo del poder de Dios. Pablo antes, trató de destruir la fe de los cristianos. Pero ahora él abrazaba la fe y predicaba la fe en el Hijo de Dios para salvación.

Conclusión

Damos gracias a Dios que muchos corazones completamente corrompidos y pervertidos por el pecado han sido transformados por el poder del evangelio para la gloria del Señor. A pesar de que ahora eres un enemigo de Cristo, puedes ser alcanzado por este mensaje que puede transformar radicalmente tu corazón. Este es el poder que tiene el evangelio de Cristo, el de transformar al hombre, el de transformar su naturaleza. El evangelio armoniza al hombre con Dios. Dios realmente vino a través de Cristo, reconcilió al mundo consigo mismo. Y por eso Él  debe ser glorificado, debe ser ensalzado. Por Sus obras en nuestras vidas Dios debe ser exaltado. Las personas viendo la transformación ocurrida en nuestras vidas deben glorificar a Dios por su obra en nosotros. Ahora te pregunto: ¿Es así como las personas actúan cuando observan tu vida?

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Sin embargo, Jerusalén será un refugio para los que escapen;
    será un lugar santo.
Y el pueblo de Israel regresará
    para reclamar su herencia.
El pueblo de Israel será un fuego violento
    y Edom un campo de hierba seca.
Los descendientes de José serán una llama que rugirá a través del campo,
    devorándolo todo.
No quedará nadie con vida en Edom.
    ¡Yo, el Señor, he hablado!
»Entonces mi pueblo que vive en el Neguev
    ocupará las montañas de Edom.
Los que viven en las colinas de Judá
    poseerán las llanuras de los filisteos
    y se apoderarán de los campos de Efraín y de Samaria,
y el pueblo de Benjamín
    ocupará la tierra de Galaad.
Los desterrados de Israel volverán a su tierra
    y ocuparán la costa de Fenicia hasta Sarepta, al norte.
Los cautivos de Jerusalén desterrados en el norte
    volverán a casa y repoblarán los pueblos del Neguev.
Los que hayan sido rescatados subirán al monte Sión en Jerusalén
    para gobernar sobre las montañas de Edom.
¡Y el Señor mismo será rey!».

Introducción

Con la exposición de hoy, completamos nuestro estudio sobre el libro de Abdías. Vamos a exponer los versículos finales de esta palabra profética. El texto es: Abdías 1:17-21 y, en estos versículos encontraremos el mensaje final del profeta, que incluye no sólo el castigo de Edom y de otras naciones, sino también la restauración, la salvación y la renovación del pueblo de Dios.

Antes de considerar cada aspecto en particular, vale la pena recordar toda la idea que se percibe en esta profecía de Abdías.

Cuando abrimos los periódicos o vemos los noticieros televisivos, lo que más nos llama la atención es que siempre encontramos algo acerca de la disputa entre los árabes, los musulmanes y los israelíes. Estas personas realmente conforman los titulares de los principales noticieros del mundo. Escuchamos y leemos noticias de ataques de ambos lados, el uno culpando al otro por haber iniciado el conflicto y el otro diciendo que debido a que fue atacado respondió con objetividad.

Tristemente observamos cómo los líderes de ambos países están contentos cuando el ataque realizado contra el enemigo golpea efectivamente los blancos y coloca al otro en la defensiva. Por desgracia, lo que vemos es la realización del viejo dicho: "La desgracia de uno es la felicidad del otro". Esta es la historia de la lucha cruel y sangrienta que ha diezmado vidas durante tantos siglos, como hemos visto. Esto es así porque desde el Antiguo Testamento conforme al relato Bíblico, hemos visto esta misma historia repetirse. La profecía de Abdías, que estudiamos hoy en su parte final está incorporada en esta situación secular.

El imperio de Babilonia se había fortalecido y comenzó a someter a las naciones a su alrededor, e Israel/Judá fue una de ellas. Y de la misma manera como se había alegrado con otras derrotas de Israel, Edom, en esta ocasión, demostró su verdadera conexión con el pueblo de Dios. Edom apoyó a los babilonios en el saqueo y la destrucción de Jerusalén y la opresión del pueblo elegido.

Edom sería juzgado, así como las demás naciones también enfrentarían la justicia de Dios, y parte de ese juicio del día del Señor. Además de castigar a los enemigos de su pueblo, también se constituía en la salvación, la renovación y la restauración del pueblo de Dios. Implícito en el día del Señor estaba el cambio del destino del pueblo de Dios. A través de un remanente resurgiría con vigor el pueblo de Dios.

Como hemos venido observando cosechamos lo que sembramos. Edom siempre traicionó a sus aliados y estos harían lo mismo con ellos. Edom robó y saqueó al pueblo de Dios. Lo mismo les sucedería a ellos más tarde. Edom actuó con violencia contra los hijos de Dios y los mismos israelitas, judíos, los tratarían con violencia. Edom quería la aniquilación de los Judíos, pero ellos no sabían que pronto, Babilonia con quienes se habían aliado, los traicionarían y destruirían. Siendo que Dios tiene el control de todas las naciones, Proverbios 21:1, después de esta destrucción, el mismo pueblo de Israel sería utilizado como instrumento divino para castigar al orgulloso pueblo Edomita.

Porque Dios ama a su pueblo, su pueblo elegido, Dios usó a Abdías para enviar su mensaje específicamente a Edom, pero ese mensaje sirve también de advertencia para todos nosotros. Es en este contexto que el profeta Abdías describe la reacción de Dios de cara a la calamidad que Israel sufría.

Abdías se destaca entre todos los profetas mayores y menores, y es considerado el mejor expositor del gran sueño profético de Israel, expresado en la declaración final del libro: y el reino será de Jehová (cf. vs. 21 RV60).

Como ya hemos visto, Abdías denunció la autosuficiencia y el orgullo de Edom y su actitud sarcástica de alegría frente al sufrimiento de Israel/Judá. Además de traer el mensaje de condenación a Edom, Abdías también trajo un mensaje de esperanza y consuelo para el pueblo de Dios. Abdías inicialmente destacó la inminente destrucción de los edomitas, descendientes de Esaú que por habitar en las montañas pensaban que eran fuertes, poderosos e inexpugnables. Después que Abdías describe el pecado de Edom, Abdías revela la palabra de Dios para Israel/Judá. Esta palabra es una palabra de esperanza, de aliento, una palabra de ánimo. Cuando Dios revela su justo juicio Él también revela su gran misericordia con la cual Él nos trata a todos. ¿Será que hemos aprovechado esa maravillosa misericordia?

El principio de estos versículos finales de Abdías nos trae el siguiente mensaje: La liberación del pueblo de Dios es siempre una demostración del justo juicio y la misericordia divina.

En este texto encontramos tres resultados de la salvación del pueblo de Dios:

El propio pueblo será el instrumento de castigo divino, vs. 17-18

Sin embargo, Jerusalén será un refugio para los que escapen; será un lugar santo. Y el pueblo de Israel regresará para reclamar su herencia. El pueblo de Israel será un fuego violento y Edom un campo de hierba seca. Los descendientes de José serán una llama que rugirá a través del campo, devorándolo todo. No quedará nadie con vida en Edom. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado! NTV.

En el versículo 17 encontramos el mensaje para aquellos que escaparían del juicio de Dios; puesto que Él también castiga a su pueblo, y porque es justo y no hace acepción de personas, entonces, esos que escapen formarían un remanente santo que capacitaría a la "casa de Jacob", a retomar sus posesiones perdidas. El remanente de Israel se establecerá sobre el monte Sion, que la visión mesiánica la presenta como inviolable y casa santa de Dios (cf. Joel 3:17).

En el versículo 18, es evidente que la casa de Jacob que es el reino del sur, o el reino de Judá y la casa de José, que es el reino del norte o el reino de Israel será fuego que consumirá la casa de Esaú, que es, la nación de Edom que se convertirá en  rastrojo, que será aniquilada. Pero en este versículo 18 vemos que nadie va a quedar de la casa de Esaú, o no quedará ningún remanente que escape. Esto significa que el profeta Abdías está contrastando el monte de Sion como casa de Dios con el monte de Seir como la casa de Esaú, la casa de perdición. Abdías confronta el remanente de Israel que será salvo con ningún remanente de Esaú, porque todo será desolado. Abdías hace esas comparaciones mostrando cuan cierto es el principio de retribución mencionado anteriormente, en el versículo 15.

Debemos hacer hincapié en dos puntos aquí:
  1. La diferenciación que Abdías hace de la "casa de Jacob" con la "casa de José" es hecha para marcar el concepto del Israel afirmado en las tribus de Efraín y Manasés, mostrando que Abdías separa el reino del norte del reino del sur, haciendo referencia a Judá y a las tribus de Benjamín, y por asociación a la tribu de Simeón.
  2. Cuando Abdías combina las dos "casas" demuestra que este es un hecho que vamos a ver en la era mesiánica, cuando los dos reinos de nuevo serán tratados juntos (cf. Ezequiel 37:16-22; Oseas 1:11).

El propio pueblo reconquistará lo que le pertenecía, vs. 19-20

Entonces mi pueblo que vive en el Neguev ocupará las montañas de Edom. Los que viven en las colinas de Judá poseerán las llanuras de los filisteos y se apoderarán de los campos de Efraín y de Samaria, y el pueblo de Benjamín ocupará la tierra de Galaad. Los desterrados de Israel volverán a su tierra y ocuparán la costa de Fenicia hasta el norte de Sarepta. Los cautivos de Jerusalén desterrados en el norte volverán a casa y repoblarán los pueblos del Neguev. NTV.

En estos versículos Abdías nos muestra la consecuencia de la caída de Edom, nos muestra cómo será el día del Señor, cuando él use a su pueblo como un instrumento de justicia.

Estos versículos contienen información y tratan acerca de la restauración de Israel y Judá como instrumentos en la derrota de Edom. Estos versículos explican que la recomposición de las posesiones geográficas proporcionará beneficios a los hijos de Israel y la restauración de Judá incluirá una expansión de sus antiguos territorios.

El versículo 19 establece que los israelitas del Neguev heredarán la tierra de Edom, es decir, las montañas de Seir, las montañas de Esaú. El Neguev es la región del desierto del sur de Judá, que era a menudo el lugar de los ataques y abusos de los edomitas. También en el verso 19 leemos que los israelitas al pie de las montañas (Sefela) ocuparán la costa conocida como la tierra de los filisteos. Sefela es la región montañosa al suroeste de Judá. Además, tenemos la declaración de que el Neguev y Sefela también poseerían el antiguo territorio del Reino del Norte (Efraín y Samaria) así como el Neguev y Sefela eran parte del reino de Judá.

El versículo 19 nos dice también: y el pueblo de Benjamín ocupará la tierra de Galaad. Esta frase es una referencia al territorio al oeste del río Jordán que fue asignada a la media tribu de Manasés, y para las tribus de Rubén y Gad (cf. Números 32; Deuteronomio 3:8-22 y Josué 13:8-32). Benjamín estaba lejos de Galaad y tendría que viajar a través de Samaria y Efraín para llegar a aquella región, y eso nos recuerda que había una relación especial con el rey Saúl, que era Benjamita. Esta relación fue con Jabes Galaad (cf. 1 Samuel 11:1-11) Y en este sentido, es interesante observar que existe una clara identificación de Judá y Benjamín, y las tribus que sobrevivieron a la deportación del reino del norte por Asiria, constituyéndose así, más adelante, en el remanente de Israel (cf. 1 Crónicas y 2 Crónicas). Y esta declaración refleja la perspectiva del período tardío o posterior al exilio, lo que significa que ambos, Judá y Benjamín, verían la restauración de todo Israel en la tierra, en aquella que fuera la tierra de la promesa.

El versículo 20 declara que los exiliados del pueblo de Israel que estaban entre los cananeos hasta Sarepta y los exiliados de Jerusalén que estaban en Sefarad, retomarían la posesión de las ciudades del Neguev. Eso quiere decir que los del reino del norte que viviera en los territorios fenicios y cananeos hasta Sarepta unirían a los exiliados de Judá. Incluso en la literatura rabínica utilizar Sefarad se refiere a España, en el hebreo Bíblico puede referirse a Sardis, la capital del antiguo reino Lidio al centro oriente de Turquía, que aparentemente era la morada de algunos Judíos exiliados.

También podría ser identificado con la ciudad al oriente de Asiria. De cualquier manera, este versículo destaca como los exiliados del pueblo de Israel y Jerusalén, o los que escaparan, podrían habitar nuevamente en estas regiones. Lo notable es que las escenas colocadas en estos versículos implican directamente una acción divina en la cual la tierra misma viene a ser un agente que vencerá a los enemigos del pueblo de Dios.

El propio pueblo será gobernado por Dios, vs. 21

Los que hayan sido rescatados* subirán al* monte Sión en Jerusalén para gobernar sobre las montañas de Edom. ¡Y el SEÑOR mismo será rey!

En este versículo nos encontramos con esta expresión: Rescatadores. Este es un término que se utiliza en el libro de Jueces para nombrar a los jueces que liberaron a Israel de la opresión extranjera (cf. Jueces 2:16; Isaías 19:20). Estos subirían a, o desde el monte de Sion, símbolo del reino de Dios, para juzgar la región montañosa de Esaú, para administrar, establecer la justicia que en el Antiguo Testamento llevaba consigo la idea de gobernar. Resumiendo el mensaje de su profecía, Abdías destacó que el juicio sobre Edom, se llevaría a cabo por estos Rescatadores, que estaban en Jerusalén.

Es de notar que Joel dice algo similar en relación con otras naciones (cf. Joel 3:12).

Conclusión

Este versículo 21 es visto también como una conclusión de este libro. Él concluye con una profecía y termina el libro con el mismo principio teológico con que inició  el libro. Jehová el Señor es soberano sobre todas las naciones.

La expresión "¡Y el Señor mismo será rey!" (cf. vs. 21b) nos muestra la realidad del reino anunciado, pero no establecido, convirtiéndose así en un mensaje profético. Aquí tenemos un significado especial: todas las expectativas son superadas por la esperanza de que el reino será del Señor, porque Él es el gobernante de la historia de las naciones y el universo (cf. Sofonías 3:15; Zacarías 14:9). Para Abdías sólo con la destrucción de Edom, símbolo de las fuerzas humanas que se levantan contra Dios, podría la restauración, la liberación ser completada y ser inaugurado el reino escatológico de Dios, toda vez que en un gobierno soberano, Dios está por encima de todos los poderes humanos.

Esta es la esperanza segura de la verdad cristiana. Usted sabe que el reino es de Dios.

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¡Se acerca el día cuando yo, el Señor,
    juzgaré a todas las naciones paganas!
Como le hiciste a Israel,
    así se hará contigo.
Todas tus malas acciones
    recaerán sobre tu cabeza.
Así como te tragaste a mi pueblo
    en mi monte santo,
así tú y las naciones vecinas
    se tragarán el castigo que derramaré sobre ti.
Sí, todas las naciones beberán, se tambalearán
    y desaparecerán de la historia. Abdías 15-16 NTV.

Introducción 

Nuestro objetivo hoy es estudiar el penúltimo verso del profeta Abdías. Vamos a estudiar hoy Abdías 15-16. En este texto vamos a encontrar otra profecía condenatoria para Edom. Así como ellos habían maltratado al pueblo de Israel, el Señor, soberano y controlador de todo el universo y, por lo tanto, de todas las naciones, iba a retribuir sus malas acciones.

Esta retribución de nuestros actos pecaminosos nos debería recordar dos textos importantes. El primero está en el Antiguo Testamento en el libro de Proverbios: “Aunque su odio se cubra con disimulo, Su maldad será descubierta en la congregación. El que cava foso caerá en él; Y al que revuelve la piedra, sobre él le volverá”, Proverbios 26:26-27; y nos muestra que nuestras malas acciones, tienen consecuencias en contra de nosotros mismos. El segundo texto está en el Nuevo Testamento, escrito en la carta de Pablo a los Gálatas: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”, Gálatas 6:7-8.

Ahora bien, ante estas verdades, ciertamente es posible entender claramente el mensaje de estos dos versículos. Siendo nuestro Dios, un Dios creador, soberano, omnisciente, omnipotente y omnipresente, sin duda no dejará pasar impunes nuestras actitudes carnales, que revelan todo lo que hay de malo en nuestro interior. Dios quien es soberano, juzgará a todos los impíos de acuerdo con su justo juicio. Este juicio es universal y ningún reino, nación, gente, familia, individuo será libre de este encuentro con el Señor.

Porque Dios es soberano, desde el Antiguo Testamento leemos acerca del reino de Dios, y sobre la posibilidad de pertenecer a ese reino, pero es necesario someternos a él y a sus leyes, que revelan su carácter santo y justo. El gobierno, el dominio soberano de Dios es universal, absoluto e inmutable (inalterable). Y esta verdad puede ser comprobada a través de las siguientes afirmaciones:


  1. La soberanía de Dios es universal. Ella se extiende sobre toda su creación; animada e inanimada. En el reino de los seres vivos, Dios ejerce dominio sobre los ángeles, la humanidad y los animales inferiores. Ni siquiera un pájaro cae sin la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos (Mateo 10:29-31 cf. Lucas 21:18). Asimismo, ya anteriormente el salmista había proclamado: “Jehová estableció en los cielos su trono, Y su reino domina sobre todos”, Salmos 103:19. 
  2. La soberanía de Dios es absoluta. La autoridad de Dios es perfecta en su administración; ella es ejercida a través de la infinita sabiduría de Dios, y es potente en la extensión de su poder, gloria y dominio. No hay, ni habrá quien ponga límites, en el lugar de autoridad, ni al poder del Dios soberano. En el desarrollo de sus propósitos y planes eternos, el Señor actúa según su voluntad en los habitantes del cielo y en los habitantes de la tierra. Nada en toda la creación es capaz de resistir la voluntad de Dios, o frustrar sus propósitos, ya sea por medio de hombres, superhombres, ángeles caídos, espíritus malignos, o cualquier otra cosa. Isaías declaró esta gran verdad cuando, inspirado por el mismo Dios escribió: “Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado”, Isaías 14:24.
  3. La soberanía de Dios es inmutable. Se mantiene inalterable en el tiempo y bajo cualquier circunstancia. El gobierno y dominio soberano de Dios no pueden ser ignorados; no pueden ser rechazados y no pueden ser frustrados o impedidos por la humanidad o cualquier otra cosa en la creación. El poder y dominio soberano de Dios sujeta a todas las criaturas tan completamente como las leyes físicas sujetan el universo material. Lo que Dios ha decretado o preordenado acontece inevitablemente. Así dice la Escritura: “Jehová hace nulo el consejo de las naciones, Y frustra las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones”, Salmo 33:10-11.


El dominio universal de Dios en los cielos y la tierra es eterno y universal, y se basa en su papel como creador y sustentador. Y porque Él es santo y justo, podemos confiar que en Dios no hay acepción de personas. Pedro entendió este situación cuando predicó por primera vez a los gentiles (Hechos 10:34). Por lo tanto, esa misma verdad es reafirmada en toda la Escritura cuando nos muestra la necesidad de que todos se inclinen ante él. Dios es un juez justo. Corresponde al hombre conformarse a la voluntad del Señor, porque todos serán juzgados. Por desgracia, al igual que Israel fracasó en ser la nación santa que Dios deseaba, también fracasaron otras naciones en gobernar con justicia y equidad. Frente a esta evidencia todos se enfrentan al juicio del Señor.

Aunque hemos dado estas referencias tan claras, tenemos que reconocer que uno de los problemas del hombre es negarse a aceptar la soberanía de Dios en su vida. Esto sucede porque el hombre no entiende el derecho absoluto de Dios para gobernar su vida. Dios tiene este derecho inherente, porque Él es el Creador. Tenemos que entender que nada acontece en la tierra sin la autorización o aprobación de Él. Hago esta precisión porque Él permite que ciertas cosas sucedan aun cuando están en contra de su voluntad, pero eso no quiere decir que él las apruebe. De alguna manera el hombre tiene elecciones que debe hacer. Incluso, que Dios permita el ejercicio de esa libertad, no significa que Él apruebe las escogencias del hombre que sean contrarias a su santa voluntad. Mientras tanto, la soberanía de Dios no se ve disminuida por el ejercicio de la voluntad del hombre, y por eso, todos seremos juzgados.

Dios hizo del Mesías un rey: “Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte”, Salmo 2:6. Cristo fue el gobernador elegido por Dios: “de ti me saldrá el que será Señor en Israel”, Miqueas 5:2. Y debido a que el Mesías será el rey, Él gobernará por el Padre (cf. Abdías 1:21).

El Juez estará sentado. Millones y millones de personas estarán delante de Él, esperando la sentencia. A la orden del Juez, toda la multitud comienza a moverse. Serán separados de acuerdo a su carácter y colocados a la derecha y a la izquierda. Millones de personas que alguna vez estuvieron entre los santos y fueron estimados por otros debido a su piedad, ahora se encuentran aislados de aquellos y situados entre los malvados, a la izquierda. Por otro lado, un número de almas desdichadas, pero de corazón sincero e impotentes, que a juicio de otros eran considerados como los insensibles de entre la izquierda, pero ahora, con gozo inefable, se encuentran situados de entre los de la derecha del juez, que los contempla con amor y bondad.

El juicio se inicia. Dios juzgará los secretos de los hombres por medio de Jesucristo. Todas las obras de todos los hijos de los hombres serán juzgados. ¿Qué extrañas revelaciones manifestará este juicio? Serán juzgadas las obras, las creencias, la fe, serán evaluadas en Dios, el Mesías, el Rey, el Juez, el Señor Jesucristo.

Los salvos, justificados, regenerados, redimidos, oirán de Jesús las palabras más hermosas de toda su vida: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”, Mateo 25:34. Pero, por desgracia, los perdidos, los que no fueron justificados, los que se mantuvieron rebeldes contra el Hijo y el Padre van a escuchar del Supremo Juez las palabras que serán llevadas por toda la eternidad: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”, Mateo 25:41.

Así como seamos, todos daremos cuenta a nuestro Dios y Juez Supremo, individuos, familias, pueblos, naciones estarán en ese tribunal. Edom y muchas otras naciones serán juzgadas. Entonces estos versículos nos advierten que: Todos los soberbios que actúan impíamente enfrentarán el juicio universal divino.

En este texto encontramos tres declaraciones sobre el juicio universal divino.

1° El juicio divino universal, llegará a todas las naciones, v. 15 

“Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones”.

El Día del Señor sobre Edom y otras naciones se presenta claramente en estos versículos. En la primera parte de este versículo, el día del Señor que está por venir, es un tiempo de juicio espantoso. Se está aproximando, está cada vez más cerca y se aplica a Edom y todas las naciones, incluyendo a aquellos que fueron llamados para levantarse contra Edom (cf. vs. 1). Abdías, siguiendo la tradición de Isaías 34 adjudica el "día del Señor" a Edom y a las demás naciones, estableciendo de esta manera la soberanía y el poder del Señor sobre todos.

2° El juicio divino universal es la recompensa por el daño causado, v. 15 

“como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza”.

En la segunda parte del versículo 15, Abdías toma un principio del antiguo Israel y el sistema de justicia judío. "Cualquiera que haga sufrir a otro, el mismo sufrimiento se le causará", o en otras palabras: “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie”, Éxodo 21:24. En este pasaje se apoya el profeta; además de este, en textos como Levítico 24:16-22, Deuteronomio 19:21 y ahora aplicados a Edom y las demás naciones.

Esta enseñanza proverbial sirve de discernimiento y sirve también como la base para el juicio de Dios contra Edom. Así como Edom participó activamente cuando las naciones de Judá e Israel estaban siendo devastadas, así también Edom sería devastada en el futuro. En cierto modo, esta segunda parte del versículo quince es un complemento, una conclusión de lo que hemos visto hasta ahora, es decir, todo el contenido del versículo uno al catorce.

3° El juicio universal divino reducirá  a nada a los poderosos, v. 16

“De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, beberán continuamente todas las naciones; beberán, y engullirán, y serán como si no hubieran sido”.

El versículo 16, que trata sobre el juicio de Dios sobre todas las naciones, también se puede dividir en dos partes:

  1. Comer y beber eran parte importante de la ceremonia cuando se establecían  los pactos, los acuerdos. La frase: De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte... se refiere a esta etapa del establecimiento de pactos realizados entre las naciones antiguas. Abdías probablemente se refiere a la traición de Edom contra Israel y Judá, después de haber hecho un pacto con Israel en el Monte Sion, sellándolo con la bebida y comida durante los siglos X y IX antes de Cristo (cf. 2 Samuel 8:13-14; 1 Reyes 11:14-22; 2 Reyes 3:9-27) y Judá en el siglo VI antes de Cristo (cf. Jeremías 27:2-3). Y además de esa referencia directa a la traición de Edom, Abdías extiende su proclama contra otras naciones que también estaban aliados a Israel y Judá durante su tiempo de angustia.

    Siguiendo la metáfora frecuente de los otros profetas que beben la ira de Jehová, la copa (cf. Isaías 51:17-23; Jeremías 25:15-16; Lamentaciones 4:21; Habacuc 2:16), Abdías se refiere probablemente a la destrucción de Jerusalén como parte del juicio de Dios sobre su pueblo a
    causa de sus pecados.

    Tenemos que entender claramente: el hecho de que Israel y Judá hayan bebido la copa de la ira de Jehová y hayan sido disciplinados con la justa justicia divina, no impediría a Dios dar a beber de la misma copa de su ira, disciplinando, castigando y destruyendo a Edom y las demás naciones que también eran pecadoras y, específicamente, habían traicionado a Israel y Judá cuando estas estaban siendo disciplinadas por el Señor. Nadie que anduvo contrariamente a los principios éticos y espirituales del Señor estuvo, está o estará exento de enfrentar al Señor.
  2. La segunda parte del versículo 16 muestra, entonces, que esta sentencia incluye todas las naciones. Todos bebieron la copa de la ira del Señor. Por lo tanto el versículo 16 está mostrando claramente que el juicio divino sobre los edomitas es uno de los aspectos del día del Señor, que había llegado a su pueblo y que llegaría a todas las naciones de la tierra, convirtiéndose así estas palabras, en palabras profética del juicio universal.

    Y, como veremos en el último párrafo que examinaremos en el próximo estudio, esos versículos amplían esta profecía de condenación de Edom y la salvación del remanente de Judá a través de conceptos teológicos opuestos, al contrastar: "el monte de Sion con el monte de Esaú" y "el remanente con ningún remanente".

Conclusión

¿Qué lecciones o castigo Edom nos ofrece?

  1. Nadie que pretenda perjudicar al pueblo de Dios quedará impune por el Señor. 
  2. Los que están del lado de Dios están protegidos y esperan mejores días. 
  3. Aunque parezca lo contrario, Dios tiene en sus manos el curso de la historia y ejerce de acuerdo a su soberanía. 
  4. La historia de la salvación es lineal y no cíclica, y se mueve objetivamente hacia el final que Dios ha preparado para ella. 
  5. Es conveniente para todo hombre sabio, ser parte del pueblo de Dios, que es la iglesia, para que pueda obtener ventaja de las futuras bendiciones que Él tiene reservada para los suyos. 


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Gálatas 1:6-9.

Estamos iniciando otro estudio de la serie "Carta a los Gálatas". El propósito de cada creyente debe ser estudiar toda la Palabra de Dios. Hacemos esto porque Dios nos ha llamado para proclamar con integridad Su genuina Palabra.

Después de nuestro estudio pasado "Las cualidades del verdadero evangelio", nuestro objetivo hoy es estudiar los versículos 6 al 9 del capítulo uno de esta carta, que nos muestra la sorpresa de Pablo frente al cambio que el percibió en la creencia de las iglesias de Galacia.

En otras palabras, Pablo les dijo a los Gálatas que apropiarse de una nueva doctrina era repudiar el verdadero mensaje del evangelio que viene directamente de Dios. El Evangelio de la gracia de Dios, las buenas nuevas de la muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesucristo, y los propósitos de Dios por medio de esos actos.

Someterse al legalismo es negar la doctrina pura de la gracia de Dios, y esto, a los ojos del Señor nuestro Dios es un asunto muy serio. Sólo hay un Evangelio y cualquier otro mensaje, además del de Pablo, no es el evangelio. El Evangelio no es ningún buen consejo, pero es precisamente lo que significa: el mensaje anunciando el poder transformador de Dios.

Cualquier mensajero o predicador que sugiera la adición de obras humanas a la obra perfecta y acabada del Señor Jesús, como medio de justificación ante Dios, es un "falso maestro" que enseña una "perversión" y por lo tanto debe ser maldecido.

Y ninguno juzgue que estas son palabras ásperas y amargas de un polemista emocionado. Más bien, son las palabras, repetidas dos veces. Son las palabras pronunciadas por el Espíritu Santo registrando su protesta contra cualquier corrupción del verdadero Evangelio.

El galatianismo no era solo una idea errónea que apareció durante el primer siglo de nuestra era. El galatianismo o el legalismo es un error que sigue presente hoy en día. Todavía por ahí se predica la Ley como causa de justificación humana ante Dios. El legalismo aún prevalece en muchos púlpitos. La levadura del legalismo está a punto de fermentar por completo la masa del cristianismo actual, del cristianismo que se predica en muchas iglesias y comunidades cristianas. Muchos están predicando "fe y obras" como el modo de salvación. Sin embargo, todos los líderes que lo hacen han caído de la gracia y no disfrutan de la libertad que proporciona el verdadero evangelio (Gálatas 5:1-4).

Tanto en el pasado como en el presente, hay quienes consciente o inconscientemente, quieren colocar más obligaciones sobre los hombros de los cristianos, las cuales no han sido contempladas por el Señor Jesucristo. Quieren poner al pueblo de Dios bajo la esclavitud de las leyes y normas que ellos mismos han desarrollado. Y lo que es aún peor es que lo hacen todo en nombre de la religión, en nombre del evangelio de Jesucristo. Fue por eso que al ver esta actitud de los falsos maestros, Pablo no pudo contenerse, e inspirado por el Espíritu Santo, en lugar de empezar su carta con un saludo suave y lleno de gratitud, como en otras cartas, rápidamente atacó a aquellos que querían pervertir el evangelio colocando sobre los hombros de los Gálatas las obligaciones de la ley mosaica, que ellos, que no eran Judíos, desconocían totalmente.

Aún hoy en día, esta es la realidad de muchas iglesias y muchas comunidades en nuestros países. Incluso sin ser Judíos, quieren que nosotros que somos salvos por la gracia de Jesús, cumplamos los requisitos de una ley que fue dada hace más de 3000 años, a un pueblo específico, que comenzaba su vida independiente bajo la dirección de Dios a través de Moisés. Esos predicadores, malos intérpretes de la Biblia, se olvidan que hemos sido libertados, porque la verdad nos ha hecho libres (Juan 8:32). Por lo tanto, la frase que es el principio bíblico relevante para ser aplicado en nuestras vidas es la siguiente:

Cada cristiano debe permanecer firme en el verdadero evangelio de la gracia de Jesucristo.

En este texto encontramos cinco razones por las que debemos permanecer en el verdadero evangelio de Jesucristo.

1. Hemos sido llamados por gracia, vs.6

Observe detenidamente lo que dice el versículo 6:"Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo,  para seguir un evangelio diferente".

Los gálatas estaban siendo convencidos por los judaizantes, y dejando así el verdadero evangelio, que les había sido predicado por el apóstol Pablo. Estos judaizantes eran muy sutiles y astutos. Ellos tenían mucho éxito en su labor perjudicial de convencer a los creyentes a desviarse de la fe pura, de la verdadera fe, del verdadero evangelio. El evangelio había sido transmitido a ellos con integridad. Era el mensaje que hablaba de Cristo; Aquel que había sido entregado por nosotros, que había muerto en la cruz por nosotros y resucitado al tercer día de entre los muertos, y luego llevado al cielo donde se sentó a la derecha del Padre en el trono, donde intercede por nosotros.

Bueno, las iglesias cristianas de Galacia recibieron este mensaje puro del evangelio, porque el evangelio es eso, es Cristo muriendo en la cruz por los pecadores. Es Cristo resucitando de entre los muertos por el pecador. Es Cristo siendo levantado a los cielos para sentarse a la derecha del Padre, en favor de nosotros, en favor de los cristianos, en favor de los pecadores.

Pero los judaizantes llegaron a estas iglesias de Galacia, y los nuevos cristianos conversos, que habían sido convertidos a través de la predicación de Pablo, les dijeron que el apóstol había estado allí y predicado el Evangelio y que todos habían aceptado el mensaje de la gracia salvadora. Entonces estos judaizantes, estos legalistas, les dijeron que todo eso estaba bien. Ellos fueron muy sutiles. Los judaizantes eran muy astutos, por lo que llegaron y comenzaron a elogiar el mensaje de Pablo. Ellos decían que todo eso estaba bien, que era incluso un mensaje maravilloso, y que los cristianos de Galacia, en realidad estaban haciendo todo muy bien y que habían tomado una decisión importante.
Debido a que eran muy sutiles y astutos, los  judaizantes después de concordar con el mensaje de Pablo, les dijeron que él había olvidado dar todo el contenido del mensaje. Ellos añadieron algo más al mensaje predicado por Pablo. Declararon que todo este mensaje de Pablo era muy bueno, pero había que añadir una cosa más: la necesidad de hacer cumplir la ley.
Esta fue la gran sutileza satánica; añadir o agregar algo más al evangelio; este fue el gran pecado cometido por los Gálatas. Ellos creyeron y aceptaron el mensaje de Pablo, y entonces aceptaron también el mensaje de los judaizantes. Era el evangelio de Cristo predicado por Pablo más el cumplimiento de la ley predicado por los judaizantes. Y los Gálatas que todavía no estaban bien arraigados, que no tenían una fe sólida en el verdadero evangelio, comenzaron a aceptar ese mensaje falso. Los gálatas estaban abandonando el evangelio de Pablo, el Evangelio de Cristo, para seguir un evangelio diferente, un evangelio mezclado, falsificado, un evangelio alterado. Este no era el evangelio de Cristo.

Este mismo tipo de evangelio es predicado hoy. Casi todo el mundo es cristiano; muchas personas se llaman a sí mismos evangélicos. Si usted pregunta por ahí, ¿cuál es su religión?, la respuesta de muchos será que él es un cristiano. Ellos pertenecen a cierto tipo de cristianismo; al tipo cualquiera. Pertenecen a una clase de evangelio como ese de los Gálatas; a un evangelio mezclado, al evangelio de Cristo más la ley. Al evangelio de Cristo más las obras. Al evangelio de Cristo más las doctrinas humanas. Al evangelio de Cristo más las tradiciones de los hombres. Al evangelio de Cristo más las prácticas religiosas desarrolladas por las iglesias, por las denominaciones, por los líderes que quieren mantener al pueblo de Dios bajo control.

Bien, este es el gran peligro de nuestros días. Hay quienes aman el cristianismo, hay quienes aman el evangelio, pero el evangelio que anuncian por allí, es un evangelio mezclado; y hay muchas personas que no saben hacer la diferencia entre una predicación verdadera y una falsa. ¿Saben por qué? porque desconocen la Palabra de Dios, porque no conocen el Evangelio, no conocen el Nuevo Testamento, y entonces creen que todo es cristianismo, que cualquier cosa es evangelio.

El apóstol Pablo está exhortando aquí a no prestar atención a ese evangelio mezclado; al evangelio de Cristo más el evangelio de los hombres. Pablo condena al cristianismo basado en la tradición humana, o la interpretación humana que proclama la necesidad de obedecer ciertas leyes, junto con la fe en Jesucristo. Pero, ¿Por qué Pablo insistió en la pureza del evangelio? Bueno, porque cuando usted no cree en el verdadero evangelio corre el riesgo de pensar que tenemos vida, cuando en realidad estamos muertos. Y no hace falta decir que hay mucha gente por ahí, espiritualmente muerta a pesar de seguir al "cristianismo". Una especie de cristianismo mezclado con paganismo, o de cristianismo mezclado con ocultismo, o algo así. Esto es veneno para el alma, es veneno para el espíritu.

El apóstol Pablo está abriendo los ojos de los creyentes de las iglesias de la provincia de Galacia, precisamente por ese peligro, porque la mezcla del evangelio puro con el legalismo de los judíos, es algo muy peligroso; es espiritualmente mortal. Entonces Pablo dijo: "Estoy maravillado de que os hayáis alejado tan pronto de aquel que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente".

Para mí es una cosa increíble ver a un cristiano, o una persona que dice ser cristiana, que dice ser evangélica, pasar de un evangelio a otro evangelio, pasar a un evangelio de hombres, a otra creencia, a prácticas legalistas, que ya han sido suprimidas por Cristo en la cruz del Calvario. ¿Será que eran cristianos? Evalúe su vida y verifique si su fe está basada en la libertad y la gracia de Jesucristo.

2. No hay otro evangelio, vs.7

Ahora observe el versículo 7: "No que haya otro,  sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo".

Aquí el apóstol Pablo se refiere claramente a aquellos que pervierten el evangelio. Pervertir aquí, es cambiar completamente el evangelio. Es la misma palabra que se usa para decir que la luz se convierte en tinieblas, o la oscuridad se convierte en luz. Por supuesto eso no acontece. Eso sólo se produce por la interferencia humana. Sólo cuando el hombre interfiere ocurren esos cambios que no son naturales.

Lo mismo sucede con el mensaje puro del evangelio. Cuando el hombre quiere hacer algo más allá de aquello que Jesús hizo completa y perfectamente, el resultado es un evangelio extraño. No es el evangelio de Jesucristo. Es una degeneración completa. Es una perversión del evangelio de Cristo. Eso hacen los que están por ahí proclamando ese mensaje: afirman que la verdadera religión es el cristianismo sumado a las otras prácticas. Es el evangelio más esto y aquello. ¿Qué clase de evangelio es este? Esa es la perversión del evangelio. Es la tergiversación del mensaje puro y claro de la gracia de Dios.

La proclamación de Pablo era la persona de Cristo, era la del Dios encarnado que vino a nosotros, que murió por nuestros pecados, pero que ha resucitado. ¡Este es el evangelio de la cruz! La muerte de Jesús es el punto de partida para la vida de liberación y de la gracia recibida por Dios. Todo lo que esclaviza al ser humano es otro evangelio, otro mensaje, es un mensaje falso. No es el verdadero evangelio. ¿No es hora de que todos recurran a la Biblia, al evangelio de Cristo, al verdadero evangelio que es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree en Él?

3. Ni siquiera una predicación angelical fue autorizada, vs. 8

Llamo su atención a la lectura del versículo 8: "Mas si aún nosotros,  o un ángel del cielo,  os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado,  sea anatema".

Es interesante este argumento de Pablo. Él dice que una de las razones por las que debemos perseverar, permanecer firmes en la verdad del evangelio es que fue revelado especialmente por Dios para él. Cronológica, histórica y teológicamente él, Pablo, tuvo el privilegio de ser el canal de la gracia de Dios para los gentiles. Él hace esta declaración en Efesios 3:2-3, 8-9, y Colosenses 1:24-29. Así que, ya no se concebía que cualquier otra revelación viniese a añadir algo nuevo a lo que ya había recibido directamente de Jesús. Incluso si un ángel venía a proclamar ese otro mensaje debía ser desestimado. La verdadera palabra de salvación Dios la había revelado a los hombres y no a cualquier otro ser, aunque fuese un ser celestial.

Pero cuando Pablo se refiere a ángeles que traen una nueva revelación, trayendo una añadidura, tenemos que recordar 2 Corintios 11:13-14 donde Pablo dice que el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz y sus ministros como ministros de justicia para confundirnos, para socavar la fe del evangelio puro y simple de Cristo. Déjeme hacerle una pregunta directamente a usted: ¿En cuál evangelio usted cree?

4. Cualquier otro evangelio no tiene la bendición de Dios, vs.8

Una vez más consideremos el versículo 8, donde Pablo dice: "Mas si aún nosotros,  o un ángel del cielo,  os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado,  sea anatema".

Espero que esté percibiendo las palabras del apóstol Pablo. Vea que el apóstol, inspirado por Dios, dice que este tipo de evangelio, que es predicado por los falsos maestros, es un mensaje sin la bendición de Dios; es un mensaje maldito. Sí; el evangelio mezclado con doctrinas de hombres deja de ser el evangelio de Cristo. Deja de ser el poder de Dios. Deja de ser el Evangelio que salva. Así que este mensaje debe ser considerado anatema, es decir, debe ser considerado maldito. Es un mensaje inútil y peligroso. Pablo dice que incluso si un ángel venido del cielo, anunciare otro evangelio debe ser desestimado, y su mensaje debe ser considerado inútil, un mensaje sin la bendición de Dios.

Hay muchas personas buscando recibir orientación  religiosa y espiritual, a través de cualquier medio, de cualquier gurú. Por lo tanto, estas personas se abren a las acciones de los malos espíritus, de los demonios. Hay muchas personas buscando ayuda a través de fuerzas ocultas. El mismo apóstol Pablo en su primera carta a Timoteo, capítulo 4 versículo 1, habla sobre ese tiempo; nos habla de esa época que estamos viviendo ahora. Estas son sus palabras: "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe,  escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios".

Tratando de llenar el vacío de sus corazones, los hombres, tanto de aquellos días de Pablo como los nuestros, están buscando la verdad en varios lugares, en movimientos y creencias. El problema es exactamente este: Cuando no estamos afirmados en la verdad divina, estaremos satisfechos hasta con los mensajes que no tienen la bendición de Dios. Porque el hombre es ciego, acepta creer en las revelaciones que no tienen la bendición de Dios. ¿Tiene usted convicción en su creencia? ¿Cuál es el mensaje que sustenta su vida?

5. Los que predican un mensaje diferente, son malditos, v. 9

Leamos ahora el último versículo de nuestro texto. Leamos el versículo 9: "Como antes hemos dicho,  también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido,  sea anatema".

Vea y perciba el cuidado de Pablo; perciba su perplejidad y observe su indignación. El apóstol repite aquí lo que ya había dicho en el versículo 8. Un evangelio mezclado con legalismo o con ocultismo, o con cualquier otra doctrina o tradición humana, debe ser considerado anatema. Pero hay que señalar y decir que Pablo no está condenando a la ley de Moisés. Pablo no está condenando a la ley del Antiguo Testamento, ni está comparando la ley de Moisés con las falsas religiones, o las tradiciones de los hombres. Las falsas religiones son falsas y son peligrosas.

No, Pablo no está condenando  la ley. ¡Todo lo contrario! La ley de Moisés es divina, ella refleja el carácter de Dios y por lo tanto es majestuosa, es santa, es pura, es justo como dice Pablo en Romanos 7:12-14. Pero la ley de Moisés no es el sistema de salvación dado por Dios. Por medio de la ley ninguno se salva; somos salvos por la gracia, mediante la fe en Cristo. Por lo tanto, aquellos que predican otro mensaje, además de no estar bajo la bendición de Dios, son maldecidos por Dios porque niegan la obra completa y perfecta en Jesucristo en la Cruz del Calvario.

Conclusión

Mi oración es para que usted crea en el verdadero evangelio y persevere en él. No se deje engañar por los líderes inescrupulosos que quieren dominar al pueblo de Dios con leyes, normas y reglamentos que ya no tienen más sentido en la época del nuevo pacto.

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