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Texto

Isaías 58:13-14 dice así la santa e inerrante palabra de nuestro Señor:
"Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado".

Introducción

Hoy día, claramente se puede observar que existe, entre los cristianos, mucha negligencia y desprecio en cuanto a la observancia del día del Señor. Y porque hemos visto, que los congregantes y miembros de esta iglesia, no escapan de esa misma dificultad, el propósito de este sermón es exponer este tema, esta verdad bíblica. Es nuestro deseo  poder comunicar las riquezas y abundantes bendiciones que significa guardar, cumplir el día del Señor y ser convencidos en nuestros corazones que es posible deleitarnos en este precioso día.

De manera que he titulado este mensaje: La supremacía del día del Señor. El día del Señor se le conoce en el Antiguo Testamento como el Sabbat, día de reposo; y en el Nuevo Testamento, a la luz de la resurrección de Cristo, se le conoce como el día del Señor.

Ahora, antes de comenzar es importante hacer notar que voy a exponer la palabra sobre la base de dos verdades teológicas:
  • Primera verdad: Cristo es el cumplimiento de todos los tipos y sombras del Antiguo Testamento.  Colosenses nos enseña que Cristo es el cumplimiento de las sombras y tipos del Antiguo Testamento, y Romanos nos enseña que el antiguo pacto ha quedado anulado por causa que el nuevo pacto llegó; y así como cuando la esposa queda libre para casarse una vez que el esposo muere, así también los creyentes ya no estamos relacionados con el antiguo pacto pues hemos muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo para pertenecer a Él y así participar del nuevo pacto. Hemos sido libertados de las sombras y ritos del antiguo pacto porque Cristo es la substancia de todas ellas y la substancia ya vino. Primera verdad que damos por sentado. Colosenses 2:16-17; Hebreos 8:3-5; 10:1; Romanos 7:2-4.
  • Segunda verdad: La ley moral de Dios es inmutable, trascendente y vinculante para todos los creyentes, de todas las épocas, de todos los tiempos, por toda la eternidad. Si alguien tiene problema con aceptar que los 10 mandamientos son vinculantes para nosotros, podemos ayudarle en el estudio y comprensión de este tema.
Habiendo dicho esto quiero darles los tres pasos que seguiré al exponer este texto:
  • En primer lugar veremos el contexto de nuestro texto.
  • En segundo lugar, La proposición condicionante del versículo 13: "Si retrajeres" condicional, "si retrajeres" y 
  • En tercer lugar, La proposición condicionada. "Entonces",  "si retrajeres... entonces". 
Estos son los tres puntos que quiero que sigamos el día de hoy para poder extraer las enseñanzas del texto.

Mi propósito al hablar de la supremacía del día del Señor, es enfatizar su importancia en la vida del creyente, las bendiciones que perdemos cuando desdeñamos, subestimamos o menospreciamos el día del Señor. La idea no es pararme aquí, sacar la ley de Moisés y decir: "Hermanos, estamos obligados a obedecerla". Si bien eso es verdad, también es verdad que Dios nos presenta la hermosura del día del Señor, para convencer nuestros corazones, para renovar, reformar nuestras mentes y conformarlos al carácter y pensamiento de Cristo. De manera que este es el objetivo al cual deseo apuntar al exponer la supremacía del día del Señor, por eso he escogido este pasaje de Isaías 58, y es mi propósito exponerlo parte por parte.

Espero en el Señor que en la medida que vaya desarrollando este sermón y a la luz de Isaías 58, podamos percibir que el ser negligentes en la correcta observancia del día del Señor, es perdernos de uno de los beneficios más grandes que Dios nos ha dado para nuestras vidas cristianas. Si, tener en poca estima el santo día del Señor, es perdernos las  tantas bendiciones que Dios ha preparado por causa de este día. 

Vayamos por un momento a Éxodo 20:8-11 y veamos que dice así:
Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.
Solemos leer el 3er. mandamiento pero no meditar en él, sino que pensamos solo en lo que demanda; pero esta es una manera incorrecta de entender el día del Señor; porque el día del Señor no se nos presenta como una carga, sino como un beneficio para el hombre.

No fue eso lo que dijo el Señor Jesucristo en Marcos 2:
"Después Jesús les dijo: —El día de descanso se hizo para satisfacer las necesidades de la gente, y no para que la gente satisfaga los requisitos del día de descanso. Así que el Hijo del Hombre es Señor, ¡incluso del día de descanso!" v. 27 NTV
El día del Señor fue hecho para el hombre, para su deleite, para su refrigerio, para su crecimiento espiritual.

El día del Señor fue llamado por los puritanos "el mercado del alma". Para nosotros el mercado, quizás, ya no es relevante; pero en aquellos días, el mercado era parte esencial de una sociedad, porque no habían centros comerciales sino que una vez a la semana se reunían muchas personas de diferentes aldeas para vender y comprar sus bienes.

El día del Señor, es el mercado del alma. Es el día establecido por Dios para que el alma se abastezca de toda la mercadería espiritual, de todas las provisiones, para que en la semana nuestro corazón pueda estar saturado de la verdadera adoración.

Dice el Salmo 119:
En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti. Bendito tú, oh Jehová; Enséñame tus estatutos. Con mis labios he contado Todos los juicios de tu boca. Me he gozado en el camino de tus testimonios Más que de toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; Consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; No me olvidaré de tus palabras. Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra. Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley. v. 11-18.
Algo ha pasado en nuestro siglo XXI que el día del Señor ya no lo vemos como el lugar de reabastecimiento. Ya no lo vemos como el día establecido por Dios para recibir los medios de gracia. Permítanme darles una ilustración para explicar lo que ha pasado en nuestra historia. La ilustración es algo así:
"Hubo una vez un gran rey que construyó una espléndida ciudad. En esa ciudad construyó un hermoso parque y lo puso en el centro de la ciudad. Tenía hermosos jardines, fuentes de agua, grandes estanques,  árboles frondosos y asientos en diverso lugares del parque. Además de esto construyó un teatro, un lugar de reunión en el centro del parque. Entonces el pueblo se acercaba, se reunía en el teatro, pasaba tiempo de esparcimiento deleitándose, y el pueblo tenía comunión con el rey.

Un día el rey salió a un largo viaje,  entonces  los ciudadanos empezaron a descuidar el precioso parque. La hierba empezó a crecer y ahogar los jardines, los árboles perdieron su follaje, los estanques se empantanaron, las bancas se deterioraron; en general el parque cayó víctima de la acción destructiva dela negligencia.

Unos ciudadanos fueron para restaurar el parque; y ciertamente le regresaron buena parte de la hermosura original, pero por temor a que volviera a declinar, no restauraron las bancas, pusieron vallas para que el pueblo no se acercara a los jardines y a sus frutos, y cobraban impuesto para poder entrar. El parque sólo se convirtió en un centro gubernamental y perdió su atractivo. Los ciudadanos ya no lo buscaban por todas las tarifas y la falta de deleite que encontraban en él.

Entonces el rey envió a su ministro para que resolviera este gran desorden. Lo primero que hizo fue quitar las cuotas y restaurar el teatro para que todos se acercaran, colocó nuevamente  las bancas, y quitó todas  las vallas para que todos entraran y disfrutaran. Dejó a unos encargados y regresó. Por un tiempo el pueblo se acercó, se deleitaron en el parque, y recordaron al rey; pero una vez más volvió a declinar.

Nuevamente algunos se acercaron pero esta vez con el propósito de comprar el parque para destruirlo y construir  algo más elegante; un lujoso centro comercial. Pero otros se acercaron y dijeron: no nosotros lo compraremos, somos tradicionalistas  y debemos conservar nuestra tradición en el pueblo. Pero otro grupo dijo: no, no destruyamos este parque para construir algo novedoso, tampoco nos  quedemos con él solo porque forma parte de la tradición; regresémoslo a su propósito original, el propósito del rey, el disfrute, el deleite del pueblo y la remembranza de su nombre".
¿Se entiende, se entiende la ilustración?  Hay gente, en círculos cristianos, que hoy en día están diciendo que hay que quitar esa tradición del día del Señor. Hay personas que dicen que es posible reunirse cualquier día de la semana, no importa. Hay personas que quieren derribar el santo día del Señor para poder hacer sus actividades familiares, para poder celebrar el día del padre, el día de las madres. Hay otros que dicen: No, dejémoslo; ir a la iglesia el domingo es socialmente  bueno para las familias y es agradable. Pero ellos no ven más que una tradición, y han perdido el verdadero objetivo del día del Señor.

Oh hermanos, que este texto nos sirva para recobrar el verdadero propósito del día del Señor. Día para nuestro deleite, día para nuestro gozo, día para la adoración del Padre.

Así que empecemos por ver el contexto de nuestro texto.

El contexto de nuestro texto

¿Porque es necesario empezar por explicar el contexto? Porque el  contexto resuelve una interrogante: ¿Qué tiene que ver este texto conmigo? Si ahora yo estoy bajo el régimen del Nuevo Pacto, y ya no tengo ninguna relación con el Antiguo Pacto, ¿qué tiene que ver este pasaje conmigo? 

Hermanos de qué serviría exponer las riquezas y bellezas de este pasaje si al final del sermón alguien dice: "Ah, qué buena enseñanza para los que vivieron en el Antiguo Pacto". 

Muy bien, hay una respuesta rápida y corta, la voy a responder citando 2 pasajes Bíblicos; dicen así:
Pues ni siquiera Cristo vivió para agradarse a sí mismo. Como dicen las Escrituras: «Los insultos de aquellos que te insultan, oh Dios, han caído sobre mí». Tales cosas se escribieron hace tiempo en las Escrituras para que nos sirvan de enseñanza. Y las Escrituras nos dan esperanza y ánimo mientras esperamos con paciencia hasta que se cumplan las promesas de Dios. Que Dios, quien da esa paciencia y ese ánimo, los ayude a vivir en plena armonía unos con otros, como corresponde a los seguidores de Cristo Jesús. Entonces todos ustedes podrán unirse en una sola voz para dar alabanza y gloria a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Romanos 15:3-6 (NTV)
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Esas cosas les sucedieron a ellos como ejemplo para nosotros. Se pusieron por escrito para que nos sirvieran de advertencia a los que vivimos en el fin de los tiempos. 1 Corintios 10:11 (NTV)
Ahora, hay una respuesta más pausada y distendida; se encuentra en el contexto. Y lo glorioso es que el contexto resuelve la interrogante. Si tú te preguntas ¿Qué tiene que ver ese texto conmigo? Esa es una buena pregunta, porque cuando leemos el Antiguo Testamento, principalmente el pentateuco, es natural que nos preguntemos: ¿Qué de esto continúa y que de esto ya no continúa? siendo que Cristo ya vino. De modo que es muy importante preguntarnos, es sano, es bueno. 

Así que veamos el contexto, y no tengo que hacer trucos ni malabares torciendo las escrituras, para tratar de convencerlos. Simplemente voy a exponer la belleza del texto.

El libro de Isaías básicamente puede ser dividido en dos partes. Desde el capítulo 1 al capítulo 39 trata del juicio de Dios por los pecados tanto de las naciones paganas, como de la nación de Israel. El capítulo 40 comienza de una manera maravillosa. Dios le dice a Isaías: "Consolad, consolad a mi pueblo —dice vuestro Dios" (LBLA). De manera que desde el capítulo 40 hasta el capítulo 66 trata acerca de la consolación, el consuelo para el pueblo de Israel. Una vez juzgados ahora se les da la esperanza.

Ahora bien, dentro de la  consolación viene entretejida la promesa del Mesías, y se nos presenta al Mesías como el siervo de Jehová. Entonces tenemos en el capítulo 53, los sufrimientos de ese Mesías, de ese siervo del Señor, por los pecados del pueblo. Los versículos claves de ese capítulo dicen:
Fue despreciado y rechazado: hombre de dolores, conocedor del dolor más profundo. Nosotros le dimos la espalda y desviamos la mirada; fue despreciado, y no nos importó. Sin embargo, fueron nuestras debilidades las que él cargó;     fueron nuestros dolores los que lo agobiaron. Y pensamos que sus dificultades eran un castigo de Dios; ¡un castigo por sus propios pecados! Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones y aplastado por nuestros pecados. Fue golpeado para que nosotros estuviéramos en paz; fue azotado para que pudiéramos ser sanados.  Isaías 53:3-5 (NTV)
Luego tenemos el capítulo 54. Todo el pasaje lleva un lenguaje de victoria y restauración. Versículos 1-2 (NTV):
"¡Canta, oh mujer sin hijos,  tú que nunca diste a luz! Prorrumpe en canciones de alegría a toda voz, oh Jerusalén,  tú que nunca tuviste dolores de parto. Pues la mujer desolada ahora tiene más hijos  que la que vive con su esposo  —dice el Señor—. Agranda tu casa; construye una ampliación.  Extiende tu hogar y no repares en gastos".
En el capítulo 55 tenemos la libre oferta de esa victoria, la libre oferta de ese sacrificio. Leamos cómo empieza versículo 1:
"A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura".
Lo que nos habla este capítulo es de la invitación gratuita para que vengan a deleitarse en esa victoria. Oh pueblo, no sigas gastando tus fuerzas en deleites que no traen provecho.

Seguimos con el capítulo 56 este capítulo trata el alcance de esta libre oferta,  versículo 2-7:
"Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el día de reposo para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal. Y el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me apartará totalmente Jehová de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis días de reposo, y escojan lo que yo quiero, y abracen mi pacto, yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá. Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle, y que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos".
Las bendiciones no eran sólo para Israel si se arrepentían, estaban siendo extendidas a los extranjeros también. Este pasaje habla acerca de ti y de mi, esto es acerca de nosotros. El pueblo extranjero estaba "sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo". Efesios 2:12. 

Podemos observar que éste es lenguaje del nuevo pacto. La razón principal es que ahora los eunucos pueden entrar a la casa de Dios. Si usted lee Deuteronomio 23:1 se dará cuenta que los eunucos no eran admitidos en el templo de Dios. Estas son palabras que apuntan al nuevo pacto,  donde todos los pueblos podrían ser reunidos en este precioso templo, para adorar al Señor. 

Aquí hay algo que debo resaltar: La clara evidencia más irrebatible de un genuino corazón arrepentido es la observancia del día del Señor.

En el capítulo 57 se vuelve a repetir una maldición sobre Israel, el versículo 3 capítulo 57: 
"Mas vosotros llegaos acá, hijos de la hechicera, generación del adúltero y de la fornicaria.  ¿De quién os habéis burlado? ¿Contra quién ensanchasteis la boca, y alargasteis la lengua? ¿No sois vosotros hijos rebeldes, generación mentirosa".
En este pasaje Dios se presenta legítimamente enojado cuando Su voz no es escuchada, mucho más, cuando  a sabiendas  se gozan en el pecado y la idolatría. Los pecadores están siendo advertidos que no encontrarán quietud, ni satisfacción, ni deleite, en sus propios corazones y sentirán toda la fuerza de Su ira, si  no se arrepiente y abandonan el pecado.

Ahora llegamos al capítulo 58 y observen lo que sucede en este capítulo. El Señor los está exhortando acerca de sus malos caminos, de las consecuencias de sus pecados, y la respuesta del pueblo es un altercado con Dios. El pueblo de Israel está reclamando y el Señor les pregunta capítulo 58 versículo 3:
"¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido?" 
Ellos no están escuchando a Dios, ellos solo empiezan a polemizar: Señor, porque nos estás juzgando de esta manera. ¿Tu no ves que nosotros  hicimos ayuno, no ves que  afligimos nuestras almas? No escuchaste o ni siquiera te enteraste.

Escuchen lo que dice el versículo 5 (NTV)
"Ustedes se humillan al hacer penitencia por pura fórmula: inclinan la cabeza como cañas en el viento, se visten de tela áspera y se cubren de cenizas. ¿A eso le llaman ayunar? ¿Realmente creen que eso agrada al Señor?".
La respuesta sencilla. ¿Quién les dijo que eso era lo que me agrada? Lo que me agrada es:
"pongan en libertad a los que están encarcelados injustamente; alivien la carga de los que trabajan para ustedes. Dejen en libertad a los oprimidos y suelten las cadenas que atan a la gente. Compartan su comida con los hambrientos y den refugio y los que no tienen hogar; denles ropa a quienes la necesiten y no se escondan de parientes que precisen su ayuda".
Hasta aquí dejamos nuestro contexto general.

Ahora bien  si alguien aún se pregunta ¿qué tiene que ver todo esto conmigo? La respuesta es: tiene todo que ver. Es verdad que está escrito dentro del sistema del Antiguo Pacto, pero las verdades aquí impresas, las verdades aquí inspiradas por el Espíritu de Dios tienen todo que ver con nuestra alma en el tiempo presente; tienen todas la instrucciones, todas las indicaciones para modelar nuestra conducta en el día del Señor.

La proposición condicionante 

Entremos entonces en nuestro segundo punto: La proposición condicionante. Cuáles son las condiciones de este día del Señor, cuáles son las condiciones para las promesas:
"Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras".
Una simple lectura de este texto, sin mucha exposición, sin mucho análisis, ya habla directo a nuestro corazón. Es que el día establecido por el Señor, es un día de sagrada observancia, no es un día para ocuparse de los intereses personales, no es un día de andar en nuestros propios deseos, no es un día para hablar palabras inútiles.

Todo esto es un lenguaje que contrasta los días comerciales con el día del Señor, exegéticamente hablando Isaías 58:13 tiene como contexto inmediato los días comerciales. Es un lenguaje que prohíbe,  es un lenguaje que nos enseña que el día del Señor no es como cualquier otro día de la semana, que el día del Señor no debe ser tratado profanamente.

Ahora tú te preguntarás ¿qué es profanar?  Profanar es tratar como común aquello que es santo. En el relato de Éxodo 3 El Señor se le aparece a Moisés en la zarza; y le llamó la atención a Moisés que la zarza ardía y no se consumía. Entonces acercándose para ver lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: !Moisés, Moisés! No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Si Moisés pisaba con las sandalias, ese lugar, profanaba la tierra santa.

Profanar es tratar como común las cosas santas y sagradas que el Señor ha establecido, y nos es prohibido, rotundamente, tratar el día del Señor como cualquier otro día.

Ahora, no estoy hablando de no hacer las cosas que son necesarias para vivir. Ni siquiera de eso se trataba el Sabbat en el Antiguo Pacto. Cuando el Señor estaba  pasando por los sembrados un día de reposo, los fariseos le preguntaron ¿por qué arrancan espigas tus discípulos? el Señor les contesta: ustedes solo siguen  la tradición.

Cristo estaba siguiendo el verdadero día de reposo mosaico y arrancar las espigas no era algo prohibido. De manera que no estoy hablando de las cosas que son  necesarias para la vida. Lo que señala el pasaje es que todas aquellas cosas que nos son permitidas hacer los seis días de la semana, no deben ser hechas en el santo día del Señor.

Dios nos ha dado seis días para trabajar y en esos seis días debe ser hecha la obra. El problema es que hoy en día, para muchos de nosotros, el día de Señor no es más que otro día de la semana. Es muy fácil destinar ese día para cualquier actividad cotidiana. Se nos hace fácil asistir a cualquier invitación, e ignorar el santo día del Señor. Se nos hace fácil dejar de asistir al templo el día santo del Señor.

Hermanos, algunos dejan de asistir al templo porque tienen que lavar la ropa, o le hicieron una invitación al club, o fueron invitados a una fiesta y se acostaron tarde, o porque ese mes comenzó la serie de su deporte favorito. Pero quiero decirte: el día del Señor es mucho más importante, extremadamente más importante, que cualquier reunión, invitación, celebración, junta, fiesta, velada, ofertas y afines que puedas tener.

Que importante es este texto en nuestra cultura posmoderna que relativiza todo, y este relativismo nos ataca y se mete a la Iglesia. Algunos dicen: Ay, yo no asisto al día del Señor, falto mucho al día del Señor pero tú no conoces mi corazón. No, el pasaje dice: la verdadera piedad se demuestra por la manera en que valoras el santo día del Señor. Otros dirán: Yo no asisto al día del Señor pero yo no me he alejado de Dios. Así que no me digas nada, porque tú no ves mi conducta. Pues no, el pasaje dice: pueblo no puedes decir que no veo tu corazón; porque la manera en que valoras el santo día del Señor es el reflejo de lo que hay en tu corazón. Herejía, eso no es más que herejía. Si me amáis guardad mis mandamientos, dice el Señor. No hagas cosas que el Señor no te ha mandado, has lo que Él te ha mandado, que guardes este día entre siete como santo. 

Voy a contarles la historia de una oferta que le hicieron al pastor Charles Spurgeon. Un día le llegó a este pastor una carta de la mismísima reina de Inglaterra que decía: Te doy un trabajo como mi consejero, un puesto importante al lado de la reina. Y Spurgeon contesta la carta y dice: "Mi Señora le agradezco por tan grande privilegio, pero el Señor me ha dado la oportunidad de ser pastor de la grey de Dios". Y la reina se enoja y vuelve a mandar una carta y dice: "Cómo te atreves a comparar el puesto que yo te ofrezco con ser pastor de una iglesia". Y Spurgeon le contesta: "Es cierto mi Señora, cómo me atreví a comparar el trabajo que tú me das, terrenal, de un reino terrenal y mundano, con el trabajo celestial de apacentar la grey de Dios".

Hermanos algunos dan más importancia a las cosas de este mundo que a la celebración del día del Señor. Es verdad ya no estamos bajo el Antiguo Pacto y las reglas y ceremonias mosaicas, pero el 3er. mandamiento sigue siendo vinculante para el pueblo de Dios, sigue siendo obligatorio. Vuelvo a repetir, no hablo de esas cosas que llegan a ser necesarias en nuestra vida y que debemos prestar atención; cosas que serían imposibles o imprudentes no atender. Más bien hablo de aquellas  cosas vanas e inútiles por las cuales muy fácilmente nos desentendemos del día del Señor, y lo valoramos como una cosa más entre muchas otras. Hermanos, el día del Señor no es una cosa más entre muchas otras, día del Señor es todo del Señor y es santo. 
"Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová"
Creo que el versículo 13 podemos resumirlo en esta oración. Y quiero explicarlo con un ejemplo práctico.
Alguna vez fuimos invitados al río a pasar el día y preparar un sancocho, con algunos familiares, amigos o creyentes. Seguramente con anterioridad compramos todo lo que nos asignaron para la preparación del sancocho. También preparamos toda la indumentaria necesaria, porque el día siguiente debíamos salir temprano.  Al día siguiente todos nos levantamos temprano, no hubo necesidad de apresurar a ninguno. Pronto nos pusimos en marcha para encontrarnos con el resto del grupo en el río.  
Una vez en el río nos entregamos de lleno a  la diversión. Nos bañamos, jugamos voleibol, damas chinas y domino. Ayudamos a las mujeres a cocinar el sancocho, por cierto, comimos tarde, como a las tres, porque nos distrajimos mucho con los juegos. Luego del almuerzo nos sentamos para bajar la comida, charlar un poco y compartir con aquellos con quienes hasta ahora no habíamos tenido contacto. Un rato más tarde comenzamos a bañarnos y a jugar nuevamente hasta que empezó a caer la tarde.  
Pronto se comenzó a escuchar: "Bueno, es tiempo de recoger todo antes de que anochezca", los niños decían: “Ay papi ¿tenemos que irnos ya? ¿Podemos venir la próxima semana?". Algunas de las mujeres se decían entre ellas: "Bueno, otra vez a la rutina. ¡Cómo me gustaría que este día fuera más largo!" Seguramente todos nos fuimos deseando regresar.
Todas las semanas tenemos un día de reposo. Sin embargo llega el domingo y ni siquiera hemos preparado nuestras almas para deleitarnos, para acercarnos, para buscar del Señor en ese santo día. Hermanos, así como hacemos tanta preparación para otras cosas en este mundo y preparamos nuestras cosas para salir el día lunes a trabajar, así debemos preparar nuestros corazones, así debemos apartar nuestras mentes, así debemos clamar al Señor el día sábado por las noche y rogar: Señor mi corazón es rebelde y es necio, mis pensamientos se distraen con los afanes, permítete apartar mi pie, permítete apartar mi mente y mis palabras para no hacer mi voluntad.

¿Apartas este día o simplemente asistes el día domingo a la Iglesia?

El propósito de apartar, santificar el día del Señor no es simplemente descanso físico,  sino consagración, suspensión de nuestra labor de manera que podamos deleitarnos en Dios, buscar al Señor y tener comunión con nuestros hermanos. 

La proposición condicionada

Vamos ahora con nuestro 3er. punto:  La proposición  condicionada. ¿Qué es lo que se promete al que santifica el día del Señor? Esto es maravilloso: 
"entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado".
Todos los que son cristianos, los verdaderos hijos de Dios, tenemos deleite en el Señor. Antes nos deleitábamos en el pecado, pero ahora por causa del nuevo corazón nos deleitamos en el Señor y sus mandamientos.

Ahora, es posible  que  pasemos por tiempos en los que no nos encontremos satisfechos deleitándonos  con Dios. Puede que estemos deseando tener más deleite, porque observamos que nuestros corazones están fríos, apáticos, nuestros pasos están apesadumbrados, tenemos  falta de celo,  falta de devoción.  ¿Qué está pasando? 

Hermano, pregúntate allí donde estás, si la razón de todo eso no se debe a la poca estima que estas teniendo al día del Señor. Entramos al nuevo pacto incondicionalmente porque Cristo llevó las condiciones, pero la promesa de este pasaje, es una promesa condicional.

¿Qué más se promete? "Entonces te deleitarás en  Jehová y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra". 

Este es lenguaje de victoria sobre los enemigos.

Hermanos, Isaías 58 dice que si apartamos y estimamos este día como santo, como especial; si lo tenemos como algo santo y delicioso para nosotros, nos hará andar sobre nuestros enemigos. Esto significa  victoria sobre el mundo que se opone a la santidad, victoria sobre el diablo que nos tienta, victoria sobre nuestra propia carne.

Me pregunto si la flaqueza y debilidad, nuestra decadencia espiritual y caída en la tentación no se debe a esta baja estima del día del Señor. No deberemos esperar entonces la victoria sobre la tentación, la victoria sobre el diablo, la victoria sobre nuestra carne, cuando hacemos muchas actividades para Dios pero no estimamos su día santo.

Hay otra promesa:
"y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre porque la boca de Jehová lo ha hablado".
Comer de la heredad de Jacob significa participar de las mismas bendiciones, promesas y aprovisionamientos que fueron hechos a Israel. Dice el texto, que entonces cuando guardes el día del Señor como es debido, con todo tu corazón, derramando tu corazón para con ese día, entonces tendremos deleite las cosas espirituales.

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Existen  respuestas Bíblicas suficientes  para entender  un  poco  el  dolor,  y  para que aprendamos a beneficiarnos  de  las tribulaciones.  Las  páginas siguientes  nos muestran  que  aunque  puede  que el  cielo  no conteste todas nuestras preguntas, sí nos da las respuestas que necesitamos para confiar y  amar a  Aquel  que,  en  nuestro  dolor,  nos  pide  que nos acerquemos a Él.

Mas el Dios de toda gracia,  que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo,  después que hayáis padecido un poco de tiempo,  él mismo os perfeccione,  afirme,  fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.  Amén. 1 Pedro 5:10-11.

Introducción

Una de las preocupaciones constantes de nuestra cultura es la pregunta:  "¿Por  qué  le  pasan  cosas malas  a  la  gente  buena?"

Esta preocupación  tiene  que  ver  con  el  hecho  de  que  las  personas  no  están dispuestas  a reconocer,  en  primer  lugar,  que  son  pecadores  y  en segundo lugar, que viven en un mundo rendido y entregado al pecado. El hombre tiene una elevada opinión de sí mismo, y de acuerdo a esa elevada idea de lo que cree ser, de alguna manera le parece inconcebible que algo  malo  le deba suceder.  Después  de  todo, se  idealizan como gente buena.

Inclusive  entre  los  mismos creyentes  hay  quienes expresan las mismas  inquietudes,  vistas no desde el punto de vista Bíblico, sino desde  una  perspectiva  religiosa.  Tristemente, dolorosamente debemos decir que existen entre los creyentes las mismas preocupaciones y las mismas preguntas que se plantean los incrédulos.

  • ¿Por qué  le  pasan  cosas  malas  a  la  gente  buena?  o
  • ¿Dónde  está  Dios  en medio de mi angustia? o
  • ¿Cómo  debo  entender a  Dios, cuando todo lo que se supone es exclusivo de su trato con su pueblo no está sucediendo?

Se podría pensar que la respuesta a la pregunta es un tanto oscura; pero más  bien  podríamos responderla de forma  breve y resumida. Podríamos decir que: “Las aflicciones le suceden a  la  gente buena a causa del pecado. Vivimos en un  mundo  de  pecado  y  nosotros  mismos somos pecadores”. Ciertamente esta  no es  una  respuesta  del todo satisfactoria,  ya  que  no  contiene  suficiente información  para  resolver algunas dudas  que dificultan  la  comprensión de este  tema. Así que vamos  a  estar desarrollando el tema con mayor profundidad.

Entonces, existen calamidades que les suceden a los hijos de Dios. Ninguno  de  nosotros  podría cuestionar que este hecho es cierto, todos hemos experimentado dificultades, pruebas y tribulaciones en un grado u otro. Estamos conscientes de que estas cosas suceden.

La pregunta es: ¿por qué? ¿Por qué Dios  permite  que  estas  pruebas,  tribulaciones  acontezcan  a su pueblo? Con la ayuda de Dios vamos a exponer seis puntos de vista Bíblicos en respuesta a esta pregunta.

Dios permite las tribulaciones para perfeccionar su fe.

Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas,  y por quien todas las cosas subsisten,  que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria,  perfeccionase por aflicciones al autor [Pionero] de la salvación de ellos”, Hebreos 2:10.

Es bueno que nos conozcamos a nosotros mismos, nuestra debilidad y pecaminosidad para no enorgullecernos ni confiar en nosotros mismos, y que siempre vivamos dependiendo de la gracia divina. Es por eso que Dios permite las pruebas de manera que podamos ser perfeccionados así como lo fue Cristo, aun cuando era sin pecado.

Job  fue probado  más allá  de toda  imaginación; él era un hombre muy rico, y en un solo día Job pasó de ser un millonario a ser un desarrapado; el mismo día perdió todo lo que tenía y todos sus hijos fueron asesinados. Posteriormente fue herido  con  una  enfermedad  grave.  Todo  su  mundo se derrumbó. Esa sí que fue una prueba extrema. En medio de todo esto, como metiendo el dedo en la llaga, su  esposa  le  dice: "¿Todavía intentas conservar tu integridad? Maldice a Dios y muérete" (2:9) NTV, pero Job tenía una fe probada y pudo exclamar: "aunque él me matare,  en él esperaré"(13:15);  esa es la clase de fe que usted y yo necesitamos una fe inconmovible, sin importar las circunstancias.

Habacuc  tenía  un  dilema  que  estaba  más  allá  de  su compresión.  Estaban  sucediendo  cosas terribles  en  Israel.  Dondequiera que miraba veía destrucción y violencia; estaba rodeado de personas que solo les gustaba discutir y pelear. Y el profeta Habacuc estaba llorando y clamando a Dios decía: "¿Hasta cuándo,  oh Jehová,  clamaré,  y no oirás;  y daré voces  a  ti  a  causa  de  la violencia,  y  no  salvarás?", (1:2).  Y  Dios  le  dio  una respuesta desconcertante. Dios no solo le da a entender que no traería  avivamiento,  sino  que  iba  a  traer  a  los  caldeos,  que  son peores que los hijos de Israel, y que iban a actuar como los verdugos de los Judíos. Ahora su problema era considerablemente más complejo:

  • El  problema  número  uno:  ¿por  qué  Dios  no  avivaba  a  su pueblo? 
  • El  problema  número  dos:  si  Dios  no  va  a  avivar  a  su  pueblo, ¿cómo es que Él usa las peores personas del mundo para ser sus jueces? 

Y  cuando  todo  esto  estaba  rondando  en  su  mente  y  el  caos  le  estaba  dominando, el Señor le declara un principio elemental: "El justo por la fe vivirá".

Y al final de esta breve profecía de Habacuc dice: "Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los  labrados  no  den  mantenimiento,  Y  las ovejas  sean  quitadas  de  la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo,  yo me alegraré en Jehová, Y  me gozaré  en el Dios  de mi  salvación. Jehová  el Señor  es mi fortaleza,  El  cual  hace mis  pies  como  de  ciervas,  Y  en  mis  alturas  me hace andar", Habacuc 3:17-19. Él aprobó la prueba pero su fe tuvo que sufrir.

Y  una  de  las  cosas  que  Dios  está  haciendo  al  traer  estas  pruebas  a nuestras  vidas  es fortalecer nuestra  fe. Él está solidificando tus  convicciones, tu  esperanza  cuando  te pone  a prueba. Ninguna de estas pruebas, ninguna de estas aflicciones tiene como objetivo hundirnos, sino transformarnos. No pretende vencernos, sino hacernos vencedores; tampoco debilitarnos, sino fortalecernos. La vida cristiana es como la del atleta; cuanto más duro se entrena, tanto más preparados se encuentra, porque sabe que estará dispuesto para realizar un esfuerzo que le conduzca a la victoria.

Dios  permite  las  tribulaciones  para  que  dejemos  de  depender  del mundo.

Dios va a estar trabajando  en nuestras vidas para ayudarnos a romper  las  ataduras  que  tenemos con el  mundo;  nuestra naturaleza caída tiene la tendencia a confiar en las cosas del mundo, en los recursos del mundo. Bien pueden ser  la filosofía, el dinero, el poder, el prestigio, las amistades o cualquier otra cosa. Y el Señor  permite  que  vengan  pruebas,  con el  fin  de  que  podamos desligarnos de la confianza en las cosas del mundo.

Voy a darles un ejemplo;  en Juan capítulo 6 dice que había una multitud que seguía a Jesús por causa de las señales y los milagros que Él hacía. Y en el versículo 5 de Juan 6, dice: "Cuando alzó Jesús los ojos,  y vio que  había venido a él gran multitud, dijo  a Felipe: ¿De  dónde compraremos  pan  para que  coman  éstos?"  Entonces Felipe hace  inmediatamente un  cálculo  mundano.  "Doscientos denarios  de  pan  no bastarían  para  que  cada  uno  de  ellos  tomase  un  poco”.  En  otras palabras, Felipe tuvo la oportunidad de decir: "Señor, Tú eres el Dios de la creación, ¿cuál es el problema? ¿Quieres darles de comer?, tu puedes darles de comer”. Tuvo la oportunidad perfecta para demostrar  que  había  sido  desconectado  de  la  confianza  en  el  mundo;  sin embargo  no  era  así. Sus cálculos le decían que era imposible alimentarlos.  Ahora el  versículo  6 dice: "Pero  esto  decía para  probarle"; Cristo deseaba hacerle  notar que aún  seguía confiando en sus sentidos.

El Señor nos llevará a situaciones similares,  en  las  que  no  tenemos  ninguna  capacidad  en nosotros mismos, donde no hay recursos humanos, donde no hay a dónde ir, sino solamente  a Cristo; de  manera  que  podamos  ser  desligados  de  la confianza en las cosas del mundo. Las pruebas harán eso en usted. Ellas nos arrancarán de esa confianza en las cosas pasajeras.

Dios  permite  las  tribulaciones  para  llenarnos  de  esperanza celestial.

Romanos 5:3 dice: "también nos gloriamos en las tribulaciones,  sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza".

Dios desea llenar nuestros corazones con la anticipación de la vida  gloriosa que está por venir; de manera que entonces  deberemos vivir una vida en esperanza.

¿Quieres no ser decepcionado jamás en la vida? es decir: ¿Quieres absolutamente nunca ser decepcionado  en la vida?  Entonces vive en esperanza celestial. Y no importa lo mal que la estés pasando aquí,  no importa.  No serás  decepcionado jamás  porque  no estás poniendo la mirada en las recompensas que ofrece este mundo. La forma de nunca estar decepcionado en esta vida es colocar la mirada en las cosas de arriba, donde está Cristo. Entonces cuando Él se manifieste seremos manifestados con Él en gloria.

Las pruebas producen paciencia o resistencia. La resistencia se acumula hasta  obtener  un  carácter probado. El carácter  probado  entonces  vive en  la  esperanza. Es entonces cuando usted podrá expresar como el apóstol Pablo: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”, Romanos 8:18.

También podremos  decir  como  Pablo: "aunque  este  nuestro  hombre  exterior  se  va desgastando, el interior no  obstante  se renueva de día  en  día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven;  pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas",  2  Corintios  4:16-17.

Entonces sufrir, sufrir no es un problema. Sufrir en este mundo, no es significativo. Podemos aceptar todo el sufrimiento que nos quieran dar por amor  a Cristo;  porque  aunque  estoy siendo golpeado en la vida presente, estoy acumulando recompensas eternas en la vida venidera. Cada golpe, cada herida, cada cicatriz, cada desprecio, cada calumnia, cada injusticia, produce  en  nosotros  un  excelente  y eterno  peso  de  gloria.

Las  pruebas  nos  conducen  a  una  esperanza  celestial.  En  primer  lugar ponen a prueba nuestra fe, entonces nosotros dejamos de depender de las cosas del mundo, y ellas nos conectan al cielo. El cielo se vuelve aún más dulce cuanto más tiempo se vive y soporta la carga de las pruebas en esta vida.

Dios  permite  las  tribulaciones  para  mostrarnos  lo  que  realmente amamos.

Mateo, en el capítulo 19 versos 16 al 22, nos narra la historia de un joven que buscaba la vida eterna y le preguntó: "¿Qué debo yo hacer?”, a lo que Jesús le dijo que cumpliera los mandamientos. El hombre le preguntó qué clase de mandamientos. Jesús entonces le citó cinco de los diez mandamientos. La respuesta del joven fue que él había cumplido esos mandamientos; y sin embargo había todavía algo que él sabía que debía tener y no tenía. Así que Jesús le dijo que vendiera todo, que lo diera a los pobres y que Le siguiera.

Ahora deseo que observe la reacción de este joven: “Oyendo el joven esta palabra,  se fue triste, porque tenía muchas posesiones”.

Dios  desea  revelar  donde  está  nuestro  corazón,  donde están  nuestros  verdaderos  intereses.  Y todo  esto  es  parte  de  nuestra santificación. Las pruebas sacarán a la luz lo que es más valioso para usted. Si  llevar  la  cruz  y  el  vituperio  de  Cristo  es  lo  más  precioso, entonces podrá sufrir la pérdida de cualquier cosa por amor a Cristo.

Pero si el dinero es lo más preciado, entonces cuando los ahorros donde está  su  dinero  se  reduzcan o  cuando  una  depresión  le  golpee,  usted estará pasando por un gran momento de desesperación. No podrá entender que  el  Señor  está trabajando en su vida modelando y conformando  su carácter a la  imagen  de Jesucristo.

Las pruebas, los problemas, las dificultades en la vida siempre revelarán lo  que más amas. Si se trata de su  apariencia física, la figura, los pechugones, los músculos, si usted está  en  ese  tipo  de  cosas y eso  es  lo  más  importante  para  usted,  la enfermedad  lo  abrumará.  Pero si usted ama  los propósitos  de  Dios,  la santidad más  que  cualquier  otra  cosa,  usted podrá  aceptar  lo  que  Dios traiga  a  su  vida  sea  un  mal  físico  o enfermedad como algo que Él tiene en Sus propósitos para la gloria de Cristo  y  su  propia  santificación.  Usted  encontrará  por  medio  de  las pruebas de la vida la revelación de lo que es más valioso para usted.

Dios permite las tribulaciones para desarrollar su fortaleza espiritual y  alcanzar  un  mayor  rendimiento.

Santiago  1:2-4  dice: "Hermanos míos: considerad un gran privilegio siempre que os veáis involucrados en toda clase de pruebas; porque sabéis muy bien que la prueba de vuestra fe produce una constancia a toda prueba. Y dejad que esa constancia alcance su plenitud haciéndoos perfectos y completos y en nada insuficientes".

Esto es un proceso. La prueba, de la cual se habla aquí tiene como objetivo, que quien sea sometido a la prueba surja de ella más fuerte y más puro.

El cristiano debe esperar que las pruebas le introduzcan a empujones en la vida cristiana. Se nos presentarán todos los sondeos imaginables. Habrá la prueba de dolor, de desilusiones, de seducciones, de peligros, de impopularidad y así sucesivamente. Pero nada de eso nos viene para hundirnos, sino para capacitarnos.

No oremos entonces pidiendo a nuestro Entrenador celestial que elimine la aflicción, la prueba.

Dios  permite  las  tribulaciones para  capacitarnos  y  poder  ayudar  a otros  en  sus  tribulaciones.

El apóstol Pablo  en  2  Corintios  1:3-4 dice: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,  Padre de misericordias y Dios de toda consolación,  el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones,  para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios".

Otra de  las  razones  por  las  que  tenemos pruebas es que Dios puede acercarse en medio de nuestras dificultades y fortalecernos, para luego poder ir a otros que están pasando por las mismas pruebas y ofrecerles el mismo consuelo con el cual Dios nos consoló.

La manera en cómo seremos capacitados le corresponde a Dios. Pedro tuvo que ser tratado severamente de manera que él pudiera alcanzar la medida para el trabajo que Cristo le había preparado.

En Lucas 22:31 Jesús le dijo: "Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti,  que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”.

Jesús le dijo a Pedro algo muy hermoso: "Cuando hayas vuelto a tu puesto, ayuda a tus hermanos a mantenerse firmes". Es como si le dijera: "Me vas a negar, y llorarás amargamente; pero el resultado será que estarás mejor capacitado para ayudar a tus hermanos que tengan que pasar por lo mismo". El experimentar la vergüenza del fracaso no es sin fruto, porque nos da la compasión y la comprensión que no tendríamos de otra manera.


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UNA MENTE TRANSFORMADA PRODUCE UNA VOLUNTAD TRANSFORMADA, DE TAL MANERA QUE CONTAMOS CON LA AYUDA DEL ESPÍRITU, CON EL DESEO Y LA CAPACIDAD PARA PONER A UN LADO NUESTROS PLANES Y ACEPTAR EN PLENA CONFIANZA LOS PLANES DE DIOS, SIN IMPORTAR CUÁL SEA EL COSTO.

Texto

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta; Romanos 12:1-2.

Introducción

Una mujer se acercó a un pastor, llorando y bastante afligida. Le relató una historia, bastante común en muchos creyentes. Ella le dijo:
"Parece que no estoy viviendo la vida cristiana como debiera. Me siento frustrada. No siento que tengo vida cristiana espiritual ni siento que haya logrado algo en mi vida. Lucho con los asuntos más simples de obediencia y estoy en constante derrota. ¿Será que me puede usted ayudar?".
El pastor le dijo:
"¿Qué ha estado haciendo usted misma para resolver los problemas?".
Ella le contestó:
"Lo he intentado todo. He asistido a iglesias donde hablan en lenguas, tienen sanidades, y toda clase de experiencias espirituales extraordinarias. Yo misma he hablado en lenguas, he tenido experiencias de éxtasis espiritual, les he profetizado a otras personas y he experimentado algunos supuestos milagros. Ya he sido "sacudida en el espíritu", pero a pesar de todo eso, no me siento complacida con mi vida y sé que Dios no está agradado. He tratado de obtener todas las cosas que pueda de Él, pero no estoy satisfecha. Me sigo sintiendo miserable".
El pastor le dijo:
"Creo que usted misma ha colocado el dedo en la llaga. La clave de una vida cristiana espiritual, y la felicidad verdadera, no consiste en tratar de conseguir todo lo que podamos de Dios, sino en dar todo lo que somos y tenemos a Él".
Existen miles de personas en la actualidad, incluyendo muchos cristianos genuinos, que se pasean por diversas iglesias y doctrinas, asisten en masa a seminarios y conferencias en busca de numerosos y diversos beneficios personales, emocionales y espirituales con la esperanza de recibir más. Estos hacen exactamente lo opuesto a lo que Pablo señala con tanta claridad en Romanos 12:1-2.
En esta exhortación, el apóstol no se enfoca en qué otras cosas necesitamos recibir de Dios, sino en que es lo que debemos dar. La clave de una vida cristiana productiva y satisfactoria no se encuentra en obtener más, sino en darlo todo. Jesús dijo:
"Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren"; Juan 4:23.
Por desgracia, eso está muy lejos de la manera común en que muchos creyentes procuran hoy día encontrar la esencia de la vida abundante. Hay quienes piensan que la victoria en la vida cristiana depende de tener más de Dios y recibir cosas de Dios, aun cuando observamos que dice la palabra:
"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo"; Efesios 1:3.
Además, también dice:
"Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él"; Colosenses 2:9-10.
El apóstol Pedro dijo:
"Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina"; 2° Pedro 1:3-4.
Por lo tanto, en el sentido más profundo y eterno, no podemos obtener más de Dios que lo que ya poseemos. Sin embargo, resulta más que obvio que la mayoría de nosotros no tenemos la plenitud de gozo que estas promesas deberían traer. El gozo y la satisfacción por lo que tantos cristianos están luchando en vano, puede lograrse únicamente cuando sometemos al Señor todo lo que Él ya nos ha dado, incluyendo lo más profundo de nuestro ser.
Hoy estaremos observando las cuatro actitudes que Dios desea que presentemos delante de Él; ellas son:
  1. Presentar a Dios nuestras almas, 
  2. Presentar a Dios nuestros cuerpos, 
  3. Presentar a Dios nuestras mentes y, 
  4. Presentar a Dios nuestras voluntades.

Presentar a Dios nuestras almas

La solicitud del apóstol Pablo es: "Así que, hermanos, os ruego". Esta es una petición que solamente puede ser observada y obedecida por creyentes genuinos en la fe; aquellos que ya pertenecen a la familia de Dios. Ningún tipo de ofrenda es aceptable a Dios a no ser que primero le hayamos presentado nuestras almas.
La persona no regenerada no puede entregar su cuerpo, su mente o su voluntad a Dios, porque no ha entregado su mismo ser a Dios. El incrédulo carece de una relación de salvación con Dios; la misma palabra así lo indica:
1 Corintios 2:14 "el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente".
En otro pasaje de la Biblia, Romanos 8:8, el apóstol Pablo deja claro que: "los que viven según la carne no pueden agradar a Dios". Sin importar cuáles puedan ser sus sentimientos personales, la persona no redimida es incapaz de adorar a Dios, no puede hacer una ofrenda aceptable a Dios, no puede agradar a Dios de ninguna forma ni manera. Esto es parecido a lo que Pablo dijo en 1 Corintios 13:3:
"Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve".
Si una persona no posee el amor de Dios, todas sus ofrendas, sin importar lo costosas que sean, carecen de valor para Dios.
Entonces el apóstol nos está diciendo: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios". Estas misericordias de Dios que Pablo expresa aquí incluyen las muchas bendiciones gratuitas o dones de gracia con que nos bendijo "en los lugares celestiales". En Cristo somos los "amados de Dios"; Romanos 1:7, de manera que las dos misericordias de Dios más preciosas para nosotros son su amor y su gracia.
  • Las misericordias de Dios reflejan su poder salvador y su gran bondad hacia quienes Él salva (2:4; 11:22).
  • Las misericordias en Cristo nos traen:
    • el perdón y la justificación ante Dios (3:25; 3:4);
    • la conformación a la imagen de su Hijo y la glorificación (8:30)
    • la resurrección de nuestros cuerpos (8:11).
  • Hemos recibido las misericordias
    • de llegar a ser hijos de Dios (8:14-17)
    • de recibir el Espíritu Santo,
      • quien mora en nosotros personalmente (8:9, 11),
      • quien intercede por nosotros (8:26), y
      • a través de quien "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones" (5:5).
Tales misericordias que salvan el alma deberían conducir a los creyentes a una dedicación progresiva al Señor.

Presentar a Dios nuestro cuerpo

"Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo". (12: 1b)
El segundo aspecto es presentar a Él nuestros cuerpos. Dios ya ha recibido al hombre interior; pero Él también quiere al hombre exterior dentro del cual habita el hombre interior.
Nuestros cuerpos no son más que caparazones físicos que albergan nuestras almas. También son el lugar donde reside nuestro hombre viejo y no redimido. Por lo tanto, nuestros cuerpos abarcan no solo nuestro ser físico sino también los malos deseos de nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad.
Pablo nos explica en Romanos 7:5 que:
"mientras estábamos en la carne las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte".
en el versículo siguiente no dice que ahora estábamos muertos al régimen del pecado.
Sin embargo, unos versículos más adelante el apóstol confesó:
"Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros", Romanos 7:22-23.
En otras palabras, el alma redimida debe habitar en un cuerpo de carne que todavía es la trinchera del pecado, un lugar que puede prestarse con facilidad a hospedar pensamientos y deseos corruptos. Es ese impulso poderoso que actúa dentro de nuestros "cuerpos mortales" el que nos seduce a hacer el mal. Cuando nuestros "cuerpos mortales" sucumben a los impulsos de la mente carnal, se convierten otra vez en instrumentos de pecado e injusticia. El cuerpo sigue siendo el centro de todos los deseos pecaminosos, la depresión emocional y las dudas espirituales.
En este punto deseo referirme a aquella antigua filosofía dualista pagana que consideraba al alma esencialmente buena, y al cuerpo esencialmente malo. Siendo que se consideraba el cuerpo como algo sin valor y que de todas maneras estaba destinado a morir, lo que se hiciera con él no importaba en absoluto. Ese enfoque de las cosas abrió la puerta a inmoralidades de todo tipo.
Lo trágico de todo esto fue que muchos creyentes en la iglesia primitiva, quienes tienen igual o mayor número de representantes en la iglesia de hoy día, encontraron en esa ideología un mecanismo fácil que les permitía engancharse en las prácticas inmorales de sus viejas vidas, y al mismo tiempo justificar su pecado con la falsa y herética idea de que cualquier cosa que hicieran con el cuerpo no podría hacer daño alguno a sus almas.
Como la situación era bastante similar a la actual, en vista de que la inmoralidad proliferaba tanto, muchos cristianos que no llevaban vidas inmorales, ellos mismos llegaron a ser tolerantes frente al pecado que era evidente en sus hermanos en la fe, pensando que era un resultado normal de lo que la carne hacía por naturaleza, algo por completo independiente de la responsabilidad del alma.
Sin embargo, el apóstol Pablo enseña con claridad que el cuerpo puede ser controlado por el alma redimida y debe ser hecho un esclavo que se someta al poder de nuestras almas redimidas. Él dijo a los corintios quienes estaban envueltos en toda clase de pecados e inmoralidad:
"Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo"; 1 Corintios 6:11-13.
Pablo les hizo también esta pregunta:
"¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?"; 1 Corintios 6:19.
En otras palabras, nuestros cuerpos no redimidos son el hogar temporal de Dios. Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos y Dios no trabajará por medio de nosotros sino a través de nuestros cuerpos.
De manera que, si hablamos en su nombre, debe ser con nuestras bocas. Si leemos su Palabra, debe ser con nuestros ojos. Si escuchamos su Palabra tiene que ser por medio de nuestros oídos. Si vamos a hacer su obra, debemos usar nuestros pies, y si ayudamos a otros en su nombre, debe ser con nuestras manos. Si pensamos para Él, debe ser con nuestra mente, la cual residen, por ahora, en nuestros cuerpos mortales.
La santificación y la vida de santidad no pueden edificarse separadamente de nuestros cuerpos. Por esta razón Pablo oró diciendo:
"Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo"; 1 Tesalonicenses 5:23.
Por lo tanto, siendo que nuestros cuerpos aún no han sido redimidos debemos ser objeto de una rendición continua al Señor., tomando diligentemente la advertencia del apóstol Pablo cuando dijo:
"No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia" Romanos 6:12-13.
No podemos impedir que algunos residuos de pecado sigan existiendo en nuestros cuerpos mortales, pero sí estamos en capacidad de impedir que ese pecado gobierne nuestros cuerpos; y ciertamente no lo gobernará "si por el Espíritu [hacemos] morir las obras de la carne"; Romanos 8: 13.
El sacrificio vivo que Dios desea que presentemos, es la disposición voluntaria a rendirle todas nuestras esperanzas, planes, y todo lo que es valioso para nosotros, todo lo que tiene importancia humana para nosotros, todo lo que nos hace sentir realizados.

Presentar a Dios la mente

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, (12:2a)
El tercer aspecto de nuestro sacrificio, es ofrendar a Dios nuestras mentes.
Es la mente donde nuestra nueva naturaleza y nuestra vieja condición humana están más entremezcladas. La mente es donde elegimos si vamos a expresar nuestra nueva naturaleza con una vida santa o a permitir que nuestra carnalidad actúe en contra de la santidad de Dios.
En este pasaje la palabra siglo representa todo el conjunto de la filosofía de la vida concebida desde un punto de vista humano y satánico. Equivale al espíritu de la época, que se ha descrito bien como:
"la masa flotante de pensamientos, opiniones, principios, especulaciones, esperanzas, impulsos, metas, aspiraciones en cualquier período o época; que es imposible de atrapar y definir con precisión, pero que constituye un poder real, porque es la atmósfera moral, inmoral o amoral que inhalamos en todo momento de nuestra vida, y la cual de forma inevitable también exhalamos".
Entonces el mandato firme de Pablo es que no permitamos que seamos conformados a este siglo, mundo o sistema. No debemos adquirir la forma de una persona del mundo, por ninguna razón.
Podríamos ampliar este pasaje de la siguiente manera: "No permitan que el mundo que los rodea se las arregle para meterlos a la fuerza en su propio molde".
No deberemos seguir el patrón o dejar que se nos imponga el patrón establecido por el espíritu que opera en los hijos de desobediencia. Nunca deberemos convertirnos en aliados del mundo. No deberemos permitir que seamos modelados conforme al tiempo maligno en que vivimos en el presente.
Otra interpretación del pasaje podría ser: "Dejen de asumir una expresión externa que sigue el patrón mundano, una expresión que no proviene ni es representativa de lo que ustedes son en su ser interior como hijos regenerados de Dios".
Es muy común que los incrédulos se pongan máscaras de cristianos. Lo triste es que también es muy común que los cristianos se pongan las máscaras del mundo. Quieren disfrutar las diversiones del mundo, las modas del mundo, el vocabulario del mundo, la música del mundo y muchas de las actitudes del mundo, aun cuando es claro que esas cosas no se conforman a los estándares de la Palabra de Dios. Esa clase de vida es del todo inaceptable para Dios.
El mundo es un instrumento de Satanás, y su influencia impía es contagiosa. Esto se puede ver en el espíritu de rebelión y orgullo, las mentiras, el error y la propagación rápida de religiones falsas, en especial aquellas que promueven el yo y se agrupan bajo la amplia sombrilla de la "nueva era". Juan escribió hace casi dos mil años: "Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno"; 1 Juan 5:19. La evidencia es rotunda, todavía lo está.
En lugar de adaptarnos al mundo, Pablo nos exhorta a obedecer el mandato de ser transformados. Nuestra naturaleza interna redimida debe manifestarse en lo externo, en nuestra vida diaria. Por lo que entonces las escrituras nos dice: "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor"; 2 Corintios 3:18.
El Espíritu Santo logra esta transformación por medio de la renovación de nuestra mente; entonces la transformación externa es efectuada principalmente por un cambio interno en la mente, y el medio que aplica el Espíritu para transformar nuestras mentes es la Palabra de Dios.
La mente transformada y renovada, es aquella que ha entrado en el proceso de sacar todo aquello que es inadecuado a las normas de Dios, y ha implantado enseñanzas piadosas; esa mente está saturada por completo con la Palabra de Dios y es controlada por ella. Es aquella mente que pasa el menor tiempo posible aun con las cosas necesarias de la vida en la tierra y la mayor cantidad de tiempo posible en las cosas de Dios. Es la mente que "pone la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra"; Colosenses 3:2.
Sea bueno o malo, cuando cualquier cosa suceda en nuestras vidas, la respuesta inmediata e instintiva que tengamos deberá ser una respuesta bíblica.

Presentar a Dios la voluntad

"… para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". (12:2b)
El cuarto aspecto implícito en la presentación de nosotros mismos a Dios en sacrificio vivo, santo y agradable, es que ofrezcamos a Él nuestras voluntades, que permitamos a su Espíritu mediante su Palabra que conforme nuestras voluntades a la voluntad de Dios.
Cuando la mente de un creyente es transformada, su capacidad para pensar, su razonamiento moral y su entendimiento espiritual están en capacidad de evaluar todas las cosas, y de aceptar únicamente lo que se conforma a la voluntad de Dios. Podemos en nuestra vida comprobar cuál es la voluntad de Dios solo cuando hacemos las cosas que son buenas, agradables y perfectas a Dios.
Una mente transformada produce una voluntad transformada, de tal manera que contamos con el deseo y la capacidad, con la ayuda del Espíritu, para poner a un lado nuestros planes y aceptar en plena confianza los de Dios, sin importar cuál sea el costo. Esta rendición continua incluye el fuerte deseo de conocer mejor a Dios y seguir su propósito para nuestra vida.
La transformación divina de nuestras mentes y voluntades debe ser constante. Debido a que todavía seguimos siendo tentados de continuo por medio de lo que queda de nuestra condición humana, nuestras mentes y voluntades deben ser objeto de una transformación continua, por la Palabra de Dios y el Espíritu de Dios. El producto de una mente transformada es una vida que hace las cosas que Dios ha declarado como justas, aceptables y completas.

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