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Gálatas 2:1-10

En este texto seguimos considerando los aspectos biográficos que mencionó Pablo cuando escribió a los Gálatas, con el fin de devolverlos a una fe genuina y pura del verdadero evangelio que él les proclamó. Y como vimos en el estudio anterior, Pablo inmediatamente después de su conversión y su llamado ministerial fue a Arabia y allí tuvo momentos especiales con el Señor Jesús; sin duda, recibió por revelación el evangelio que ahora predicaba con toda confianza. Pero también vimos que después de este tiempo, Pablo visitó Jerusalén y tuvo contacto con Pedro y Santiago; dos de los principales apóstoles y líderes de la iglesia. Esta reunión fue importante porque demostró la comunión y la unidad que había en el liderazgo de la iglesia primitiva.

Se podría llegar a deducir que el evangelio recibido por el Apóstol Pablo en la región árabe, no era exactamente el mismo evangelio que los apóstoles recibieron personalmente de los labios de Jesús. Pero ¡Sí!, era el mismo evangelio, porque hay sólo un evangelio verdadero. Es el evangelio de Cristo, el poder de Dios que transforma la vida de cualquier ser humano que lo reciba. Vamos entonces a constatar en este capítulo 2 que había una armonía perfecta entre el evangelio que Pablo recibió por revelación de Cristo y el Evangelio que los apóstoles recibieron directamente de Jesús. Cuando ellos se reunieron en Jerusalén, Pablo y los apóstoles demostraron que el evangelio predicado por ellos era el mismo, y la iglesia en Jerusalén recibió con plena aprobación el evangelio proclamado por Pablo.

Después del primer viaje y antes de iniciar el segundo, en el que él fundaría otras comunidades cristianas en la región de Galacia, como vimos anteriormente, Pablo visitó Jerusalén con Bernabé y Tito para participar en el Concilio de Jerusalén (Hechos 15, Gálatas 2:1); una importante reunión de la iglesia en la que se definió que el verdadero evangelio debe ser recibido solamente por fe, basado en la gracia de Dios. También vimos que Pablo no estaba allí para pedir autorización para el ministerio o para someter su contenido a los líderes de Jerusalén. Tanto el llamado como su predicación habían sido dadas directamente por el Señor Jesús. Su predicación era clara: Cristo nos libró para que seamos completamente libres (5:1). Pero Pablo, que siempre trató de obedecer a su Señor, fue a Jerusalén en obediencia a una revelación (2:2) y en esta ocasión, acompañado por Tito, que era gentil, quien fuese su discípulo y fiel ayudante, no fue obligado a circuncidarse. Si observamos el texto con objetividad, se podrá entender por qué Pablo relata estos eventos.

Pablo da detalles de su biografía, porque quería mostrar en todas las maneras posibles a los gálatas la insensatez de la actitud que ellos estaban tomando, dejándose engañar por falsos maestros que proponían un mensaje diferente al que él les había anunciado. Si bien para Dios, en Cristo, no hay mayor o menor, pues todos somos siervos del mismo Señor, Pablo incluso mencionó que se encontró con Santiago, Pedro y Juan, que eran líderes respetables y notables en la iglesia cristiana, y ellos le extendieron su mano derecha él y a Bernabé, mostrando que había unidad en la predicación; sólo que habría objetivos diferentes a alcanzar. Mientras ellos se ocuparían de la evangelización de los judíos, él, Pablo, se centraría más en su ministerio de evangelización a los gentiles.

Ciertamente, dirigido por el Señor, Pablo tomó estas actitudes, dio estos pasos para probar la unidad del mensaje del evangelio. Llevando consigo a Tito, un creyente gentil, Pablo ciertamente hizo que la iglesia de Jerusalén y sobre todo los líderes apostólicos tomaran una decisión. ¿Rechazarían a Tito o lo recibirían como a un hermano de la misma familia de la fe? Esa decisión mostraría y mostró que la hipocresía debería ser dejada de lado y que la fe genuina en el verdadero evangelio era el camino correcto a seguir. Así que, como resumen de este texto podemos tener como principio rector para nuestras vidas la frase siguiente: Cada cristiano debe desarrollar su ministerio de forma genuina a fin de proclamar la verdad del evangelio.

En este texto encontramos cinco aspectos de un genuino ministerio que proclama la verdad del evangelio:

I. Actúa en obediencia al Señor, vs. 1-2

Atienda bien a estos versos: "Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles".

El relato de Pablo es muy objetivo. Él dice que fue a Jerusalén acompañado de un joven trabajador, su discípulo, llamado Tito, que era griego, por lo que era gentil. El apóstol Pablo también fue acompañado por Bernabé. La gran pregunta llevada a discusión en aquel concilio, que fue el primer concilio de la iglesia cristiana, fue la siguiente: ¿Para que el hombre fuese salvo, era necesario o no cumplir la ley? O más bien, ¿El hombre es salvo por gracia o por la gracia más la obediencia a la ley? Pablo tenía consigo a este joven discípulo Tito, que no habían sido circuncidados de acuerdo a la ley. Tito estaba presente. ¿Se vería obligado a ser circuncidado? Era un tema muy importante. Y esta pregunta sería contestada aquí, en este concilio.

La iglesia recién formada de Cristo tuvo que definir su doctrina. El fundador de nuestra iglesia es Cristo. Y sobre la piedra que era él mismo, él edificaría su iglesia. Bueno, allí en ese concilio estaba Pablo. Allí estaban los otros apóstoles. ¿Cuál es la posición del verdadero cristiano ante la ley? Esta era la pregunta que el concilio de Jerusalén tendría que responder. Los judaizantes que aparecieron en Galacia predicaban que los creyentes debían vivir todavía bajo el régimen de la ley. Decían que los creyentes de Jerusalén seguían viviendo de acuerdo a la ley. Muchos iban al templo de Jerusalén para adorar. De hecho, el templo era aún un lugar donde se reunían muchos creyentes, y no había nada malo en ello. Pero esto no significaba que los primeros cristianos estuviesen cumpliendo con la ley de Moisés, puesto que ya eran cristianos y ya no estaban bajo la ley, sino bajo la gracia.

Entonces, llegaron Pablo, Bernabé y Tito a Jerusalén, a fin de decidir definitivamente la cuestión. Pero es bueno tener en cuenta que el apóstol Pablo fue a Jerusalén, no por cuenta propia, no por una decisión personal, sino que él estaba obedeciendo la revelación que recibió del cielo para encaminarse hacia Jerusalén con ese fin, para ese propósito. Pablo fue a Jerusalén con gran humildad. Quería resolver estas disputas que eran muy graves. Quería mantener la unidad de la vida de la iglesia y la predicación que ella proclamaba. Esto fue de gran interés para el apóstol. Si Pablo hubiese estado predicando un evangelio diferente al de los apóstoles, entonces algo no iba bien. Pablo estaba admitiendo que si no había consenso en la predicación su trabajo estaba siendo inútil, sin valor. Él no quería estar corriendo en vano. Respetando a los que eran líderes de la iglesia cristiana en Jerusalén, Pablo fue obediente a la revelación del Señor que él había recibido y por lo tanto quiso definir este tema tan importante, para que continuase en pie y fructífero en su ministerio. Espero que estas también sean sus preocupaciones en el ministerio que realiza en su comunidad: unidad de visión y eficiencia en la fructificación.

II. Mantiene la proclamación de la libertad, vs. 3-4

Observemos estos versículos: "Mas ni aun Tito,  que estaba conmigo,  con todo y ser griego,  fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas,  que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús,  para reducirnos a esclavitud".

Usted debe recordar que algunos judíos fueron a la iglesia de Galacia, donde Pablo había predicado, y allá ellos presentaron las doctrinas del judaísmo. Ahora estaban aquí como instrumentos del mal, aprovechando la libertad que los cristianos disfrutan en Cristo para espiarlos, para ver cómo vivían en comunidad. Y aquí ellos vieron que Pablo no había obligado a Tito, su joven discípulo, a circuncidarse. Estos falsos hermanos, los judaizantes, a partir de ahí empezaron a predicar y proclamar la necesidad del cumplimiento de la ley mosaica a los gentiles para ser salvos. Bueno, Pablo y Tito estaban ahora juntos en Jerusalén con Bernabé, todos esperaban el resultado y el posicionamiento que el concilio tomaría con respecto a esta importante cuestión.

III. Anuncia el verdadero mensaje vs. 5

Ahora el versículo 5 dice: "a los cuales ni por un momento accedimos a someternos,  para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros".

Las palabras del versículo cinco son inconfundibles. Pablo declaró que por ninguna razón volvería a someterse al yugo y la esclavitud de la ley. Los judaizantes querían que Tito se circuncidara, de lo contrario no podía ser salvo y no podía asistir a las reuniones de la iglesia (Hechos 15:1-5). Pablo rechazó tal postura y dijo que no era necesario circuncidar a Tito. Tito era tan fiel como cualquier creyente presente allí. Era un verdadero cristiano. Era salvo por la fe, sin importar la ley o la circuncisión. Él no tenía que participar en ningún sistema legalista para ser salvo. Este mensaje es muy importante para nuestros días, porque todavía encontramos muchos por ahí que exigen de los cristianos el cumplimiento y obediencia a un conjunto de reglas y costumbres que fueron abolidas en Cristo.

IV. Reconoce que el Señor es el que establece sus ministros, vs. 6-8

"Pero de los que tenían reputación de ser algo  (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa;  Dios no hace acepción de personas),  a mí,  pues,  los de reputación nada nuevo me comunicaron. Antes por el contrario,  como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión,  como a Pedro el de la circuncisión (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión,  actuó también en mí para con los gentiles)".

Usted debe recordar que en el versículo 2 Pablo presentó ante el concilio el evangelio que predicaba. Y, en particular, lo presentó a los que parecían más influyentes. Y aquí, en el versículo 6, repitió, tal vez con un toque de humor sarcástico que lo presentó a los que parecían ser de mayor influencia; dijo esto porque él sabía que delante del Señor todos eran iguales. Pablo, Bernabé y Tito, dijeron a los apóstoles y a los otros cristianos de Jerusalén que estaban predicando el evangelio de la gracia. Y este era el mismo evangelio que había sido dado por Cristo a los apóstoles en el principio.

Ese concilio en Jerusalén fue un evento muy importante, y podemos darnos cuenta que había entre todos pleno acuerdo, plena armonía. Todos ellos predicaban el mismo evangelio. ¡Fue algo maravilloso! No hubo necesidad de cambiar nada, ni de dar prioridad de la predicación a los Judíos, ni que Pablo y su equipo diera prioridad a la predicación a los gentiles. Por el contrario, como vieron que el evangelio era el mismo sólo dividieron los énfasis ministeriales. Entre estos dos hombres de Dios había armonía, no había ningún malentendido. El evangelio a la circuncisión era de Pedro, y el evangelio de la incircuncisión era de Pablo. Esto fue lo que se decidió entre los dos. Por cierto, esto fue una determinación divina. Y el versículo 8 confirma esta decisión: "(pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión,  actuó también en mí para con los gentiles)". Sin embargo, la mayor prueba de que estaban en lo correcto en su decisión fueron los resultados. Dios obró de manera efectiva tanto en un caso como en el otro. Cuando Pedro predicaba el evangelio, el pueblo se convertía. Cuando Pablo predicaba el evangelio, el pueblo se convertía. Cada uno en su área, en su campo. La verdadera prueba del trabajo es el resultado. Querido amigo, si no hay resultados en nuestro trabajo, no estamos siendo bendecidos.

La iglesia predica un mensaje con objetivos y propósitos  eternos. Naturalmente, el mensaje del evangelio tiene consecuencias maravillosas en nuestras vidas, y las vidas de las personas; pero ella debe tener efectos duraderos y eternos. Mi oración es que la predicación del evangelio vivo, lleno de poder y de gracia transformadora, pueda producir frutos eternos.

V. Reconocer la gracia y aceptar a otros a la comunión, vs 9-10

"y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer".

Estos versículos muestran el final de esa decisión. Esos siervos del Señor tomarían caminos diferentes en la obra que Dios había designado para cada uno. Pablo y Bernabé fueron llamados por Dios para desarrollar el trabajo de la evangelización entre los gentiles, mientras que Pedro y los demás se encargaron de llevar el mensaje a los judíos. Cuando todos reconocieron que estaban unidos en la proclamación del mismo mensaje y cuando definieron sus áreas, sus campos de actuación, hubo gran comunión entre todos ellos. Y en el versículo 10 agrega que se recomendó que la predicación del evangelio de la gracia no excluyera el mensaje de la responsabilidad que todos tenemos para con nuestros hermanos y para con los necesitados.

En la segunda carta de Pablo a los Corintios tenemos una referencia a la ofrenda que el apóstol Pablo estaba levantando en varias iglesias para los creyentes de la iglesia de Jerusalén, que fueron víctimas de una severa persecución y de la sequía que afectó a Palestina. Pablo, cuando todavía no era cristiano participó de esa persecución. Y tal vez esa era una razón por la cual él se sentía en el deber de levantar ofrendas de todo el mundo para los hermanos pobres. Este era un servicio social. Si hay un área de la iglesia donde nos sentimos culpables, esta zona se llama la acción social. Santiago fue muy práctico en ese sentido. Santiago dijo: "Y si un hermano o una hermana están desnudos,  y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz,  calentaos y saciaos,  pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?" (Santiago 2:15-16).

Tenemos que hacer mucho más por los necesitados. Estamos haciendo algo, pero tenemos que hacer más, podemos hacer mucho más. Hay pocas personas hoy en día que creen que hacer esto es un deber cristiano, y un deber bíblico. Pablo dijo aquí en este texto que esta debe ser nuestra práctica. En el versículo 10 leemos: "Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres;  lo cual también procuré con diligencia hacer". Es cierto que el mensaje del evangelio enfatiza y resalta la gracia divina, pero no hay duda que tenemos que predicar todo el Evangelio a todo  el hombre. Y eso significa que el mensaje de la gracia en todas sus dimensiones, debe llegar a todas las partes del ser humano. Nunca piense que el creyente no puede tener obligaciones sociales que cumplir. Somos amonestados por la palabra de Dios a una vida de buenas obras, de cooperación, de acción, de amor. Sólo recuerde aquí la parábola del Buen Samaritano, en la que Jesús condena la indiferencia de los religiosos que pasaron por el moribundo, dejándolo al borde del camino, sin darle ninguna ayuda. Por otro lado, Jesús alabó y elogió la acción de un samaritano que pasando después del sacerdote y del levita por el mismo camino y en el mismo lugar, dio asistencia completa al pobre moribundo. Cuando terminó de contar la parábola, Jesús nos mandó a hacer lo mismo que hizo aquel bondadoso samaritano. Jesús fue enfático usando estas palabras: "Ve y haz tú lo mismo".

Conclusión

¿Estamos dispuestos a vivir y proclamar el Evangelio? Recuerde que cada cristiano debe desarrollar su ministerio de forma genuina a fin de proclamar la verdad del evangelio.

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Gálatas 1:10-24

Gracias a Dios que me permite agregar otro estudio de la serie "Carta a los Gálatas". Estos artículos tienen como único objetivo profundizar en la Palabra de Dios. Pienso que existe la necesidad cada vez más urgente de volver a la sencillez y profundidad de las enseñanzas bíblicas. En días como estos que a través de los periódicos, radio, televisión e incluso desde los púlpitos de las iglesias son proclamadas las más diversas y absurdas interpretaciones de la Palabra de Dios, debemos sentirnos llamados por Dios a exponer los genuinos principios eternos que nos hagan vivir conforme a la voluntad de Dios. Apreciaría mucho su buena voluntad de orar por estos estudios, pidiendo la bendición de Dios, para que a través de estos, otros puedan alcanzar el conocimiento de las Escrituras y sus vidas puedan ser cambiadas para la gloria de Dios.

Hoy tenemos el propósito de estudiar la parte final del primer capítulo de la carta de Pablo a los Gálatas. Vamos a estudiar Gálatas 1:10 al 24.

Después de saludar a las iglesias de Galacia (1:1-5) mostrando las características del verdadero evangelio y luego, su sorpresa ante el cambio tan rápido de los Gálatas (1:6-9) que abandonaron la fe verdadera para creer en un mensaje que en lugar de ser liberador trajo más obligaciones, más presiones sobre sus vidas, encontramos en este texto al apóstol Pablo testificando acerca de su comportamiento como ministro del verdadero evangelio. Refutando las acusaciones que contra él habían sido hechas; Pablo expone con gran claridad lo que lo caracterizaba como un ministro del evangelio de Dios.

Es importante entender que las informaciones biográficas sobre el apóstol Pablo, registradas aquí en esta carta no tenían el propósito de narrar los hechos y acontecimientos que demostraban su propia importancia dentro de la comunidad cristiana primitiva. Lejos de ello, Pablo estaba interesado en explicar su posición en relación con la ley y el evangelio.

Pablo quería mostrar a los cristianos de Galacia que su mensaje no era solo una actitud fingida que había adoptado debido a su deseo de formar parte importante de la iglesia cristiana. Pablo declaró que había sido llamado por Dios. Su llamado ministerial se había originado por la intervención divina. Algunos críticos acusaban a Pablo de enseñar un evangelio fácil, un evangelio agradable a los hombres para de esa manera  aumentar su popularidad. Estos críticos creían que la fe sin la práctica de la ley judía era un evangelio diluido y fácil de aceptar. Pero Pablo respondió diciendo que nadie gana a amigos advirtiéndoles acerca de la condenación eterna, y eso es lo que él hacían al advertirles aceptar una falsa y no una verdadera doctrina evangélica. Pablo no estaba interesado en ganar ningún concurso de popularidad, pero si estaba interesado por la pureza del mensaje, para que la fe de los Gálatas no estuviera fundada en la ley y las tradiciones de los hombres judíos.

La lucha que él desarrollaba en favor de la sana doctrina no era prejuiciada. Es importante tener en cuenta que su anatema, su maldición era en contra de aquellos que pervertían el mensaje del evangelio genuino. Y es tan cierto que él mismo se colocó estar bajo esa maldición, así como los ángeles del cielo, si llegaran a proclamar otro mensaje; si llegaran a alejarse de la verdad revelada, como vimos en el versículo 8. Pablo estaba totalmente convencido de la verdad absoluta del evangelio de Cristo. Él sabía que sólo a través de la fe en la persona del Señor Jesucristo es que alguien puede alcanzar la justificación. Por lo tanto, Pablo estaba dispuesto a defender la verdad del Evangelio en cualquier situación, fuese cual fuese el precio a pagar. Al exponer parte de su biografía Pablo estaba revelando algo de sí mismo.

Por eso considero que la siguiente frase se puede extraer del texto, como un principio desafiador para nosotros: El proclamador del verdadero evangelio debe caracterizarse de manera distinta en el desarrollo de su ministerio.

En este texto encontramos cinco características del proclamador del verdadero evangelio:

I. Tiene una relación directa con su Señor, vs. 10-12

Pues,  ¿busco ahora el favor de los hombres,  o el de Dios?  ¿O trato de agradar a los hombres?  Pues si todavía agradara a los hombres,  no sería siervo de Cristo. Mas os hago saber,  hermanos,  que el evangelio anunciado por mí,  no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno,  sino por revelación de Jesucristo.

Es interesante ver cómo Pablo coloca las dos preguntas del versículo 10. Primera pregunta " Pues, ¿Busco ahora el favor de los hombres,  o el de Dios?" Seguramente su respuesta es que él buscaba el favor de Dios, porque Dios lo había llamado. Segunda pregunta: "¿O trato de agradar a los hombres?" Seguramente su respuesta es que no buscaba agradar a los hombres. El anuncio básico de Pablo para todas las comunidades fundadas por él siempre fue la persona de Cristo y su obra vicaria realizada en favor nuestro. Y en la carta a los Gálatas, esa idea fue reforzada desde el principio. La proclamación de Pablo fue específica: al momento que Jesús dio su vida por nosotros, Él nos sacó de debajo de la esclavitud del pecado. La muerte, la resurrección y la glorificación de Jesús constituyen el punto de partida de nuestra liberación de todo lo que nos esclaviza y disminuye nuestra vida llena de libertad, por la gracia de Dios.

Los Gálatas conocían el carácter cristiano de Pablo, un carácter aprobado a través de las amargas experiencias ya vividas en favor del Evangelio, por lo tanto la acusación de los judaizantes no tenía ninguna base sólida. Los gálatas sabían que él no ministraba para agradar a los hombres, sino que era un esclavo de Cristo fiel y valiente. Estas fueron las credenciales de su apostolado. Según el versículo 10 Pablo era consciente de que si Dios nos llama, lo correcto es obedecerle y no dar ningún valor a la popularidad humana. En lugar de buscar el honor para sí mismo, él prefería honrar a Jesucristo su Señor. Es mejor ser fiel a Dios de ser popular entre los hombres.

En los versículos 11-12 Pablo declara que ni concibió, ni desarrolló su mensaje. Él lo recibió directamente de Dios. Este mensaje no llegó a él a través de la educación o del aprendizaje; el mensaje que él proclamaba llegó por revelación, es decir, vino directamente de Dios.

Cuando sentimos el llamado de Dios a predicar, normalmente buscamos la comunión con otros creyentes, recibiendo instrucciones bíblicas de los pastores, evangelistas y maestros de la Biblia. Generalmente ingresamos en una escuela bíblica, y nos sentamos delante de hombres que Dios ha llamado y equipado para este servicio, de manera que podamos aprender acerca de Dios y sus caminos. Estudiamos cuidadosamente nuestras Biblias, y nos preparamos a ejercer el ministerio para el cual Dios nos llamó. Así ha sucedido con cada generación y, sobre todo, creo que así debemos proceder. Pero con Pablo fue diferente. Era una época diferente, era el comienzo del evangelio y Dios procedió con Pablo de una manera específica. Pablo recibió esta revelación durante los tres años que pasó en las regiones de Arabia preparándose para su ministerio. Pablo en soledad, sin interferencia humana fue preparado por el Señor mismo. Su mensaje no fue aprendido de ningún hombre, sino que fue la revelación directa del Señor Jesucristo.

II.  Tiene su pasado completamente perdonado por el Señor vs. 13-14

Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo,  que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios,  y la asolaba; y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación,  siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres.

Pablo aquí, recordó su actitud, su conducta para con la iglesia cuando él estaba en el judaísmo. Fue el gran perseguidor del cristianismo. Fue un devastador de la iglesia. Pero ahora había cambiado, ahora en lugar de perseguir se convirtió en perseguido. Ahora era un defensor del cristianismo, lo que demuestra el poder del mensaje de la gracia y de la fe que él mismo predicaba. Por desgracia, en los días de Jesús y de Pablo un gran número de religiosos habían sustituido la Ley de Dios dada a Moisés por las tradiciones de los ancianos, como dijo el Señor Jesús en Mateo 15:2-3. La religión de los judíos de esos días era una religión hipócrita, y era a esa religión que Pablo servía. Trataba de ser celoso persiguiendo a la iglesia de Cristo.

El versículo 14 es una declaración importante. Pablo era un judío celoso de la religión, que se había convertido en una serie de preceptos que no provenían de Dios, sino que provenían de los propios hombres. Sin embargo, todo cambió para él y se convirtió en un creyente celoso, lleno de fervor y amor por su Señor y su pueblo. Un hombre celoso de las tradiciones de sus padres, o la religión de sus padres, se convirtió en un celoso del evangelio de Cristo. ¿Por qué habría de ser diferente? Debería haber mucho más amor por la causa de Cristo que por la fe que profesábamos antes. Cristo quiere que los cristianos estén comprometidos con él, y el Evangelio; dispuestos a dar sus propias vidas por Él. Recuerde las palabras de Jesús: "Si alguno quiere venir en pos de mí,  niéguese a sí mismo,  y tome su cruz,  y sígame", Mateo 16:24 ¿Usted que está leyendo, ya asumió ese compromiso con Jesús?

III. Tiene la convicción específica de su tarea ministerial, vs.  15-17

Pero cuando agradó a Dios,  que me apartó desde el vientre de mi madre,  y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí,  para que yo le predicase entre los gentiles,  no consulté en seguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo;  sino que fui a Arabia,  y volví de nuevo a Damasco.

Es correcto constatar la soberanía de Dios en las tres verdades que Pablo destaca: Dios fue soberano en el acontecimiento de su nacimiento físico, Dios fue soberano en su conversión y Dios fue soberano en su llamamiento ministerial. Pablo fue apartado por Dios para su ministerio desde el vientre. Antes de nacer ya había sido llamado por la gracia divina para el ministerio. Fue el propio Pablo, que dijo en Efesios 1:4 que Dios nos escogió, nos predestinó antes de la fundación del mundo. Pero él enfatizó que había sido llamado por la gracia de Dios. Querido amigo, es la gracia de Dios que llama al hombre a trabajar al ministerio cristiano. Antes de que Pablo revelara su celo en la práctica del judaísmo, antes que revelara cualquier virtud, cualquier obra, él ya había sido apartado por Dios, llamado por Dios, por la gracia divina para el gran servicio del apostolado cristiano.

Nada de lo que acontece en la vida del cristiano, sucede por casualidad. Dios está en total control de todos nuestros días. Entonces vemos que el apóstol fue llamado para revelar a Cristo, para revelar al Hijo de Dios entre los gentiles. Fue llamado y apartado por Dios para un ministerio y apostolado específico en la obra del Señor entre los gentiles. Los gentiles, como ustedes saben, son los que no pertenecen a la nación de Israel. Y tan pronto como Pablo escuchó el llamado del Señor no vaciló un instante, partió inmediatamente al campo, al trabajo. Vea que él testificó que con rapidez, es decir, sin ningún obstáculo delante de él, él no consultó con carne ni sangre. En efecto, después de escuchar el llamado, se fue a Arabia, sólo para prepararse para el gran apostolado cristiano. Él no buscó a los otros apóstoles. No buscó a ninguno de los doce. No fue a Jerusalén, la capital religiosa, la sede de la iglesia cristiana de la época. No buscó a los apóstoles como Pedro, Juan, Santiago, para consultar o preguntar lo que debía hacer. ¡No! él fue al desierto, fue a buscar la comunión con Dios. De inmediato se dedicó a escuchar las órdenes del maestro, a recibir su curso de teología con el mismo Cristo. Jesús fue su profesor, fue su maestro, quien le concedió la revelación, quien le concedió el mensaje al mundo de los gentiles, pues ese era su ministerio específico (Hechos 9:15-16).

Después de ese tiempo en Arabia, regresó a Damasco. Y fue allí en Damasco que Pablo "comenzó su carrera" de sufrimientos y persecución después de su conversión. Las propias autoridades de Damasco lo estaban buscando para matarlo. Él se escapó de la furia de los enemigos, bajando el muro de la ciudad en una canasta (Hechos 9:23-25). Así que después de tres años en el desierto de Arabia, regresó a Damasco; volvió con el mensaje del evangelio, el poder salvador de Dios para la transformación de quienes lo reciban. A su regreso a Damasco, él no iba a perseguir a los cristianos, sino que regresaba a predicar a Cristo. Pasó de perseguidor a perseguido, por causa del nombre de Jesús. Y Pablo se sentía honrado de sufrir por la causa de Cristo. ¿Será que usted tiene ese mismo compromiso con Cristo? Evalúese.

IV. Tiene una actitud de humildad para con los hermanos, vs. 18-20

Después,  pasados tres años,  subí a Jerusalén para ver a Pedro,  y permanecí con él quince días; pero no vi a ningún otro de los apóstoles,  sino a Jacobo el hermano del Señor. En esto que os escribo,  he aquí delante de Dios que no miento.

Es interesante observar que sólo después de haber pasado tres años en Arabia recibiendo directamente de Jesús el contenido de su fe y de su predicación, es que él buscó al apóstol Pedro, con quien pasó 15 días. Debe haber sido un período muy bueno, un encuentro muy agradable. Ciertamente tenían muchas experiencias para compartir. Es interesante notar que Pablo es quien fue a encontrarse con Pedro en Jerusalén, mostrando humildad y respeto con aquellos que habían estado físicamente con el Señor. Ciertamente, en esa reunión, que también involucró a la persona de Santiago, no el hermano de Juan, sino el medio hermano de Jesús, las conversaciones entre esos tres cristianos deben haber sido muy especiales. Seguramente hablaron sobre la infancia de Jesús, hablaron sobre el ministerio y los muchos milagros realizados por Jesús, pero sin duda hablaron del gran amor que lo llevó a entregarse por nosotros en la cruz del Calvario.

Estos versículos, dejan claro que él no dependió de los apóstoles para obtener el contenido de su mensaje; Pablo también quiso demostrar en ese relato biográfico que había la plena comunión entre él y Pedro y Santiago, quienes tenían ministerios específicos y bien definidos: Pedro y Santiago ministrarían dando prioridad a los Judíos y Pablo ministraría con énfasis a los gentiles. Y en relación con el versículo 20 Pablo lo confirma: "En esto que os escribo,  he aquí delante de Dios que no miento". Es importante darse cuenta que Pablo estaba testificando a algunos hermanos que se estaban desviando de la verdad, y tal vez se estaban inclinando a no creer en sus afirmaciones, en su testimonio, por lo que les dijo: "He aquí, delante de Dios, no miento". Así debe ser la vida de aquel que proclama el Evangelio verdadero. Un cristiano humilde y sincero.

V. Tiene un testimonio que glorifica a su Señor, vs. 21-24

Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia, y no era conocido de vista a las iglesias de Judea,  que eran en Cristo; solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía,  ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba. Y glorificaban a Dios en mí.

Aquí en estos versículos tenemos el testimonio viviente del poder del evangelio de Cristo. El perseguidor se convirtió en un testimonio vivo del poder de Dios. Ese es el evangelio de Cristo, que ha transformado muchos corazones. El Evangelio ha transformado a estas personas en criaturas maravillosas. Fue él mismo apóstol Pablo que dijo: "si alguno está en Cristo, nueva criatura es". Y él, personalmente, tenía esa maravillosa experiencia.

Aquí vemos al acosador siendo transformado en un testimonio vivo del poder de Dios. Pablo antes, trató de destruir la fe de los cristianos. Pero ahora él abrazaba la fe y predicaba la fe en el Hijo de Dios para salvación.

Conclusión

Damos gracias a Dios que muchos corazones completamente corrompidos y pervertidos por el pecado han sido transformados por el poder del evangelio para la gloria del Señor. A pesar de que ahora eres un enemigo de Cristo, puedes ser alcanzado por este mensaje que puede transformar radicalmente tu corazón. Este es el poder que tiene el evangelio de Cristo, el de transformar al hombre, el de transformar su naturaleza. El evangelio armoniza al hombre con Dios. Dios realmente vino a través de Cristo, reconcilió al mundo consigo mismo. Y por eso Él  debe ser glorificado, debe ser ensalzado. Por Sus obras en nuestras vidas Dios debe ser exaltado. Las personas viendo la transformación ocurrida en nuestras vidas deben glorificar a Dios por su obra en nosotros. Ahora te pregunto: ¿Es así como las personas actúan cuando observan tu vida?

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Principios que reglamentarán la interpretación de la profecía

A través de estos artículos me propongo llevar ante los lectores los resultados del estudio de la profecía de las setenta semanas en Daniel 9.

Escritos, estudios  y discursos sobre profecía siempre excitan el interés, porque apelan al elemento de la curiosidad, que es relevante en la naturaleza humana. Pero estos escritos, estudios y discursos serán de beneficio a los oyentes sólo en la medida que interpreten correctamente la Palabra de Dios. En el caso de las profecías que están aún  por cumplirse la tarea de interpretación resulta un tanto difícil; sin embargo existen, por otra parte, escritores y expositores de temas proféticos que están bajo la constante tentación de caer en conjeturas y especulaciones,  incluso en vuelos de imaginación. Mucho se ha desarrollado como  interpretación de la profecía, lo cual no ha sido completamente demostrado, pero tampoco ha podido ser refutado, excepto por el acontecimiento en sí, como en los casos donde se han fijado fechas para la venida de Cristo.

Otro hecho que nos ha sido inducido en este sentido es que no ha habido avances en la interpretación de la profecía no cumplida durante muchos años. En conferencias, libros y revistas sobre temas proféticos, las mismas cosas se repiten hoy en día con poca variación de lo dicho hace algunas décadas. Parecería que por alguna razón, el Señor, no ha estado en los últimos tiempos arrojando luz fresca sobre esta parte de su preciosa Palabra. Una reflexión objetiva acerca esta cuestión es que por un lado, los escritores y expositores sobre profecías han llegado al final del recorrido, y por el otro lado, el pueblo de Dios acepta las meras conjeturas, teorías no comprobadas, o en el mejor de los casos las solas probabilidades, como interpretaciones de las Escrituras proféticas. Es necesario que haya una renuncia de nuestras ideas especulativas, y dar media vuelta en algunos de nuestros pasos (que se han ido distanciando de la verdad), antes que pueda haber algún avance real en cuanto a la comprensión de esta parte de la Palabra de Dios.

Teniendo esto en mente, me propongo entrar en la presente serie de artículos, que se guiarán por ciertos principios que, creo, deben controlar en todo momento a aquel que ejerce la exposición de la Palabra de Dios a sus hermanos en la fe.

El primero de estos principios controladores es, no aceptar, ni prestar atención como interpretación comprobada, cualquier cosa basada en conjeturas o mera probabilidad; sino sólo lo que es compatible, ya sea por prueba directa de la Escritura, o por deducción razonable de la misma. Es mucho mejor no tener ninguna explicación de un pasaje difícil, que aceptar una que puede llegar a ser incorrecta. No es fácil renunciar a una idea una vez que nos hemos comprometido con la misma.

De hecho, lo que sobresale en el camino de la aceptación sobre una nueva luz y verdad de las Escrituras es la fuerte evasiva de la mente humana, a rendirse o incluso a examinar los fundamentos, opiniones que posiblemente fueron aceptadas inicialmente en la sola autoridad humana, y sin ningún tipo de consulta en cuanto al apoyo que se puede encontrar en la Palabra de Dios.

Otro principio regulador es que las explicaciones argumentadas en que se basa cualquier interpretación deben ser tomadas de la misma Palabra de Dios. Es esencial para la interpretación de cualquier y cada pasaje de la Escritura, que sea cual sea la información que suministremos, esta se encuentre apoyada en algún lugar de la misma Biblia. De no ser así, la Sagrada Escritura no sería capaz de hacer que el “hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”, 2 Timoteo 3:17. Debemos, por supuesto, apelar a la historia con el fin de demostrar el cumplimiento de la profecía; esto no puede ser demostrado de otra forma. Sin embargo, la interpretación de la Escritura es un asunto aparte.

Por otra parte, donde quiera que ofrezcamos una declaración u opinión al lector u oyente para su aceptación, nos sentiremos obligados a dar junto con esta, las pruebas por la cual la consideramos como fundamentada. Esto debe ser una exigencia de cada escritor. Pero, tristemente, en la actualidad hay en circulación muchos libros y expositores que tratan de temas bíblicos, cuyos autores se consideran a sí mismos ser esta alta "autoridad" y habitualmente hacen afirmaciones del tipo más radical, sin citar en su apoyo ninguna prueba Bíblica. Por tanto, seriamente advierto a los lectores que tengan cuidado de todo tipo. No está de acuerdo con la mente de Dios que su pueblo se fije en cualquier "autoridad" humana. Su propia Palabra es la única autoridad.

Estos artículos están planeados para el beneficio del  "creyente común". Es por esa razón que aquello que, por la gracia de Dios se ha dispuesto, es hacer que cada declaración y conclusión sea muy sencilla, y apoyada por las evidencias claras de las Escrituras; que el lector u oyente ordinario sea capaz, tanto de ver por sí mismo el significado del pasaje, como de comprender perfectamente la evidencia de las escrituras por la cual se determina el significado. Así que va a ser totalmente independiente de toda "autoridad" humana.

Este punto es muy importante porque, como están las cosas, sería difícil o imposible encontrar a alguno cuyo punto de vista de la profecía de las setenta semanas, no se encuentre fundamentado en cuanto a una o más características esenciales, sobre la mera autoridad humana. En el caso de este estudio, me propuse (en lo que se refiere a la cronología del período profético) no tener mayor fundamento que no fuesen las opiniones de ciertos escritores sobre temas Bíblicos; aunque entiendo que habrán otros igualmente capacitados que tengan un punto de vista totalmente diferente. Pero tengo la plena certidumbre de que tengo una base firme bajo mis pies; porque cada conclusión descansa sobre la roca inquebrantable del propio testimonio de la palabra de Dios. Y así es como debería ser.

Es mi mayor deseo inculcar a los lectores que las pruebas proporcionadas por las Escrituras para la comprensión de esta gran y maravillosa profecía no son difíciles de entender o aplicar. Por el contrario, son muy simples. Tomando un tiempo para la reflexión se dará cuenta que no podría ser de otra manera. Porque las Escrituras fueron escritas, no para eruditos, sabios o seres especiales, sino para la mente simple, 1 Corintios 1:26-29. Nuestro Señor Jesucristo dijo, hablando de esta misma profecía: "El que lee, entienda", Mateo 24:15; y no nos deberá sorprender encontrar, que todos los materiales necesarios para la comprensión de la materia están contenidas en la misma Biblia.

Una Profecía de importante interés

La porción de la Escritura que estamos a punto de estudiar es una de las más maravillosas y sustancialmente importante en la Palabra de Dios. Lo que es de gran interés en ella, es la medida de tiempo divinamente revelada, que empieza con el regreso de los israelitas separadamente de los eventos históricos de Babilonia, segundo en importancia después de la salida de Egipto - hasta el evento culminante de toda profecía y toda la historia, incluso "hasta el Mesías", y su humanidad cuando sería "cortado y no tendrá nada".

La propia naturaleza de las cosas reveladas aquí, es una confirmación de que, en las mismas Escrituras se encuentra todo lo necesario para una correcta y clara comprensión de las mismas; y, además, que todo el asunto se encuentra dentro de la comprensión de los creyentes ordinarios. Todo lo que pido a los lectores es su mayor atención, en una actitud de  oración, a los pasajes de las Escrituras a los que haré referencia. Con la única finalidad de que confiadamente puedan ser capaces de entender cada tema desarrollado, y ver por sí mismos si se encuentra apoyado o no, en la Palabra de Dios.

Por último queremos decir que las conclusiones presentadas aquí, no incluyen nada que no haya sido señalado por conocidos expositores de la Biblia de otros días. Si alguno de los lectores se encontrara en desacuerdo con respecto a cualquiera de los asuntos establecidos en la serie de artículos de este tema, pedimos de ellos una paciente observación y análisis de las pruebas abordadas, junto con la medida de tolerancia bondadosa que se espera en tales casos, entre los que están, con igual sinceridad, buscando conocer la mente de Dios.

"El profeta Daniel" (Mateo 24:15)

El libro de Daniel difiere en marcados detalles de todos los demás. El elemento extraordinario abunda en él; y debido a esto ha sido en los últimos años un objeto de ataques venenosos por los enemigos de la verdad. Por otra parte, las declaraciones encontradas en él no son, al igual que otras profecías, de la naturaleza de exhortaciones y advertencias a las personas de ese tiempo; porque Daniel no era (como los otros profetas), el mensajero de Dios a las personas de la misma época de Daniel. Son de naturaleza de revelaciones divinas, dadas a Daniel, ya sea en forma de visiones, o de mensajes directamente enviados del cielo. De manera que, el libro es visto no para el pueblo del propio tiempo de Daniel, sino para aquellos de un período o períodos posteriores. En ese libro podemos observar una diferencia muy marcada entre las profecías dadas a Daniel, y a otros profetas.

Por otra parte, el libro de Daniel tiene que ver de una manera muy especial con Cristo; y por esta característica designaré  especial atención. Cristo mismo es claramente observado en este libro, una vez en la tierra en medio del horno de fuego ardiendo, entregado a los hombres que esperaban en su Dios (3:25); y una vez en el cielo, recibiendo un reino eterno (7:13-14). También está el hecho de que a Daniel se le dio la medida exacta del tiempo de un evento claramente marcado en su propio día - un evento para el cual fervientemente había orado - la venida de Cristo, y ser "cortado". Por otra parte, en ese mismo contexto, Dios reveló a Daniel las cosas maravillosas que iban a ser logradas a través de la crucifixión de Cristo, así como los juicios abrumadores, muy superiores a cualquier cosa de la naturaleza, las cuales fueron a caer sobre la ciudad, el santuario y el pueblo, como consecuencia del rechazo y crucifixión de Cristo.

Por otra parte, este libro contiene, no sólo predicciones que habían de ser cumplidas en la primera venida de Cristo, sino también predicciones relacionadas con el final de la época actual. Porque tenemos en la visión de la gran imagen de oro, plata, bronce, hierro y barro, registrada en el capítulo 2, un esquema del curso de la historia humana desde el propio tiempo de Daniel hasta la segunda venida de Cristo en poder y gloria; y la amplitud de la profecía es tal que abarca los principales cambios políticos de todo el mundo.

Debido al carácter único e importante este libro, ha sido atacado con fuerza, se ha hecho todo lo posible por levantar dudas sobre su autenticidad y se han hecho grandes esfuerzos por convencer a las personas en general que no fue escrito por Daniel, o en su día. Esos intentos han fracasado notablemente; pero los esfuerzos de nuestro adversario, Satanás, por desacreditar este libro todavía no se han mostrado en las burdas interpretaciones, errores de cálculo y perspectivas fantasiosas que se han derramado en nuestros días.

Una manifestación de los esfuerzos que se realizan para nublar la profecía de Daniel se encuentra en las palabras de Cristo cuando, al referirse directamente a esa profecía, dijo: "el que lee entienda", Mateo 24:15. Pero esas palabras también pueden ser tomadas como un estímulo para buscar una comprensión correcta de esa maravillosa serie de profecías.

El principal interés de este estudio se centra en la profecía dada a Daniel en el primer año del imperio medo persa, y que se encuentra en el noveno capítulo; y es a esta profecía que deseo dirigir la reflexión. En general, se conoce como la profecía de las setenta semanas (Daniel 9:24-27).

Primeramente, el entorno de esta profecía debe ser observado  cuidadosamente. Daniel había aprendido, a través de Jeremías 25:11; 29:10, que el período que Dios había establecido para las "desolaciones de Jerusalén" era exactamente de setenta años (Daniel 9:1). Ese período estaba entonces a punto de expirar. Luego de dos años, por decreto emitido por Ciro mediante el cual terminaba el cautiverio, se le permitió a los Judíos (e incluso se les exhortó) a volver a su tierra y a la ciudad de Jerusalén, Esdras 1:1-4. Que este fue el cumplimiento de la profecía de Jeremías se conoce con certeza, ya que se registra en Esdras 1:1, porque “despertó Jehová el espíritu de Ciro” para emitir ese decreto, con el propósito expreso que "se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías". Este es un pasaje incomparablemente maravilloso e impresionante.

El efecto sobre Daniel de recibir esta revelación fue enviarlo de rodillas en confesión y oración. Su oración debe examinarse cuidadosamente. Se verá que tiene que ver totalmente con la ciudad, el santuario y el pueblo de Dios, con especial referencia a las "desolaciones" de la ciudad. Se verá también que estos mismos temas son los que ocupan la profecía que el ángel Gabriel trajo a Daniel en respuesta a su oración. Hacemos un llamado de especial atención a esto, y también a los siguientes puntos de interés:
  1. La respuesta de Dios a la oración de Daniel estaba en la forma de una revelación traída a él por el ángel Gabriel, quien afirmó, como primer elemento de la información, que los setenta años de cautiverio debían ser seguidos por un período de setenta semanas (de años). La palabra dada aquí por "semanas" es literalmente "sietes"; por lo que no hay duda de que el periodo especificado en esta profecía es de setenta semanas de años, es decir, 490 años.
  2. El decreto que debía poner fin a la cautividad mediante la liberación de los Judíos, concediéndoles la libertad de regresar a su tierra y reconstruir la ciudad y el santuario, debía ser el punto de partida del período "determinado" de setenta sietes de años. Esto puede ser observado claramente en la profecía misma en relación con Esdras 1:1-4 y otras Escrituras en lo sucesivo; y es importante - de hecho necesario con el fin de evitar ser engañados - que nos aferremos a este hecho y mantenerlo presente. Así se confirma que la época del anuncio del decreto de Ciro en el primer año de su reinado (como único rey), en virtud de la cual la ciudad y el templo fueron reconstruidos bajo Zorobabel y Josué, era a la vez la terminación de los 70 años de cautiverio y también el punto de partida para el período profético de 70 sietes, que habían sido "determinados", o planificados en los consejos del cielo, sobre el pueblo y la ciudad santa. Cuando el período de una era termina, los otros (a sólo siete veces más tiempo) estaban por comenzar. Una vez más pedimos que se tome nota cuidadosamente este punto. Plena prueba de su corrección se da en el artículo siguiente.
  3. Daniel, en su oración, había confesado los pecados de su pueblo, pecados por los cuales Dios había traído sobre ellos las "desolaciones" de su ciudad y el santuario. Pero, a su intenso dolor, sin duda, el ángel Gabriel le reveló que un pecado mucho más terrible, la culminación misma de los pecados de la gente, aun, iba a ser cometido por ellos. Esto iba a ocurrir dentro del período "determinado" por la profecía; y por otra parte, como consecuencia de ello, un juicio mucho más severo caería sobre ellos, incluso la destrucción total de la ciudad, del santuario, el barrido de la nación como "una inundación", y las "desolaciones" de larga duración de tiempo. No es extraño hallar a Daniel afligido y desfallecido  el tercer año de Ciro, todavía de luto y ayuno de tres semanas, lamentando que sus fuerzas se cambiaron en desfallecimiento y sin ningún vigor, Daniel 10:2-3, 8. Daniel había dicho en su oración: "Todo Israel ha transgredido tu ley apartándose", Daniel 9:11. Una respuesta evidente para esto se ve en las palabras de Gabriel, "setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la transgresión". Con esto podemos comparar las palabras de Cristo, pronunciadas a los líderes de Israel, justo antes del discurso de los Olivos: "vosotros también llenad la medida de vuestros padres", Mateo 23:32. Lo hicieron mediante el rechazo y la crucifixión.
  4. La característica más importante de la revelación traída por Gabriel a Daniel era la medida precisa del tiempo (69 sietes, o 483 años) "hasta el Mesías, el Príncipe"; y el momento en que el Mesías iba a ser "cortado y no tienen nada". Esta es la maravilla de las maravillas, la profecía de profecías.
  5. El ángel Gabriel, que trajo estas maravillosas predicciones de Daniel, es el mismo que anunció la aproximación del cumplimiento de ellos a Zacarías y a María (Lucas 1:11-19; 26).
  6. La expresión utilizada por Gabriel a Daniel, "tú eres muy amado", es el equivalente exacto de la palabra dirigida por el mismo mensajero a María - "tú muy favorecida". Esta expresión se le asigna tres veces a Daniel, y a nadie más excepto a María; y Gabriel es el único ángel empleado para dar a conocer a los hombres la revelación del misterio de la redención".
  7. La revelación abarca dos temas principales (a) la venida y corte del Mesías, (b) la destrucción y "desolación" de la ciudad y el santuario. Es un hecho muy familiar a todos los lectores de la Biblia, que Cristo Jesús invocó esta profecía en la mente de sus discípulos en la víspera de ser "cortado" y les anunció en ese momento la cercanía de la destrucción y "desolación" de Jerusalén y el templo (Mateo 24: 1-22; Lucas 21:20-24).
En estos siete puntos tenemos los elementos principales para una correcta comprensión de la profecía.

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Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego, Romanos 1:16.

INTRODUCCIÓN

Existe una lucha despiadada  en contra de la verdad, de la Palabra de Dios, de los hijos de Dios y de la Iglesia. Una lucha liderada por uno, a quien Jesucristo no dudó en calificar como homicida.  Su nombre es Satanás. Y el utilizará todas las armas a su disposición para emprender sus malignos propósitos.
Si hay algo que estimula las perversas motivaciones de Satanás es su profundo deseo de opacar, desmentir, cuestionar y poner en duda la Palabra de Dios. Desde los mismos inicios de la humanidad ha utilizado todo tipo de estrategias, con el fin de oscurecer la Palabra de Dios.
En 2° Corintios 4:3-4 Pablo nos muestra ese patrón satánico cuando escribe: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo”.
Hoy vamos a examinar tres estrategias que él utiliza para oscurecer el poder de la Palabra de Dios.

LA ESTRATEGIA DE LA BURLA Y LA RIDICULIZACIÓN

En 1° Corintios 1:23 dice: “pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura”.
Los gentiles se reían de los cristianos. Los paganos de Roma y Corinto se burlaban de los cristianos. Y ya usted sabe, el mundo se ríe de nosotros, se burla de nosotros.
En algún momento alrededor del año 178, Celso escribió un duro ataque contra el cristianismo. Él escribió: "No permitamos que las personas incultas se nos acerquen. Ninguno que no sea sabio, sensible, por todo aquello que consideramos malo. Pero si alguno es ignorante, está carente de sentido común y cultura, si alguien es un insensato, dejémosle que con audacia se haga cristiano. Los vemos en sus propias casas, con vestiduras de lana, toscos, son los peores, los vulgares, los más incultos. Son como un enjambre de murciélagos o de hormigas que salen de sus nidos, o ranas celebrando un simposio alrededor de un pantano, o lombrices reuniéndose en el fango.
Buen tipo, este Celso. Y entonces dijo: "Los cristianos adoran a un hombre muerto". Satanás busca opacar la Palabra de Dios por medio de la burla y la ridiculización, de manera que usted se avergüence y mantenga la boca cerrada. Pero la Palabra de Dios nos recuerda: "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios".

LA ESTRATEGIA DEL AUTORITARISMO RELIGIOSO

La reforma protestante, fue un movimiento religioso cristiano, iniciado en Alemania en el siglo XVI por Martín Lutero, producto de numerosas acusaciones de corrupción eclesiástica y falta de piedad religiosa que condujeron a una gran crisis a la Iglesia católica.
Lutero atacaba la doctrina de salvación por las obras, el sistema de indulgencias para financiar la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma, lo que realmente dio inicio a la Reforma protestante.
También afirmaba que, de acuerdo a la Biblia, todos los cristianos eran sacerdotes sin necesidad de ninguna ordenación especial y negaba la autoridad suprema del Papa sobre la cristiandad universal. Criticaba los sacramentos de la Iglesia católica, reduciéndolos a solo dos, los cuales pensaba eran los bíblicamente establecidos.
No cabe duda que la Reforma Protestante es merecidamente considerada como el más grande avivamiento en los últimos mil años de historia de la iglesia, un movimiento tan masivo que alteró de forma radical el curso de la civilización occidental. Nombres como Martín Lutero, Juan Calvino y John Knox todavía son bien conocidos hoy, cinco siglos después de que vivieran. Y a través de sus escritos y sermones, estos reformadores valientes, y otros como ellos, dejaron un legado perdurable para las generaciones de creyentes que les han seguido.
Sin embargo, el verdadero poder detrás de la Reforma no fluyó de un solo hombre o un grupo de hombres. Sin duda, los reformadores dieron pasos audaces y se ofrecieron como sacrificio por la causa del evangelio, pero aun así, el triunfo arrollador del avivamiento del siglo XVI no puede ser acreditado a los actos de valor o las brillantes obras de enseñanza de estos hombres. No, la Reforma solo puede explicarse por algo mucho más profundo: fue una fuerza infinitamente más poderosa que cualquiera que los simples mortales pudieran producir por sí mismos.
La Reforma fue la consecuencia inevitable y explosiva de la Palabra de Dios chocando como un tsunami contra las fortalezas de la tradición humana y la religión hipócrita. Cuando la gente común de Europa tuvo acceso a las Escrituras en su propio idioma, el Espíritu de Dios usó esa verdad eterna para traer convicción a sus corazones y convertir sus almas. El resultado fue totalmente transformador, no solo para la vida de los pecadores en una región, sino para todo el continente.
Isaías 55:10-11, «Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié».
El principio de “solo las Escrituras” implantado por los reformadores es la manera en que hoy día podemos reconocer que la Palabra de Dios y el Espíritu Santo, era el poder imparable detrás del avance explosivo de la reforma.
 Martín Lutero dijo: «Todo lo que he hecho es exponer, predicar y escribir la Palabra de Dios, y aparte de esto no he hecho nada […]. Es la Palabra la que ha hecho grandes cosas […]. No he hecho nada, la Palabra ha hecho y conseguido todo».
Satanás busca opacar la Palabra de Dios por medio del autoritarismo religioso. Pero la Biblia es la única palabra revelada de Dios y por lo tanto la verdadera autoridad del creyente para la sana doctrina y una vida recta. La Palabra de Dios es poderosa, transformadora y totalmente suficiente «para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra», 2 Timoteo 3:16–17. La Palabra de Dios es el fundamento autoritativo de la fe cristiana, es inerrante, es infalible y es históricamente precisa.

LA ESTRATEGIA DEL FALSO EVANGELIO

Doscientos veintidós años después de la muerte de Martín Lutero, en el mismo lugar de nacimiento del más grande avivamiento de la historia, por el año de 1768, nacía otro influyente teólogo alemán llamado Friedrich Schleiermacher. Pero a diferencia de Lutero, Schleiermacher dejó que las dudas abrumaran su alma y en consecuencia rechazó la verdad del evangelio que sus padres luteranos le habían enseñado.
La crisis de fe de Schleiermacher lo sumergió en las profundidades de la incredulidad; y mientras se hundía, arrastró a otros con él, creando una marea de incredulidad que pronto contradijo los fundamentos del cristianismo bíblico. En realidad, muchos se sumergieron en esta educación teológica y ahogó a las denominaciones con mentiras acerca de la Biblia. Con el tiempo esta doctrina dio lugar al falso evangelio del liberalismo teológico.
Mientras estudiaba en la Universidad, Schleiermacher se expuso a los ataques antibíblicos de los pensadores de la Ilustración, de los incrédulos escépticos que negaban la veracidad histórica de la Biblia y de filósofos seculares que exaltaban la razón humana por encima de la revelación divina. Este asalto de ideas fue demasiado influyente y sus dudas pronto dieron paso a la negación pura y simple del evangelio.
En una carta a su padre, le dijo: «Si la fe es potestad de la Deidad, dice usted. ¡Ay! Querido padre, si cree que sin esta fe nadie puede alcanzar la salvación en el otro mundo, ni la tranquilidad en este, y tal se, es su creencia, ¡ah!, entonces ore a Dios para que me la conceda, porque yo la he perdido. No puedo creer que el que se llamaba a sí mismo el Hijo del Hombre sea el Dios verdadero y eterno, no puedo creer que su muerte fue una expiación vicaria».
Como un Judas Iscariote del siglo dieciocho, Schleiermacher traicionó su legado de fe, abandonó los fundamentos de verdad de las Escrituras y rechazó el evangelio, negando tanto la deidad de Cristo como su obra vicaria en la cruz.
Pero, Schleiermacher no deseaba abandonar la religión por completo. En su lugar, buscó una nueva autoridad en la cual basar su propio «cristianismo». Si las Escrituras no eran más su fundamento, Schleiermacher tendría que encontrar un nuevo fundamento. Lo halló en el Romanticismo.
El Romanticismo — fundamentado en la belleza, la emoción y la experiencia— fue la respuesta filosófica al enfoque racionalista que lo había conducido a dudar de su fe cristiana. Y, en un esfuerzo por restaurar una apariencia de cristianismo, se entregó a los principios filosóficos del Romanticismo.
En sus obras escritas, Schleiermacher trató de defender su doctrina argumentando que la base para creer en Dios no se encuentra en las verdades objetivas de las Escrituras, sino más bien en los sentimientos personales de la conciencia religiosa.
Schleiermacher buscó reemplazar el fundamento bíblico del cristianismo, intercambiando las verdades objetivas de las Escrituras por las experiencias espirituales subjetivas. La siembra de esa teología transgénica condujo a consecuencias desastrosas; en el caso de Schleiermacher, llevó a la cosecha mortal del liberalismo teológico, una forma de religión que se llamaba a sí misma «cristiana» pero al mismo tiempo  negaba la veracidad, la exactitud, la autoridad y el carácter sobrenatural de la Biblia.
Al igual que todas las formas de religión falsa, el liberalismo teológico comenzó con el abandono de la autoridad de la Palabra de Dios. Al apartarse de la sola autoridad de las Escrituras, el liberalismo teológico se convirtió en enemigo del verdadero cristianismo, una versión fraudulenta de aquello que decían representar.
Su pariente cercano, el carismatismo, ha seguido por ese mismo camino, basando su sistema de creencias en algo que no es la sola autoridad de las Escrituras y envenenando a la iglesia con una idea retorcida de la fe, enturbiando la clara enseñanza de las Escrituras y oscureciendo el verdadero evangelio, y elevando los sentimientos y las experiencias personales por encima de las Escrituras.
Aunque muchos carismáticos afirman de labios la superioridad de las Escrituras, en la práctica niegan tanto su autoridad como su suficiencia. Están más preocupados por los encuentros místicos y los éxtasis emocionales, buscan continuamente revelaciones del cielo, lo que significa que para ellos la Biblia por sí sola no es suficiente. Dentro de un modelo carismático, la revelación bíblica debe complementarse con «palabras de Dios» personales, supuestas sacudidas del Espíritu Santo y otras experiencias religiosas subjetivas. Ese tipo de pensamiento es un rechazo a la autoridad y la suficiencia de las Escrituras.
Satanás desea opacar la Palabra de Dios añadiendo falsos elementos, pero nosotros respondemos: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación”.

CONCLUSIÓN

Cualquier movimiento que no honra la Palabra de Dios no puede legítimamente pretender honrar a Dios. Si vamos a reverenciar al Soberano omnipotente del universo, debemos someternos por completo a lo que él ha hablado, Hebreos 1:1–2. Cualquier otra cosa es tratarlo con desprecio y revelarse contra su señorío. No hay nada más ofensivo para el Autor de las Escrituras que tener en poco, negar o distorsionar la verdad que ha revelado (Apocalipsis 22:18–19). Manipular la Palabra de Dios significa tergiversar lo que él escribió. Rechazar sus exigencias es llamarlo mentiroso. Ignorar su mensaje es hacerle un desaire al Espíritu Santo que lo inspiró.
Al ser la perfecta revelación de Dios, la Biblia refleja el glorioso carácter de su Autor.

  • Debido a que él es el Dios de la verdad, su Palabra es infalible.
  • Debido a que él no puede mentir, su Palabra es inerrante.
  • Debido a que él es el Rey de reyes, su Palabra es absoluta y suprema. 

Los que desean agradarlo deben obedecer su Palabra. Por el contrario, los que dejan de darle honor a las Escrituras sobre cualquier otra cosa que reclame ser verdad, deshonran a Dios mismo.
Él mismo ha exaltado su Palabra el lugar más alto. David puso de manifiesto esto en el Salmo 138:2. Hablándole a Dios, dijo: «Me postraré hacia tu santo templo, Y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas».
Del mismo modo, los creyentes hoy están llamados a defender la verdad contra todos los que buscan socavar la autoridad de las Escrituras. Como escribió Pablo: «Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo», 2 Corintios 10:4–5.
Por medio del Espíritu Santo, Dios reveló la fe cristiana a los apóstoles en el primer siglo (cf. Romanos 16:25-26; 2 Timoteo 3:16). Sus enseñanzas, junto con las escrituras del Antiguo Testamento, constituyen el «conocimiento verdadero» de Jesucristo, y es todo lo que necesitan los creyentes para la vida y la santidad, 2 Pedro 1:3; cf. 2 Timoteo 3:16–17.

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¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle,  sois esclavos de aquel a quien obedecéis,  sea del pecado para muerte,  o sea de la obediencia para justicia?
Pero gracias a Dios,  que aunque erais esclavos del pecado,  habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;  y libertados del pecado,  vinisteis a ser siervos de la justicia.
Hablo como humano,  por vuestra humana debilidad;  que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad,  así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia. Romanos 6:16-19.

INTRODUCCIÓN

Los movimientos carismáticos y pentecostalistas se atribuyen el  privilegio  al  título  de «cristianos llenos del Espíritu Santo». Ellos  definen la llenura del Espíritu  en  términos  de  experiencias  de manifestaciones  externas.  Una  descripción, muy  común  en los círculos de  los movimientos  pentecostales,  es la siguiente:  «Cuando  estamos  llenos  del Espíritu,  la  manifestación  externa  de  ese  don  es  hablar  en  lenguas».

Por supuesto, el hablar en lenguas no es la única señal evidenciada de la llenura del Espíritu  dentro  de ese  modelo  carismático,  tampoco es el  más  calamitoso.  Aún  más impresionante es el fenómeno del «descanso en el Espíritu» o «ser muerto en el Espíritu». Aquellos  que  son derribados  muestran  un  comportamiento  de  trance,  por  lo general  cayendo  de  espaldas  al  suelo  como  una  persona  muerta.  En  otras ocasiones, estos «muertos por el Espíritu» responden con una risa incontrolable, ladridos diversos, espasmos erráticos y síntomas extraños de intoxicación.

Y si usted piensa que hemos alcanzado el tope, permítame decirles que al igual que las bacterias, estos fenómenos mutan y se extienden. En  algunas  iglesias  carismáticas, las  personas  toman  el escenario y se lanzan «pelotas de fuego de unción»  imaginarias unas a otras,  y  luego  caen  al suelo  fingiendo estar muertas por las pelotas de poder divino. Predicadores animan a la congregación a inyectarse con agujas imaginarias cuando llegan al altar, para que puedan «elevarse en Jesús». En realidad están comparando la llenura del Espíritu con el  consumo  de  cocaína.  Como si todo esto no fuera suficiente, impulsan a sus seguidores a colocarse en  las  bocas  una  figurita  de plástico  de  un  pesebre  y  alientan  a  las  personas  a  que  «fumen  al niño Jesús» para que puedan experimentar «Jehová-guana», una referencia a la  mariguana.  Esto  es  más  grave  que  rebajar  las  cosas  de  Dios.  Es tomar el nombre del Señor en vano.

Caer de espaldas al suelo,  reír sin control,  balbucear frases sin sentido y actuar  como  un  borracho  es  lo  que  parece  ser  un  cristiano  lleno  del Espíritu Santo. Estos comportamientos no son considerados demasiado extraños si pueden ser acreditados al poder del Espíritu Santo. Convencidos  de  que  se  trata  del  resultado  de  ser  llenos  del  Espíritu,  los carismáticos  apoyan  con  entusiasmo  todas estas prácticas.

Las versiones carismáticas modernas de la profecía, las lenguas y la sanidad son todas formas falsas de los verdaderos dones bíblicos. Ahora bien, ser  «derribado  o  muerto  en  el  Espíritu» es  una invención carismática moderna. Esta práctica no se menciona en ninguna parte de la Biblia, lo que hace que no tenga respaldo bíblico en absoluto. El fenómeno moderno se ha  convertido  en  un  espectáculo  tan  común  y  popular,  que  el  carismático promedio da hoy por sentado que esta práctica debe tener algún tipo de origen bíblico  o  histórico.

Aunque  los  carismáticos  asocian  todos estos  tipos  de comportamiento con el Espíritu Santo, la verdad es que no tiene nada que ver con Él. Las Escrituras están llenas de advertencias acerca de las señales y prodigios falsos.

Jesús dijo: «Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los  escogidos.  Ya  os  lo  he  dicho  antes»,  Mateo  24:24–25.  El Señor Jesús claramente espera que  tomemos  en  serio  estas  advertencias  y  nos  protejamos  contra  el tipo  de credulidad bonachona que estos milagreros carismáticos fomentan de manera deliberada.

Siendo  que  estos  tipos  de  engaños  extravagantes  son  una  burla  al verdadero poder y llenura del Espíritu Santo, cabe preguntarse: ¿Qué es lo que realmente significa ser lleno del Espíritu? ¿Cuáles son las características que distinguen una vida cristiana llena del Espíritu Santo? Vamos a considerar la respuesta a esta pregunta  al  examinar  la  obra  del  Espíritu  en  la  santificación  del creyente.

SER LLENO DEL ESPÍRITU

Como ya hemos visto, todos los creyentes son:
  • Convencidos por el Espíritu Santo, Juan 16:7-11.
  • Regenerados y renovados, Juan 16:7-11.
  • Conducidos al arrepentimiento, Hechos 11:15–18.
  • Hechos participes de la comunión con Dios, Romanos 8:14–17. 
  • Hechos morada del Espíritu Santo, Romanos 8:9.
  • Sellados para eterna salvación, Juan 10:27–29.
Estas cualidades se producen  una  sola  vez; pero luego los  creyentes  deben  ser saturados de poder, de modo que todo lo que piensen, todo lo que hablen y todo lo que hagan sea el reflejo de la vida de Cristo. Esto puede ser alcanzado solo a través de la llenura del Espíritu Santo.

El  pasaje  específico  que nos habla acerca de la  llenura  del  Espíritu  está en Efesios 5:18, dice así: «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu». El apóstol Pablo hace una comparación entre el efecto que produce el alcohol y el efecto del Espíritu Santo. Una persona que se embriaga, estará controlada en varias áreas de su vida por el alcohol. La persona se desinhibe y el alcohol toma control de sus acciones.

En contraste, aquella persona que se está llenando del Espíritu Santo es aquella que se está llenando del conocimiento de la Palabra de Dios, y su vida está siendo controlada por el Espíritu Santo. A diferencia de los resultados que produce el alcohol, el creyente que es lleno del Espíritu será un creyente victorioso, santo y servirá de edificación a la obra de la iglesia.

Cabe  destacar  que  la  orden  «sed  llenos»  está  en  tiempo  presente,  lo  que indica que debe ser una experiencia continua en la vida de cada cristiano. En otras palabras, los cristianos llenos del Espíritu Santo exhiben el fruto del Espíritu que Pablo identifica como «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22–23).  Ellos  son  «guiados  por  el  Espíritu»  (Romanos  8:14),  es  decir,  su comportamiento  no  está  dirigido  por  sus  deseos  carnales,  sino  por  el  poder santificador del Espíritu Santo. Como Pablo explica en Romanos 8:5–9:
Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
El tema del apóstol es que los que están llenos del Espíritu Santo buscan agradar a Dios a través de la aplicación práctica de la santidad. El dominio del Espíritu Santo sobre nuestras  vidas  nos  permite relacionarnos correctamente con Dios y los demás.

Tenemos dos pasajes paralelos que nos muestran esta correcta relación; Colosenses  3:16—4:1, Efesios  5:18—6:9. En estos pasajes el apóstol Pablo explica que en los creyentes debe residir la palabra de Cristo en abundancia, entonces al estar reunidos van a tener temas de qué hablar, porque estarán enseñándose unos a otros, y estarán cantando himnos y canticos espirituales.  Harán todo en el nombre del Señor Jesús,  «dando gracias a Dios Padre por medio de él». Las esposas estarán sujetas a sus maridos y los maridos, a su vez, amarán a sus esposas. Los hijos obedecerán a sus padres y los padres no exasperarán a sus hijos. Los siervos trabajarán diligentemente para sus amos y los amos responderán tratando a sus trabajadores con justicia.

Por lo tanto, podemos ver que obedecer el mandamiento de ser llenos del Espíritu no implica manifestaciones emocionales de éxtasis o encuentros místicos. Es el resultado de la lectura,  la meditación y la sumisión a la Palabra de Cristo,  permitiendo que las Escrituras  se implanten en nuestros  corazones  y  mentes.  Dicho  de  otra  manera, estamos llenos del Espíritu Santo cuando estamos llenos de la Palabra de Dios, la cual el Espíritu Santo inspiró y a la que le dio poder. Cuando ordenamos nuestros pensamientos según la enseñanza Bíblica, y aplicamos su verdad a nuestra vida cotidiana, nos ponemos cada vez más bajo el control del Espíritu.

ANDAR EN EL ESPÍRITU

El  Nuevo  Testamento  describe  la  vida  llena  del  Espíritu  Santo  mediante  la analogía de caminar en el Espíritu. Pablo lo expresó de esta manera en Gálatas 5:25: «Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu». Así como caminar requiere dar un paso a la vez, ser llenos del Espíritu consiste en vivir bajo el control del Espíritu pensamiento a pensamiento, decisión a decisión. Los que están verdaderamente llenos del Espíritu, cada paso que dan por la senda verdadera, lo dan con el Espíritu.

En Romanos 6:4 el apóstol señala que como creyentes,  se  nos ordena a caminar en novedad de vida, esto quiere decir: en pureza, en contentamiento, en fe, en buenas obras, en  amor,  en sabiduría,  en la verdad. Ahora bien, para alcanzar estas cualidades que caracterizan la forma de caminar del creyente, primero tenemos que andar en el Espíritu. Él es el que produce los frutos de justicia en nosotros y a través de nosotros.

Tal como Pablo explicó: «Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis» (Gálatas 5:16–17). El concepto de andar se refiere al modo normal de conducirnos por la vida.  Aquellos  cuyas  vidas  se  caracterizan  por andar  en  la  carne demuestran en su conducta y en su hablar las obras de la carne. Por el contrario, los que andan en el Espíritu dan evidencia de que se asemejan a Cristo.

Pedro reafirmó esta verdad con las siguientes palabras: «Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo»  (1 Pedro 1:15–16; cp.  Hebreos 12:14).  De manera que será de profunda consideración para cada creyente, que mediante el poder del Espíritu Santo, «renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente» (Tito 2:12).

Por supuesto, esto no significa que los cristianos ya no lucharán más contra el pecado y la tentación. Todos los creyentes todavía batallamos contra la carne. La carne es el enemigo interno, el remanente del viejo hombre que pelea contra los deseos piadosos y justos (Romanos 7:23).

Pero, si el creyente aspira obtener la victoria sobre los deseos de su carne y crecer en santidad, deberá actuar en el poder del Espíritu. Como Pablo explica en Romanos 8:13–14: «Si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque  todos  los  que  son  guiados  por  el Espíritu  de  Dios,  éstos  son  hijos  de Dios».

SER SEMEJANTES A LA IMAGEN DE CRISTO

Si queremos saber cómo es una vida llena del Espíritu, no necesitamos mirar más allá  de  nuestro  Señor  Jesucristo.  Él se  destaca  como  el principal ejemplo  de alguien que actuó plena y perfectamente bajo el control del Espíritu. Durante el ministerio  terrenal de  Jesús,  el Espíritu  fue  su  compañero  inseparable.  En  su encarnación, el Hijo de Dios se despojó voluntariamente, poniendo a un lado el uso independiente de sus atributos divinos (Filipenses 2:7–8). Él se hizo carne y se sometió por completo a la voluntad de su Padre y al poder del Espíritu Santo (cp. Juan 4:34).

En todo momento, desde su nacimiento hasta su muerte, la vida de nuestro Señor estuvo bajo el poder del Espíritu Santo.  Jesucristo fue perfectamente lleno del Espíritu Santo,  actuando siempre bajo  el  control  total  del  Espíritu.  Su  vida  de  obediencia  absoluta  y  perfecta correspondencia a la voluntad del Padre, es un testimonio del hecho de que nunca hubo un tiempo en que no anduviera bajo el control del Espíritu. Por lo tanto, el Señor Jesús es el prototipo perfecto de lo que significa vivir una vida llena del Espíritu: en plena obediencia y en conformidad completa a la voluntad de Dios.

No debe sorprendernos entonces, que el Espíritu Santo trabaje activamente en los corazones de sus santos para hacerlos semejantes a la imagen de Jesucristo. Para el Espíritu es un gran deleite dar testimonio del Hijo de Dios (Juan 15:26).  El Espíritu  glorifica  a  Cristo,  guiando  a  las  personas  hacia  él  (Juan  16:14)  y estimulándola a someterse gozosamente a su señorío (1 Corintios 12:3).
Esto es lo que le interesa al Santo Espíritu, no golpear a las personas, lanzándolas por el suelo,  haciendo cosas sin sentido y provocándoles una agitación emocional.  El circo carismático de confusión no conforma a nadie a la imagen de Cristo, quien refleja a la perfección la imagen de su Padre, Colosenses 1:15. Por lo tanto, este es un modelo totalmente falso de la santificación.

Pablo profundizó  sobre  este  aspecto  del ministerio  del Espíritu  orientado a Cristo en 2 Corintios 3:18. Allí escribió: «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria  en  gloria  en  la  misma  imagen,  como  por  el  Espíritu  del  Señor».

Cuando usted se mira en el espejo de la Palabra de Dios ¿Qué observa? ¿Observa la gloria de Cristo reflejada en usted?

CONCLUSIÓN

La santificación es la obra del Espíritu mediante la cual nos muestra a Cristo, por medio de su Palabra, y luego progresivamente nos moldea según esa misma imagen. De modo que, mediante el poder del Espíritu, contemplamos la gloria del Salvador y nos volvemos más y más como él. El Espíritu Santo no solo le presenta al Señor Jesucristo a los creyentes en el momento de su salvación, energizando su fe en el evangelio, sino que continúa revelándoles la gloria de Cristo al iluminar la Palabra de Dios en sus corazones. De este modo, hace que ellos crezcan progresivamente en la semejanza de Cristo durante toda la vida.

En la Biblia queda claro que ser un cristiano «lleno del Espíritu» no tiene nada que ver con hablar galimatías sin sentido, caerse al suelo en un trance hipnótico,  o cualquier otro encuentro místico de supuesto poder extático.  Más bien, se relaciona con la sumisión de nuestros corazones y mentes a la Palabra de Cristo, andando en el Espíritu y creciendo día a día en amor por el Señor Jesús y en el servicio de todo su cuerpo, que es la iglesia.

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Sin embargo, Jerusalén será un refugio para los que escapen;
    será un lugar santo.
Y el pueblo de Israel regresará
    para reclamar su herencia.
El pueblo de Israel será un fuego violento
    y Edom un campo de hierba seca.
Los descendientes de José serán una llama que rugirá a través del campo,
    devorándolo todo.
No quedará nadie con vida en Edom.
    ¡Yo, el Señor, he hablado!
»Entonces mi pueblo que vive en el Neguev
    ocupará las montañas de Edom.
Los que viven en las colinas de Judá
    poseerán las llanuras de los filisteos
    y se apoderarán de los campos de Efraín y de Samaria,
y el pueblo de Benjamín
    ocupará la tierra de Galaad.
Los desterrados de Israel volverán a su tierra
    y ocuparán la costa de Fenicia hasta Sarepta, al norte.
Los cautivos de Jerusalén desterrados en el norte
    volverán a casa y repoblarán los pueblos del Neguev.
Los que hayan sido rescatados subirán al monte Sión en Jerusalén
    para gobernar sobre las montañas de Edom.
¡Y el Señor mismo será rey!».

Introducción

Con la exposición de hoy, completamos nuestro estudio sobre el libro de Abdías. Vamos a exponer los versículos finales de esta palabra profética. El texto es: Abdías 1:17-21 y, en estos versículos encontraremos el mensaje final del profeta, que incluye no sólo el castigo de Edom y de otras naciones, sino también la restauración, la salvación y la renovación del pueblo de Dios.

Antes de considerar cada aspecto en particular, vale la pena recordar toda la idea que se percibe en esta profecía de Abdías.

Cuando abrimos los periódicos o vemos los noticieros televisivos, lo que más nos llama la atención es que siempre encontramos algo acerca de la disputa entre los árabes, los musulmanes y los israelíes. Estas personas realmente conforman los titulares de los principales noticieros del mundo. Escuchamos y leemos noticias de ataques de ambos lados, el uno culpando al otro por haber iniciado el conflicto y el otro diciendo que debido a que fue atacado respondió con objetividad.

Tristemente observamos cómo los líderes de ambos países están contentos cuando el ataque realizado contra el enemigo golpea efectivamente los blancos y coloca al otro en la defensiva. Por desgracia, lo que vemos es la realización del viejo dicho: "La desgracia de uno es la felicidad del otro". Esta es la historia de la lucha cruel y sangrienta que ha diezmado vidas durante tantos siglos, como hemos visto. Esto es así porque desde el Antiguo Testamento conforme al relato Bíblico, hemos visto esta misma historia repetirse. La profecía de Abdías, que estudiamos hoy en su parte final está incorporada en esta situación secular.

El imperio de Babilonia se había fortalecido y comenzó a someter a las naciones a su alrededor, e Israel/Judá fue una de ellas. Y de la misma manera como se había alegrado con otras derrotas de Israel, Edom, en esta ocasión, demostró su verdadera conexión con el pueblo de Dios. Edom apoyó a los babilonios en el saqueo y la destrucción de Jerusalén y la opresión del pueblo elegido.

Edom sería juzgado, así como las demás naciones también enfrentarían la justicia de Dios, y parte de ese juicio del día del Señor. Además de castigar a los enemigos de su pueblo, también se constituía en la salvación, la renovación y la restauración del pueblo de Dios. Implícito en el día del Señor estaba el cambio del destino del pueblo de Dios. A través de un remanente resurgiría con vigor el pueblo de Dios.

Como hemos venido observando cosechamos lo que sembramos. Edom siempre traicionó a sus aliados y estos harían lo mismo con ellos. Edom robó y saqueó al pueblo de Dios. Lo mismo les sucedería a ellos más tarde. Edom actuó con violencia contra los hijos de Dios y los mismos israelitas, judíos, los tratarían con violencia. Edom quería la aniquilación de los Judíos, pero ellos no sabían que pronto, Babilonia con quienes se habían aliado, los traicionarían y destruirían. Siendo que Dios tiene el control de todas las naciones, Proverbios 21:1, después de esta destrucción, el mismo pueblo de Israel sería utilizado como instrumento divino para castigar al orgulloso pueblo Edomita.

Porque Dios ama a su pueblo, su pueblo elegido, Dios usó a Abdías para enviar su mensaje específicamente a Edom, pero ese mensaje sirve también de advertencia para todos nosotros. Es en este contexto que el profeta Abdías describe la reacción de Dios de cara a la calamidad que Israel sufría.

Abdías se destaca entre todos los profetas mayores y menores, y es considerado el mejor expositor del gran sueño profético de Israel, expresado en la declaración final del libro: y el reino será de Jehová (cf. vs. 21 RV60).

Como ya hemos visto, Abdías denunció la autosuficiencia y el orgullo de Edom y su actitud sarcástica de alegría frente al sufrimiento de Israel/Judá. Además de traer el mensaje de condenación a Edom, Abdías también trajo un mensaje de esperanza y consuelo para el pueblo de Dios. Abdías inicialmente destacó la inminente destrucción de los edomitas, descendientes de Esaú que por habitar en las montañas pensaban que eran fuertes, poderosos e inexpugnables. Después que Abdías describe el pecado de Edom, Abdías revela la palabra de Dios para Israel/Judá. Esta palabra es una palabra de esperanza, de aliento, una palabra de ánimo. Cuando Dios revela su justo juicio Él también revela su gran misericordia con la cual Él nos trata a todos. ¿Será que hemos aprovechado esa maravillosa misericordia?

El principio de estos versículos finales de Abdías nos trae el siguiente mensaje: La liberación del pueblo de Dios es siempre una demostración del justo juicio y la misericordia divina.

En este texto encontramos tres resultados de la salvación del pueblo de Dios:

El propio pueblo será el instrumento de castigo divino, vs. 17-18

Sin embargo, Jerusalén será un refugio para los que escapen; será un lugar santo. Y el pueblo de Israel regresará para reclamar su herencia. El pueblo de Israel será un fuego violento y Edom un campo de hierba seca. Los descendientes de José serán una llama que rugirá a través del campo, devorándolo todo. No quedará nadie con vida en Edom. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado! NTV.

En el versículo 17 encontramos el mensaje para aquellos que escaparían del juicio de Dios; puesto que Él también castiga a su pueblo, y porque es justo y no hace acepción de personas, entonces, esos que escapen formarían un remanente santo que capacitaría a la "casa de Jacob", a retomar sus posesiones perdidas. El remanente de Israel se establecerá sobre el monte Sion, que la visión mesiánica la presenta como inviolable y casa santa de Dios (cf. Joel 3:17).

En el versículo 18, es evidente que la casa de Jacob que es el reino del sur, o el reino de Judá y la casa de José, que es el reino del norte o el reino de Israel será fuego que consumirá la casa de Esaú, que es, la nación de Edom que se convertirá en  rastrojo, que será aniquilada. Pero en este versículo 18 vemos que nadie va a quedar de la casa de Esaú, o no quedará ningún remanente que escape. Esto significa que el profeta Abdías está contrastando el monte de Sion como casa de Dios con el monte de Seir como la casa de Esaú, la casa de perdición. Abdías confronta el remanente de Israel que será salvo con ningún remanente de Esaú, porque todo será desolado. Abdías hace esas comparaciones mostrando cuan cierto es el principio de retribución mencionado anteriormente, en el versículo 15.

Debemos hacer hincapié en dos puntos aquí:
  1. La diferenciación que Abdías hace de la "casa de Jacob" con la "casa de José" es hecha para marcar el concepto del Israel afirmado en las tribus de Efraín y Manasés, mostrando que Abdías separa el reino del norte del reino del sur, haciendo referencia a Judá y a las tribus de Benjamín, y por asociación a la tribu de Simeón.
  2. Cuando Abdías combina las dos "casas" demuestra que este es un hecho que vamos a ver en la era mesiánica, cuando los dos reinos de nuevo serán tratados juntos (cf. Ezequiel 37:16-22; Oseas 1:11).

El propio pueblo reconquistará lo que le pertenecía, vs. 19-20

Entonces mi pueblo que vive en el Neguev ocupará las montañas de Edom. Los que viven en las colinas de Judá poseerán las llanuras de los filisteos y se apoderarán de los campos de Efraín y de Samaria, y el pueblo de Benjamín ocupará la tierra de Galaad. Los desterrados de Israel volverán a su tierra y ocuparán la costa de Fenicia hasta el norte de Sarepta. Los cautivos de Jerusalén desterrados en el norte volverán a casa y repoblarán los pueblos del Neguev. NTV.

En estos versículos Abdías nos muestra la consecuencia de la caída de Edom, nos muestra cómo será el día del Señor, cuando él use a su pueblo como un instrumento de justicia.

Estos versículos contienen información y tratan acerca de la restauración de Israel y Judá como instrumentos en la derrota de Edom. Estos versículos explican que la recomposición de las posesiones geográficas proporcionará beneficios a los hijos de Israel y la restauración de Judá incluirá una expansión de sus antiguos territorios.

El versículo 19 establece que los israelitas del Neguev heredarán la tierra de Edom, es decir, las montañas de Seir, las montañas de Esaú. El Neguev es la región del desierto del sur de Judá, que era a menudo el lugar de los ataques y abusos de los edomitas. También en el verso 19 leemos que los israelitas al pie de las montañas (Sefela) ocuparán la costa conocida como la tierra de los filisteos. Sefela es la región montañosa al suroeste de Judá. Además, tenemos la declaración de que el Neguev y Sefela también poseerían el antiguo territorio del Reino del Norte (Efraín y Samaria) así como el Neguev y Sefela eran parte del reino de Judá.

El versículo 19 nos dice también: y el pueblo de Benjamín ocupará la tierra de Galaad. Esta frase es una referencia al territorio al oeste del río Jordán que fue asignada a la media tribu de Manasés, y para las tribus de Rubén y Gad (cf. Números 32; Deuteronomio 3:8-22 y Josué 13:8-32). Benjamín estaba lejos de Galaad y tendría que viajar a través de Samaria y Efraín para llegar a aquella región, y eso nos recuerda que había una relación especial con el rey Saúl, que era Benjamita. Esta relación fue con Jabes Galaad (cf. 1 Samuel 11:1-11) Y en este sentido, es interesante observar que existe una clara identificación de Judá y Benjamín, y las tribus que sobrevivieron a la deportación del reino del norte por Asiria, constituyéndose así, más adelante, en el remanente de Israel (cf. 1 Crónicas y 2 Crónicas). Y esta declaración refleja la perspectiva del período tardío o posterior al exilio, lo que significa que ambos, Judá y Benjamín, verían la restauración de todo Israel en la tierra, en aquella que fuera la tierra de la promesa.

El versículo 20 declara que los exiliados del pueblo de Israel que estaban entre los cananeos hasta Sarepta y los exiliados de Jerusalén que estaban en Sefarad, retomarían la posesión de las ciudades del Neguev. Eso quiere decir que los del reino del norte que viviera en los territorios fenicios y cananeos hasta Sarepta unirían a los exiliados de Judá. Incluso en la literatura rabínica utilizar Sefarad se refiere a España, en el hebreo Bíblico puede referirse a Sardis, la capital del antiguo reino Lidio al centro oriente de Turquía, que aparentemente era la morada de algunos Judíos exiliados.

También podría ser identificado con la ciudad al oriente de Asiria. De cualquier manera, este versículo destaca como los exiliados del pueblo de Israel y Jerusalén, o los que escaparan, podrían habitar nuevamente en estas regiones. Lo notable es que las escenas colocadas en estos versículos implican directamente una acción divina en la cual la tierra misma viene a ser un agente que vencerá a los enemigos del pueblo de Dios.

El propio pueblo será gobernado por Dios, vs. 21

Los que hayan sido rescatados* subirán al* monte Sión en Jerusalén para gobernar sobre las montañas de Edom. ¡Y el SEÑOR mismo será rey!

En este versículo nos encontramos con esta expresión: Rescatadores. Este es un término que se utiliza en el libro de Jueces para nombrar a los jueces que liberaron a Israel de la opresión extranjera (cf. Jueces 2:16; Isaías 19:20). Estos subirían a, o desde el monte de Sion, símbolo del reino de Dios, para juzgar la región montañosa de Esaú, para administrar, establecer la justicia que en el Antiguo Testamento llevaba consigo la idea de gobernar. Resumiendo el mensaje de su profecía, Abdías destacó que el juicio sobre Edom, se llevaría a cabo por estos Rescatadores, que estaban en Jerusalén.

Es de notar que Joel dice algo similar en relación con otras naciones (cf. Joel 3:12).

Conclusión

Este versículo 21 es visto también como una conclusión de este libro. Él concluye con una profecía y termina el libro con el mismo principio teológico con que inició  el libro. Jehová el Señor es soberano sobre todas las naciones.

La expresión "¡Y el Señor mismo será rey!" (cf. vs. 21b) nos muestra la realidad del reino anunciado, pero no establecido, convirtiéndose así en un mensaje profético. Aquí tenemos un significado especial: todas las expectativas son superadas por la esperanza de que el reino será del Señor, porque Él es el gobernante de la historia de las naciones y el universo (cf. Sofonías 3:15; Zacarías 14:9). Para Abdías sólo con la destrucción de Edom, símbolo de las fuerzas humanas que se levantan contra Dios, podría la restauración, la liberación ser completada y ser inaugurado el reino escatológico de Dios, toda vez que en un gobierno soberano, Dios está por encima de todos los poderes humanos.

Esta es la esperanza segura de la verdad cristiana. Usted sabe que el reino es de Dios.

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